En una economía que empieza a mostrar señales de orden en los indicadores macro, la pregunta clave ya no es solo cuánto bajó la inflación o cómo evolucionan los salarios, sino qué tan tangible es esa mejora en la vida cotidiana. El último informe de Focus Market pone el foco precisamente en esa brecha: la distancia entre los números y la experiencia real de los hogares.
A través del Índice “Argentino de a Pie”, la consultora dirigida por Damián Di Pace construye una radiografía donde conviven ajuste, resiliencia y expectativas, en un escenario que todavía se mueve más por adaptación que por recuperación.
El último relevamiento arrojó un resultado de 61,8 puntos sobre 100, ubicándose en la zona definida como “tensión contenida”. No se trata de una economía en crisis abierta, pero tampoco de un escenario de alivio: el equilibrio es frágil y sostenido, en gran medida, por la capacidad de adaptación de los hogares.
“El índice pone el foco en la experiencia cotidiana de las personas: cómo impactan los precios, el consumo y los ingresos en la vida diaria”, explicó Damián Di Pace, director de la consultora. Según su mirada, este tipo de medición permite traducir los grandes números macroeconómicos en percepciones concretas.

Ingresos: una Argentina partida
El primer dato que surge del informe es una fuerte polarización. Más de un tercio de los hogares logra cubrir sus gastos e incluso ahorrar, mientras que casi uno de cada tres no llega a fin de mes. Entre ambos extremos, el segmento de quienes “llegan justo” es reducido.
La lectura es clara: no hay una única economía, sino múltiples realidades coexistiendo. El ingreso formal, la estabilidad laboral o la estructura familiar determinan experiencias completamente distintas. El promedio, en este caso, oculta más de lo que revela.

El costo de vida sigue corriendo adelante
El segundo pilar del índice confirma una dinámica ya conocida, pero persistente: los precios avanzan más rápido que los salarios. Entre diciembre de 2025 y enero de 2026, la canasta básica creció casi cuatro puntos por encima del ingreso formal, generando una pérdida de poder adquisitivo.
Ese desfasaje no es menor. Incluso dentro del segmento más protegido —los trabajadores registrados— el margen entre ingresos y costo de vida es limitado. Con un salario promedio que apenas supera la línea de pobreza en un 17,8%, cualquier imprevisto puede desestabilizar la economía familiar.
Consumo: cuando el ajuste llega a la mesa
El dato más sensible del informe aparece en el análisis del consumo. El ajuste no es uniforme, sino escalonado. Primero caen los gastos recreativos, luego los bienes durables y, finalmente, lo esencial.
En esta edición, el 14% de los encuestados reconoció haber reducido la cantidad o calidad de los alimentos. Es el indicador más crítico del relevamiento: ya no se trata de postergar gastos, sino de recortar en lo básico.

El puntaje de este pilar —el más bajo del índice— refleja que el margen de ajuste “sin daño” comienza a agotarse para una parte significativa de la población.
Expectativas: optimismo en tensión con la realidad
En contraste con los datos duros, el índice encuentra un nivel de expectativas sorprendentemente alto. Casi el 47% de los encuestados cree que su situación económica mejorará en los próximos tres meses.
La explicación puede ser doble. Por un lado, una reacción psicológica tras un período prolongado de deterioro. Por otro, expectativas concretas a nivel individual —paritarias, nuevos ingresos o finalización de deudas— que no necesariamente se reflejan en los datos agregados.
Sin embargo, esa expectativa convive con una realidad que aún no muestra señales claras de mejora: los salarios siguen corriendo detrás de la inflación y el consumo continúa restringido.

Un país, varias economías
El informe también expone una fractura territorial profunda. Mientras en distritos como la Ciudad de Buenos Aires o Neuquén los ingresos permiten cierto margen, en provincias del norte como Chaco o Formosa los hogares se ubican estructuralmente por debajo del costo de vida.
Esto implica que el promedio nacional —los 61,8 puntos— puede resultar incluso optimista para amplias regiones del país. La “tensión contenida” no se vive de la misma manera en todo el territorio.
Adaptación con límites
El Índice del Argentino de a Pie no reemplaza a los indicadores tradicionales, pero sí agrega una dimensión clave: el clima social de la economía. Y lo que muestra es una sociedad que resiste, ajusta y se reorganiza, pero sin lograr todavía una recomposición sostenida del poder adquisitivo.
“La contención no implica mejora, sino una capacidad de adaptación que tiene límites”, advirtió Di Pace.
En ese equilibrio inestable se mueve hoy buena parte de los hogares argentinos: entre la expectativa de que lo peor haya pasado y la evidencia de que, por ahora, el alivio aún no llega.







