La economía global atraviesa uno de los momentos de mayor incertidumbre de los últimos años y, aunque Argentina muestra señales de ordenamiento macroeconómico, el contexto internacional limita cualquier posibilidad de despegue acelerado. Esa es la principal conclusión del último análisis del economista Salvador Di Stefano, quien advierte que el escenario mundial obliga a actuar con cautela, priorizando liquidez, reducción de deuda y activos sólidos.
Según el especialista, existen tres factores centrales que hoy condicionan el comportamiento de los mercados internacionales y que mantienen en vilo a inversores y gobiernos.
El primero es el conflicto en el estrecho de Ormuz, uno de los pasos marítimos más estratégicos para el comercio global de petróleo. Mientras persistan las dificultades para normalizar el tránsito en la zona, el crudo continuará en niveles elevados, impulsando la inflación internacional y profundizando el estancamiento económico.
“El petróleo seguirá en niveles elevados, la suba de precios irá materializando una mayor inflación, y esto traerá consigo un mayor estancamiento económico”, sostiene Di Stefano. En ese contexto, considera difícil imaginar una recuperación sostenida de los mercados financieros internacionales.

El segundo foco de preocupación es la relación entre China y Estados Unidos. Si bien la reciente cumbre entre ambos presidentes permitió establecer ciertas reglas de “comercio administrado”, el economista remarca que los conflictos estructurales entre las dos potencias siguen intactos, con Taiwán como uno de los principales interrogantes geopolíticos hacia adelante.
El tercer elemento de incertidumbre pasa por la política monetaria estadounidense y el debut del nuevo presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh. Según el análisis, el mercado reaccionó con fuertes ventas de bonos del Tesoro norteamericano, elevando las tasas de retorno. Actualmente, los bonos a 2 años rinden 4,08% anual, los de 10 años 4,60% y los de 30 años 5,13%.
Para Di Stefano, la próxima reunión del Comité Abierto de la Reserva Federal, prevista para el 16 y 17 de junio, será determinante para evaluar si Warsh logra alinear al organismo detrás de una estrategia monetaria clara y consistente.
Argentina, con mejores fundamentos pero atada al contexto global
En medio de ese panorama internacional complejo, el economista considera que Argentina “va por la buena senda”, aunque reconoce que el país no puede aislarse de las turbulencias externas.
Uno de los aspectos que destaca es que las tasas de interés en pesos continúan siendo negativas frente a la inflación proyectada a 12 meses, estimada en torno al 26% anual. Esto, asegura, vuelve más atractivos ciertos instrumentos financieros en dólares, especialmente bonos soberanos como los AO27, AO28 y AN29.
En paralelo, resalta la mejora en la percepción internacional sobre la economía argentina. Fitch Ratings ya elevó la calificación crediticia del país a “B menos”, mientras que Moody’s y Standard & Poor’s podrían seguir el mismo camino en las próximas semanas.
De concretarse nuevas mejoras de rating, Di Stefano estima que podrían ingresar fondos internacionales hacia activos argentinos, generando una caída significativa del riesgo país y mejorando las condiciones financieras locales.
Un fenómeno inédito: dólares en los bancos y superávit fiscal
El análisis también pone el foco en dos datos que considera claves para las calificadoras internacionales.
Por un lado, destaca que durante las elecciones legislativas de 2025 los agentes económicos compraron dólares, pero no los retiraron del sistema financiero. Actualmente, los depósitos en dólares alcanzan los US$41.800 millones, mientras que los préstamos al sector privado suman US$22.300 millones. Esto deja una liquidez ociosa cercana a los US$19.500 millones dentro de las entidades financieras.
“Nunca vivimos un escenario parecido”, remarca el economista.
El segundo aspecto diferencial es que el Gobierno logró mantener el superávit fiscal aun en un año electoral y en medio de alta volatilidad financiera, algo que Di Stefano considera un punto central para consolidar la credibilidad macroeconómica.
Exportaciones récord y reservas en recuperación
De cara a lo que viene, el economista proyecta que Argentina alcanzará en 2026 exportaciones récord por US$100.000 millones. Además, estima que el Banco Central podría terminar el año comprando cerca de US$20.000 millones.
En ese marco, las reservas internacionales ya superarían los US$46.000 millones, permitiendo cubrir sin mayores dificultades los vencimientos previstos para este año.

Respecto de 2027, Di Stefano calcula compromisos de amortización de deuda en dólares por alrededor de US$13.000 millones. Sin embargo, considera que existe margen suficiente para refinanciar repos, compromisos con el FMI y otros organismos internacionales, evitando tensiones financieras relevantes.
Además, subraya que el pago de intereses de deuda hoy se sostiene con ingresos fiscales genuinos, debido a que el país no presenta déficit presupuestario.
“Desensillar hasta que aclare”
Pese a las señales positivas de la economía argentina, Di Stefano evita hablar de un escenario de euforia. Considera que mientras el contexto internacional siga dominado por conflictos geopolíticos, petróleo caro y tasas elevadas en Estados Unidos, será difícil consolidar una fuerte recuperación económica local.
“La mayoría de los presidentes del mundo han tenido una pérdida de imagen con la crisis internacional”, advierte.
Por eso, concluye que la estrategia más razonable para empresas e inversores es actuar con prudencia: mantener liquidez, cancelar deuda y esperar una mayor previsibilidad internacional.
“Argentina está haciendo los deberes, no se puede tapar el sol con las manos y soslayar los problemas importados del mundo exterior. Hay que desensillar hasta que aclare el escenario internacional”, resume el economista.







