La red de clínicas y sanatorios privados de Córdoba atraviesa uno de sus momentos más delicados. Así lo describe Ignacio Escuti, presidente de la Asociación de Clínicas y Sanatorios Privados de Córdoba (Aclisa), quien advierte que la sostenibilidad del sistema está comprometida por las condiciones de financiamiento del PAMI, principal prestador de servicios de salud para jubilados en el país.
“El problema no es solo cuánto se paga, sino cómo y cuándo se paga”, resume Escuti, al describir un esquema que, según sostiene, tensiona al límite la operatividad de las instituciones.
Pagos fragmentados y falta de liquidez
Uno de los principales factores de estrés financiero es el desdoblamiento en los pagos de las prestaciones. Actualmente, las clínicas no reciben el total de la facturación en una sola instancia, sino que el cobro se divide en dos tramos: una parte alrededor del día 20 de cada mes y el resto unos 20 días después.
Este mecanismo, explica Escuti, genera dificultades para afrontar gastos inmediatos en un sector donde los costos son elevados y constantes. “Las clínicas directamente entran en una situación muy compleja si no se les paga en tiempo y forma lo que han trabajado”, afirmó en su paso por el programa Punto y Aparte por la 90.7.
Tres años de atraso frente a costos en alza
A este esquema se suma un problema estructural aún más profundo: el congelamiento de los aranceles. Según el titular de Aclisa, los valores que paga el PAMI por las prestaciones no se actualizan desde hace tres años, mientras que los costos operativos —salarios, honorarios médicos e insumos— han registrado incrementos sostenidos.
El resultado es un desfasaje crítico entre ingresos y egresos. “Si no se cobra el presupuesto de PAMI, la clínica directamente cierra en un mes”, advierte Escuti, graficando la fragilidad del sistema.

El impacto del modelo capitado
Otro punto de conflicto es la implementación de un sistema de pago “capitado”, que establece un monto fijo por paciente y limita la cantidad de prestaciones.
Desde el sector privado sostienen que este modelo no solo restringe el acceso a la atención, sino que también puede agravar el estado de salud de los afiliados. La falta de consultas oportunas, advierten, deriva en cuadros más complejos que terminan siendo más costosos de tratar.
“La limitación de prestaciones termina perjudicando al paciente y encareciendo el sistema”, señalan desde Aclisa, en referencia a un fenómeno que ya se observó durante la pandemia.
Dependencia estructural y riesgo de cierre
La relación entre las clínicas privadas y el PAMI es altamente dependiente: más del 70% de los pacientes atendidos en estas instituciones son afiliados de esa obra social. Esta concentración deja a los prestadores en una posición de vulnerabilidad extrema.
El cierre reciente del Sanatorio Sudoeste en Marcos Juárez —que dejó sin cobertura a unos 5.000 afiliados— funciona como una señal de alerta sobre lo que podría suceder si no se corrige el rumbo.
“La mayoría de las clínicas no puede prescindir del PAMI porque es la mayor cantidad de gente y la que más requiere de salud”, explica Escuti.
Débitos y presión adicional sobre el sistema
La situación se agrava con el mecanismo de “débitos”. Cuando un afiliado de una clínica privada es atendido en el sistema público, el PAMI descuenta ese costo de la facturación de la clínica.
Según denuncian desde el sector, esos descuentos se realizan por montos superiores a los que el propio PAMI paga por la misma prestación en el ámbito privado. “El PAMI debita cualquier atención que sea un afiliado de una clínica fuera de su sistema en una proporción mucho más grande que lo que le pagan a la clínica”, cuestiona Escuti.

Negociaciones desiguales
Las clínicas canalizan sus reclamos a través de Aclisa, que forma parte de la Confederación Argentina de Clínicas. Sin embargo, advierten que existe una marcada asimetría en la negociación: el PAMI, como principal financiador, fija unilateralmente las condiciones.
Desde el sector sostienen que el Gobierno tiene margen para revertir la situación si actualiza los valores de las prestaciones y garantiza que los fondos del sistema se destinen efectivamente a la atención de los afiliados.
Un sistema en tensión
El diagnóstico es contundente: sin una recomposición de ingresos y una revisión del modelo de financiamiento, el sistema de salud privado —clave para la atención de millones de jubilados— podría enfrentar un escenario de colapso progresivo.
En ese contexto, la advertencia de las clínicas cordobesas trasciende lo sectorial y se proyecta sobre todo el sistema sanitario: la crisis ya no es potencial, sino presente.








