El comercio internacional atraviesa un periodo de alta volatilidad y reconfiguración del poder global, marcado por crisis económicas, pandemias, conflictos y tensiones geopolíticas. Según Marisa Bircher, ex secretaria de Comercio Exterior en los últimos 20-25 años el comercio mundial se comporta como un “electrocardiograma”, con expansiones y contracciones constantes que modifican las cadenas globales de valor y las relaciones internacionales.
El regreso de Trump y la redefinición de EE.UU. en el mundo
Bircher advierte que la segunda etapa de la presidencia de Donald Trump consolidó una estrategia más agresiva de liderazgo. En este marco, Estados Unidos ha incrementado aranceles para múltiples países, incluyendo un recargo del 10% a las exportaciones argentinas. Las negociaciones bilaterales, asegura Bircher, “son duras y mucho más duras con todos los países, y Argentina no es la excepción”.
El impacto de estas políticas se combina con el debilitamiento del multilateralismo y la Organización Mundial de Comercio (OMC), un espacio que solía proteger a los países en desarrollo frente a disputas comerciales. En la práctica, la diplomacia internacional se vuelve cada vez más bilateral y con reglas claras definidas país por país, sin el paraguas de tratados globales.

Asia como nuevo polo de poder. La especialista destaca además el auge de Asia como bloque económico y político estratégico: “Muchos países se unen y empiezan a entablar una única agenda, y esa agenda es Asia”. Esto representa un desafío para Argentina, que debe mantener un diálogo estratégico con estos mercados clave, particularmente para el sector agropecuario.
Desafíos argentinos: competitividad y diversificación
Entre los desafíos internos, Bircher subraya la falta de competitividad estructural: “Mejorar la infraestructura, la competitividad y la baja de impuestos son barreras que los argentinos enfrentamos desde hace mucho tiempo”.
Otro desafío crítico es la concentración de mercados: tres provincias concentran el 70% de las exportaciones, y un pequeño grupo de países absorbe la mayor parte de los envíos. Esta situación limita la capacidad de diversificación y obliga a diseñar una diplomacia comercial activa y despolitizada, enfocada en oportunidades a largo plazo y con reglas claras.
Las negociaciones bilaterales, como las actuales con Estados Unidos, son complejas y requieren estrictas confidencialidades, reflejando la dificultad de operar en un entorno con acuerdos cortos pero exigentes. A pesar de los obstáculos, Argentina cuenta con fortalezas significativas. Según Bircher, el país puede superar el crecimiento promedio mundial gracias a su potencial económico y a su posición como proveedor global de alimentos, energía, petróleo y minerales. Además, el sector de servicios basado en el conocimiento se consolida como un motor de exportación en expansión.

La diversificación de mercados ya ha logrado abrir más de 200 destinos y provincias como Córdoba destacan por su oferta exportable. La ratificación de acuerdos estratégicos, como el de la Unión Europea, también promete nuevas oportunidades comerciales.
Recomendaciones estratégicas
Para capitalizar las oportunidades, Bircher enfatiza mantener una inserción internacional inteligente, adaptándose a un mundo bilateral; diversificar socios y mercados, con especial atención a Asia y Latinoamérica; fortalecer la competitividad interna mediante infraestructura eficiente, menor carga impositiva y mayor productividad; promover una diplomacia comercial activa y despolitizada; y aprovechar las fortalezas del país como proveedor de alimentos, recursos energéticos y servicios basados en el conocimiento.
“Las condiciones están dadas para el crecimiento, y aunque el contexto global genera un poquito de abismo, las oportunidades hay que aprovecharlas”, concluye Bircher, subrayando la urgencia de una estrategia que permita a Argentina consolidar su presencia en el comercio internacional.





