El sistema de franquicias atravesó en 2025 un año de ajuste, con crecimiento moderado y foco puertas adentro, pero comenzó 2026 con señales claras de reactivación. Referentes del sector coinciden en que la cautela inversora que marcó buena parte del año pasado empieza a dar paso a una etapa de mayor confianza, donde los modelos probados vuelven a ganar terreno como refugio frente a la incertidumbre.
Sebastián Olmos, CEO de 384 Group, señala que el sector creció entre 5% y 6% en 2025, por debajo de otros períodos. La desaceleración, explica, estuvo vinculada a la inestabilidad política y económica, tanto local como global. “Hubo un freno a la búsqueda de nuevas franquicias, especialmente en el tercer trimestre, porque muchos inversores prefirieron esperar definiciones”, describe.
Aun así, el mercado mostró capacidad de adaptación. Durante el último tramo del año comenzó una reactivación que, según Olmos, se fortaleció en enero de 2026 con un aumento marcado de consultas. “La economía es confianza: cuando se despeja la incertidumbre, la decisión de invertir aparece casi de inmediato”, resume.

Un 2025 de puertas adentro
Con menos aperturas, muchas marcas aprovecharon el año pasado para ordenarse. Olmos habla de una etapa de “optimización”, donde las cadenas trabajaron sobre costos, procesos y tecnología para sostener la rentabilidad en un contexto de consumo más débil.
La estandarización operativa, el análisis de tiempos y desperdicios —por ejemplo, en cocinas gastronómicas— y la incorporación de sistemas de gestión se volvieron centrales. “Hoy la ciencia de datos ya no es un lujo, es una necesidad para gestionar bien una franquicia”, afirma. Los tableros de control que permiten seguir ventas, márgenes y costos casi en tiempo real se consolidan como herramientas clave para la toma de decisiones.
También se ajustaron las expectativas de retorno. El plazo promedio de recupero de la inversión se ubica ahora entre 18 y 20 meses. “Antes había casos de 12 meses, pero hoy la rentabilidad es más exigente y requiere gestión profesional”, advierte.
2026: más previsibilidad, crecimiento gradual
Santiago Salcedo, director de Centrofranchising, coincide en el diagnóstico de un año pasado de consolidación y un 2026 con mejores perspectivas. “El 2025 fue un año de retracción del consumo, bajas rentabilidades y mucha incertidumbre, pero el 2026 tiene potencial para ser un año de reactivación y crecimiento de franquicias en todo el país”, sostiene.

El factor clave, señala, es la previsibilidad. Sin elecciones nacionales en el corto plazo y con un escenario económico que empieza a ordenarse, las decisiones de inversión se vuelven más viables. A esto suma un clima que percibe como más favorable a la actividad privada, con debates sobre cambios laborales que podrían reducir riesgos para quienes contratan personal.
De todos modos, ambos referentes descartan una explosión. “No vemos euforia, sino una recuperación gradual”, aclara Salcedo. En ese contexto, las franquicias ganan atractivo porque permiten emprender con procesos, números y marcas ya probados, reduciendo el margen de error.
Gastronomía y servicios, los motores
La gastronomía sigue al frente. Para Olmos, las hamburguesas mantienen su vigencia, pero emerge con fuerza la cocina japonesa. “Sushi y ramen están en plena tendencia, impulsados también por la cultura pop; en algunas ciudades los locales ya trabajan con reservas completas”, señala. Incluso aparecen formatos híbridos y propuestas innovadoras que buscan diferenciarse en un mercado competitivo.
El otro gran bloque es el de servicios, especialmente los vinculados a salud, bienestar y estética. Franquicias de manicura, depilación o masoterapia muestran crecimiento sostenido, apalancadas en tickets más accesibles y alta rotación de clientes.

A la par, ganan espacio modelos de baja inversión y operación simple. Olmos describe el auge de las “franquicias portfolio”, que pueden gestionarse sin local físico, muchas veces desde el home office. Son propuestas de servicios o comercialización que permiten diversificar ingresos con estructuras livianas.
Salcedo agrega que la oferta se volvió más profesional y diversa, con opciones que van desde formatos pequeños —desde unos US$ 15.000— hasta modelos más estructurados que superan los US$ 120.000, según rubro y escala.
Córdoba, plaza clave del interior
Ambos coinciden en el peso creciente de Córdoba en los planes de expansión. La provincia concentra más de 200 marcas y alrededor de 2.000 puntos de venta, y se consolida como la plaza más relevante del interior del país para el desarrollo de franquicias.
Salcedo destaca varios factores: disponibilidad de locales comerciales tras la reconfiguración del mercado, un perfil inversor variado —emprendedores, familias y grupos operadores— y una cultura de consumo que permite adaptar propuestas a nichos específicos.
Ese atractivo se refleja en marcas nacionales que buscan desembarcar o expandirse en la provincia, tanto en gastronomía como en retail y servicios, junto con cadenas cordobesas que comienzan a franquiciar y mirar otros mercados.
Más oportunidades, más exigencia
El nuevo escenario combina más movimiento con mayor profesionalización. La recomendación que baja desde ambos lados es similar: analizar en profundidad cada propuesta. “La franquicia ya no es una moda, es una herramienta concreta de inversión, pero elegir bien la marca y el modelo es determinante”, subraya Salcedo.
Olmos advierte además sobre el riesgo de conceptos que se lanzan sin estructura sólida. Contratos débiles, falta de planificación logística o ausencia de registros pueden transformarse en problemas serios para el franquiciado.
Con un arranque de año más dinámico y expectativas de crecimiento desde el segundo trimestre, el sistema de franquicias se encamina a una etapa de expansión prudente. Menos promesas rápidas y más foco en gestión, datos y procesos parecen ser las claves de un negocio que, aun en contextos desafiantes, busca consolidarse como una vía de inversión con respaldo y método.

