El director de la consultora Delfos, Luis Dall’Aglio, trazó un diagnóstico crítico sobre el clima político y social que atraviesa la Argentina. Durante su exposición en el Net Sectorial de Punto a Punto en Vida Coworking, con el acompañamiento de Sawa Alimentos Saludables y MC Soluciones en Aislamiento Térmico. El analista sostuvo que el Gobierno enfrenta una etapa de agotamiento de la paciencia social y advirtió sobre un deterioro de la legitimidad política construido inicialmente sobre la expectativa de cambio.
Según el último estudio de la consultora, la sociedad comenzó a romper el “contrato de espera” que había otorgado al presidente Javier Milei tras las elecciones de 2023. “El sacrificio económico que la gente aceptó inicialmente como una inversión a futuro hoy empieza a percibirse como un desgaste sin salida clara”, sintetizó Dall’Aglio.
El análisis describe una fuerte disociación entre los indicadores macroeconómicos y la vida cotidiana de los argentinos. Aunque la desaceleración de la inflación continúa siendo reconocida como un logro del Gobierno, la mejora no logra trasladarse al consumo ni al poder adquisitivo.
“La macro puede ordenarse, pero la economía doméstica sigue profundamente deteriorada”, explicó el consultor. En ese sentido, el informe revela que el 52% de los argentinos asegura no llegar a fin de mes, mientras que otro 31% afirma hacerlo “con lo justo”. Además, un 43% manifestó estar buscando un segundo empleo o una nueva fuente de ingresos para compensar la pérdida de capacidad de compra.
Dall’Aglio definió este fenómeno como la crisis de la “economía del metro cuadrado”, una percepción que atraviesa especialmente a la clase media. “El problema ya no es solamente cuánto baja la inflación, sino si la gente siente que puede vivir mejor”, sostuvo.

La caída del “aguante”
Uno de los datos más relevantes del estudio es el desplome de la disposición social a seguir esperando resultados. El indicador denominado “el aguante”, asociado a la esperanza de mejora futura, cayó de niveles superiores al 60% a apenas un 31%.
En paralelo, la desaprobación de la gestión alcanzó el 67%, mientras que la imagen negativa superó el 64% por segundo mes consecutivo. A eso se suma un dato que el consultor definió como “el combustible que se le empieza a terminar al Gobierno”: el 68% de los encuestados expresó decepción o ausencia de expectativas positivas hacia adelante.
“El Gobierno todavía conserva una narrativa fuerte, pero esa narrativa empieza a chocar con la experiencia cotidiana de la gente”, explicó Dall’Aglio.
Otro dato significativo es que, si bien el 72% de los consultados acepta técnicamente las cifras oficiales del INDEC, el 66% considera que la inflación no está bajando a un ritmo que impacte positivamente en el consumo familiar. “La inflación dejó de ser solamente un dato estadístico y se convirtió en una categoría política”, remarcó.
De la insensibilidad a la percepción de crueldad
El trabajo también analiza el deterioro de los pilares de legitimidad sobre los que se construyó el liderazgo de Milei.
El primero continúa siendo la estabilización macroeconómica, todavía valorada socialmente, aunque bajo creciente tensión. Pero el segundo eje —vinculado a la empatía y la conducta del Gobierno— muestra un desgaste más acelerado.
“El problema es que parte de la sociedad ya no percibe solo insensibilidad, sino directamente crueldad”, señaló Dall’Aglio, en referencia a conflictos vinculados con jubilados, discapacidad, PAMI y la respuesta oficial frente a situaciones críticas como las inundaciones en Bahía Blanca.
Sin embargo, el golpe más delicado aparece en el tercer pilar: la promesa ética y el combate contra “la casta”. Según el consultor, episodios recientes protagonizados por funcionarios libertarios comenzaron a erosionar la idea de excepcionalidad moral que había impulsado al oficialismo.

El “caso Adorni” y la moralización del rechazo
Dentro de ese proceso, Dall’Aglio identificó al llamado “caso Adorni” como un punto de inflexión político y simbólico para el oficialismo.
El vocero presidencial, Manuel Adorni, se convirtió —según el análisis— en un catalizador del malestar social y en una “válvula de escape” para sectores que inicialmente apoyaban al Gobierno, pero comenzaron a justificar su alejamiento.
“No se trata solo de enojo económico. El rechazo empieza a moralizarse”, afirmó el director de Delfos. Y agregó: “Cuando una parte de la sociedad siente que el Gobierno empieza a parecerse a aquello que prometió combatir, se rompe el contrato simbólico de legitimidad”.
Para el consultor, el riesgo es que el oficialismo quede encerrado en un núcleo duro cercano al 30% del electorado, compuesto por votantes identitarios libertarios altamente movilizados, pero insuficientes para sostener mayorías amplias.

Los sectores que pueden definir el futuro político
El estudio segmenta al electorado oficialista en cuatro grandes grupos. Por un lado, identifica un “núcleo identitario libertario” sólido y resiliente, comparable en términos de militancia al rol que alguna vez ocupó La Cámpora dentro del kirchnerismo.
En segundo lugar, aparecen los votantes “antirretorno kirchnerista”, que apoyan al Gobierno más por rechazo al pasado que por afinidad ideológica. Luego se ubican los sectores pragmáticos y desencantados, definidos como el segmento más volátil y decisivo electoralmente, ya que evalúan exclusivamente resultados concretos.
Finalmente, el análisis identifica a los “críticos morales”, ciudadanos sensibles a las cuestiones éticas y de coherencia política, especialmente afectados por la percepción de contradicciones dentro del oficialismo.
“El gran desafío del Gobierno es evitar hablarle solamente a su minoría intensa y recuperar a los sectores moderados que definieron la elección”, advirtió Dall’Aglio.
Un desgaste que ya no admite espera indefinida
En las conclusiones, el informe sostiene que el principal problema del oficialismo ya no es exclusivamente económico, sino emocional y político. La expectativa de mejora futura —que funcionó como sostén social del ajuste— comenzó a agotarse.
El documento incluso menciona relatos surgidos en estudios cualitativos donde adultos mayores reducen sus comidas diarias para ayudar económicamente a sus hijos o nietos, como símbolo del deterioro social que atraviesa a amplios sectores.
Para revertir la tendencia, el director de Delfos consideró indispensable reconstruir la legitimidad política y ética, recuperar empatía y generar señales concretas de mejora en la vida cotidiana antes de que el rechazo social se consolide de manera irreversible.
“Cuando la esperanza se agota, la política entra en otra fase. Y ahí ya no alcanza solo con explicar la macroeconomía”, concluyó.







