Esta semana comenzó a regir una nueva etapa del programa Ahora 12, un plan de financiamiento que permite comprar diferentes productos en 3, 6, 12, 18 y 24 cuotas con tarjeta de crédito. La variedad de rubros es amplia y abarca desde línea blanca hasta indumentaria o turismo.
La principal característica que hace atractivo a este plan para los consumidores es la baja tasa de interés que se cobra (se estableció como tope una TNA del 25% anual, comparado con valores cercanos al 50% en bancos privados).
A raíz de la extensión del programa, el Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA) elaboró un informe en dónde plantea si «conviene continuar con el Ahora 12». Allí analizó los cambios que tendrá el mismo, el objetivo, los efecto colaterales, entre otras aristas.
¿Qué cambios habrá?
A partir del 1 de febrero el plan se renovará con algunos cambios:
- Se eliminarán las 30 cuotas (por su bajo uso).
- Se subirán las tasas, hasta el 31% (en línea con el rebrote de la inflación y la suba de tasas por parte del BCRA).
- Los celulares volverían a quedar afuera.
¿Cuál es el objetivo de fondo del plan?
Lo que se busca es impulsar el consumo. Con una inflación del 50,9% como en 2021, claramente el consumidor obtiene un subsidio al financiarse con uno de estos planes. Así, por efecto de la inflación, en un año el subsidio puede llegar al 19% del valor del producto financiado.
¿Quién paga el subsidio?
El Estado no participa en el financiamiento directo del programa. Pero actúa a través de la Secretaría de Comercio como negociador entre diversos actores: comercios, tarjetas de crédito y bancos.
¿Se logró el objetivo?
Aunque logró sostener el consumo, desde su implementación en 2014 y especialmente durante la pandemia, no es la manera más eficiente de hacerlo. Hay alternativas capaces de lograrlo con menores costos.
Según datos de dic-21, los rubros con mayor participación en las ventas fueron indumentaria (29%) y electrodomésticos (26%). Puntualmente estos dos sectores se encuentran hoy en día artificialmente caros debido a intervenciones del gobierno como licencias no automáticas y aranceles a las importaciones. Se busca compensar una restricción con otra restricción, cuando lo sano en este caso sería eliminar la primera. Sin dudas el consumo global sería mayor si tecnología y vestimenta tuviesen otra estructura y nivel de precios.
Efectos colaterales
Tampoco son despreciables los efectos colaterales del plan Ahora 12 en sí mismo. Se sintetizan en:
- Menor desarrollo del crédito: la tasa real que recibe el banco termina siendo negativa. Sin la coerción del gobierno, ningún banco desearía colocar sus fondos en esos rendimientos. La represión financiera no lleva a otra cosa que a que cada vez el volumen de crédito sea menor. Esto explica, a su vez por qué los plazos fijos y otras colocaciones bancarias no pagan lo que deberían.
- Regresividad: debido a que el plan no discrimina según ingresos de los hogares (es decir, lo puede tomar tanto un hogar pobre como uno de ingresos altos), pueden darse situaciones en las que un hogar clase alta financie el consumo de bienes de lujo en 30 cuotas subsidiadas. Y no es la excepción, sino que es lo habitual: los hogares más pudientes están más bancarizados y a su vez tienen límites más altos en sus tarjetas.
Finalmente, Idesa realiza algunas reflexiones al respecto y plantea que «el objetivo declarado del plan no tiene lógica. Con una inflación esperada del 53,9% para 2022, querer promover el consumo puede llegar a resultar contraproducente».
Por otra parte, asegura que «los efectos colaterales deberían ser ponderados. Los pobres, además de seguir con necesidades básicas de consumo postergadas, sufrirán las consecuencias de la aceleración de la inflación y la exclusión del mercado de crédito».
Idesa asegura que «para salir del estancamiento hay que atacar la inflación reordenando el sector público. Sobre la base de un contexto de estabilidad se podrán construir reglas de juego que induzcan a empresas y trabajadores a asignar esfuerzos e innovación para elevar la productividad».





