El deterioro del poder adquisitivo en Argentina ya no solo se mide en la pérdida de ingresos frente a la inflación, sino también en la forma en que las familias financian su vida cotidiana. Según el último relevamiento del Instituto de Estadística y Tendencias Sociales y Económicas del Centro de Almaceneros de Córdoba, el 91,7% de los hogares mantiene algún tipo de deuda en mora o refinanciada, un indicador que expone la profundidad de la crisis.
En diálogo con Punto a Punto Radio (90.7 FM), Germán Romero -presidente de la entidad- sostuvo que el fenómeno dejó de ser coyuntural para transformarse en estructural. “Hoy la deuda ya no está vinculada al consumo de bienes durables, sino a la supervivencia. Las familias se endeudan para comer”, resumió.
El dato más alarmante del estudio —concluido el 16 de marzo de 2026 sobre una muestra de 4.200 casos en todo el país— es la aceleración del endeudamiento múltiple. El 23,5% de los hogares acumula más de tres deudas simultáneas, cuando en 2024 ese segmento representaba apenas el 8%. “Se triplicó en dos años. Eso marca un nivel de inviabilidad económica muy fuerte”, explicó Romero.
En términos de intensidad, el informe muestra que seis de cada diez hogares tienen entre dos y tres deudas, mientras que apenas el 14,7% registra una sola obligación. Para el dirigente, este escenario configura una “acumulación crónica de pasivos” que se vuelve cada vez más difícil de revertir.
Tarjetas para comer
El estudio también revela un cambio significativo en el destino del crédito. Las tarjetas concentran el 34,5% del endeudamiento total y, dentro de ese universo, el 61% se utiliza exclusivamente para la compra de alimentos. “Antes la tarjeta estaba asociada a electrodomésticos o consumo planificado; hoy se usa para ir al supermercado”, detalló Romero.
Detrás aparecen los gastos en combustible (15%), indumentaria (9%) y electrodomésticos (7%), todos rubros que evidencian una retracción frente a las necesidades básicas.
En paralelo, crece el peso del “fiado” en comercios de cercanía (11,5%), una práctica histórica que vuelve a cobrar protagonismo en contextos de crisis. Sin embargo, el titular del Centro de Almaceneros advirtió que incluso esa red de contención comienza a tensionarse. “El comerciante también está financiando con su propio capital y eso tiene un límite”, señaló.
Más mora, más juicios
Otro de los puntos críticos es el avance de la judicialización. Actualmente, el 34,5% de las deudas se encuentra en instancia judicial, un salto significativo respecto del 22% registrado en 2024. A su vez, el 47% está bajo gestión administrativa (reclamos formales), lo que anticipa una posible escalada hacia tribunales.
“Lo que vemos es un sistema que empieza a expulsar a los deudores. Cuando no pueden pagar, pasan a instancias donde los intereses y honorarios agravan aún más la situación”, explicó Romero.
El impacto ya se refleja en medidas concretas: el 16,8% de los hogares sufrió embargos sobre sueldos, bienes o cuentas bancarias, una cifra que da cuenta del nivel de conflictividad financiera.
Un tejido social en tensión
El informe también advierte sobre un cambio en las estrategias de financiamiento. Las redes informales —familiares y amigos— pierden peso porque el problema se generaliza. “Antes se recurría al entorno cercano; hoy todos están en la misma situación. Eso empuja a las familias hacia financieras o prestamistas, muchas veces en condiciones riesgosas”, indicó Romero.
En este contexto, crece la percepción de imposibilidad de pago: el 37% de los encuestados afirma que no podrá saldar sus deudas, mientras que un 19% directamente no sabe cómo resolver su situación.
Para el referente del sector, el escenario plantea un desafío de fondo: “Estamos frente a una crisis que no es solo económica, sino social. Cuando el endeudamiento se vuelve estructural, empieza a romper vínculos, expectativas y proyectos de vida”.
El diagnóstico es contundente: la deuda dejó de ser una herramienta para mejorar la calidad de vida y pasó a ser un recurso de emergencia. Y, en muchos casos, una trampa de la que cada vez es más difícil salir.








