La demanda por construcciones alternativas vinculadas al turismo comenzó a transformarse en un nicho de negocio con mayor presencia en el mercado. En ese escenario, Domos Córdoba -que trabajan de manera asociada con el estudio Van Gross, dirigido por el arquitecto Armando Gross, especialista en bioarquitectura- lleva más de once años de actividad. No obstante, fue en los últimos cuatro o cinco cuando la consulta por este tipo de proyectos empezó a crecer de manera sostenida, impulsada por inversores que buscan diferenciar su oferta de alojamiento.
Juan José Sánchez, socio fundador de la firma junto a Juan Ignacio Olveira, señaló que “hoy el turista o el viajero está buscando experiencias que vayan más allá de lo ya conocido”. Según explicó, esa búsqueda hizo que estas construcciones comenzaran a destacarse.

A diferencia de los modelos de acero y lona más asociados al glamping, la empresa trabaja exclusivamente con construcción en seco en madera y cuenta con tres esquemas para distintos perfiles de clientes:
- Kit de autoarmado: desde US$ 310 por m²
- Obra parcial: desde US$ 490 por m², con plazos de entre 60 y 90 días
- Obra completa llave en mano: desde US$ 975 por m², con una demora estimada de hasta 120 días entre fabricación y montaje.
En todos los casos, el valor no contempla la base estructural, ya que depende de las características del terreno. “El porcentaje de quién elige cada modalidad está bastante parejo pero hay cierta preferencia por los kits para reducir la inversión inicial”, señaló Sánchez.
En este sentido, agregó que los costos son mayores que en la construcción convencional “porque todavía requiere maniobra especializada y está apuntado también a trabajar con materiales sustentables que al no estar industrializados cuestan más”. Igualmente, aclaró que “el retorno es rápido” y comentó también que se suelen adquirir un mínimo de 2 unidades. ”Se puede hacer uno, obviamente, pero ya es más tipo un alquiler de Airbnb o algo así”, sostuvo.
Nuevos formatos
Aunque el turismo sigue siendo hoy el principal motor de la demanda, también surgió el interés por espacios destinados a actividades complementarias. Entre esas iniciativas aparecen encuentros grupales, eventos y fundamentalmente terapias holísticas. “Hay mucha gente interesada en armar un domo central grande que funcione como salón de usos múltiples y sumar además sitios de alojamiento alrededor”, explicó.
En este marco, la empresa ya tiene proyectos en marcha o por concretarse en Miramar de Ansenuza, Capilla del Monte, Villa Ciudad América y zonas cercanas a La Cumbrecita. A nivel nacional, también registran pedidos desde Mendoza, Jujuy, Salta y distintas localidades de la Patagonia.
Pero la expansión no siempre encuentra el mismo marco regulatorio. El fundador advirtió que en algunos municipios todavía persisten dudas sobre cómo encuadrar este tipo de construcciones porque “muchas veces lo asocian a una carpa o algo precario”. Al respecto, remarcó que la habilitación depende de la normativa local para la construcción en madera.

Finalmente, Sánchez indicó que parte del crecimiento también se explica por la flexibilidad del sistema. “Hay muchas posibilidades porque se puede personalizar mucho la experiencia, tanto desde el tamaño como desde los distintos tipos de terminaciones”, concluyó.









