En un mercado global donde la movilidad eléctrica avanza a paso firme, dos empresas cordobesas decidieron ir más allá: no solo fabricar vehículos, sino invitar a los usuarios a rediseñarlos. Así nació Mostro, un proyecto que fusiona micromovilidad eléctrica y personalización mediante impresión 3D, fruto de la colaboración entre Mostro Desing —especializado en electromovilidad— y TP3D, líderes en impresión 3D.
“Encontramos el punto justo entre un producto que es tendencia, como la movilidad eléctrica, y la posibilidad de personalizar piezas únicas con impresión 3D, a muy baja escala y costo”, explica Lucas Lagomarsino, de TP3D.
El primer desarrollo conjunto es la Mostro E-Bike, una bicicleta eléctrica concebida como una plataforma abierta que cada usuario puede intervenir. No se imprimen bicicletas completas, sino piezas y accesorios personalizados que dan identidad propia al vehículo.
“Queremos que el producto tenga tu impronta. Que no sea solo una bici, sino algo tuyo”, resume Fabián Magri, de Mostro.

La idea es que, junto a la compra de la bicicleta, el usuario pueda acceder a una impresora 3D para fabricar repuestos y componentes exclusivos, fomentando una comunidad de “makers” que compartan y vendan sus diseños.
Los precios de las bicicletas eléctricas estarán en línea con los valores del mercado e irán desde los US$ 1.000 a US$ 1.200 en las bicicletas para niños o US$ 5.000 a US$ 5.500 las unidades para adultos.
Del garaje a la pista: el HyperTrike
El segundo exponente de esta filosofía es el HyperTrike, un triciclo eléctrico que acelera de 0 a 100 km/h en apenas 2 segundos, tiene un monocasco de carbono, pesa solo 650 kg y desarrolla 600 HP de potencia con tracción en sus tres ruedas.

Diseñado por Mostro Design y desarrollado junto a FDC, el HyperTrike integra tecnologías emergentes y piezas fabricadas con impresión 3D, incluso con máquinas hogareñas, posicionándose como el primer superdeportivo eléctrico de producción nacional en Sudamérica.
Impresión 3D: una industria en auge
Con más de una década de experiencia, TP3D produce 25 toneladas mensuales de filamento bajo la marca Hellbot, abasteciendo el mercado local y proyectando exportaciones. En Argentina ingresan unas 40.000 impresoras 3D al año, y se estima que en 2025 esa cifra podría llegar a 50.000.

“La tendencia es hacia pocas unidades muy personalizadas. Hay granjas de impresión que producen desde llaveros hasta carrocerías para prototipado rápido”, explica Lagomarsino.
El objetivo de Mostro y TP3D es escalar la propuesta a motos, autos y otros formatos de micromovilidad, siempre con el foco en la personalización y la fabricación local. El equipo apunta a lanzar dos modelos de producción en 2026. “En la región, la electromovilidad es posible desde la exclusividad y el valor agregado. La impresión 3D nos permite crear piezas rápidas, únicas y con validación industrial”, concluye Fabián Magri.





