La reciente caída de las tasas de interés en pesos está redefiniendo el comportamiento de los inversores en Argentina y abre un nuevo escenario en el que, al menos hasta ahora, las colocaciones en moneda local lograron superar al dólar en términos de rendimiento. Así lo señala el analista Salvador Di Stefano, quien advierte que el mercado atraviesa un punto de inflexión con implicancias tanto para la dinámica cambiaria como para la evolución de la inflación.
El ajuste a la baja en las tasas impulsó la valorización de instrumentos en pesos que aún ofrecen rendimientos elevados. Un caso emblemático es el bono TY30P, que paga una tasa cercana al 29,5% anual y cuya cotización viene en ascenso. Este comportamiento responde, en parte, al descenso de referencias como la tasa Tamar —indicador de plazos fijos mayoristas— que se ubica en torno al 22,5% anual.
En paralelo, las curvas de instrumentos en pesos reflejan expectativas inflacionarias que se mantienen elevadas. Letras a seis meses rinden en torno al 26,9% anual, mientras que bonos a un año proyectan tasas cercanas al 29,7%. Estos valores contrastan con las estimaciones del REM, que ubican la inflación esperada en torno al 24,2% a doce meses. Para Di Stefano, esta brecha sugiere que el mercado “no ve una inflación en descenso”, aunque considera posible que los precios evolucionen por debajo de esas previsiones.
Ganancias en dólares con activos en pesos
Uno de los datos más relevantes del análisis es que, en el último año, las inversiones en pesos no solo protegieron contra la devaluación, sino que generaron ganancias en dólares. Desde su emisión en junio de 2025, el bono TY30P acumuló un rendimiento del 35,75% en pesos —incluyendo renta y suba de precio—, superando ampliamente la devaluación del tipo de cambio, que fue del 20,7% en el mismo período. Esto implica una ganancia en moneda dura del orden del 12,5%.
Este fenómeno marca un cambio de lógica respecto a años anteriores, donde el dólar solía ser el principal refugio de valor. “Las alternativas en pesos le ganaron al dólar”, sintetiza el analista, en un contexto donde la baja de tasas juega un rol central.
Más liquidez, presión sobre el dólar
Hacia adelante, el escenario podría complejizarse. La combinación de tasas en descenso y un ingreso récord de divisas del sector agroexportador podría generar un exceso de liquidez en el mercado. Según el análisis, las exportaciones podrían superar los 10.000 millones de dólares en mayo, impulsadas por una campaña agrícola que alcanzaría las 170 millones de toneladas.
Lejos de presionar a la baja al tipo de cambio, este contexto podría tener el efecto inverso. Con rendimientos en pesos cada vez más bajos, los inversores podrían volcarse a activos en dólares o a instrumentos más riesgosos, lo que empujaría al alza la cotización. Di Stefano proyecta un dólar en una franja de entre $1.450 y $1.500, niveles que además mejorarían la competitividad del sector exportador.
Deuda en dólares y señales del mercado
El apetito por activos dolarizados también se refleja en las recientes colocaciones de deuda. El Gobierno logró captar US$ 848 millones con bonos soberanos (AO27 y AO28), superando ampliamente los US$ 500 millones previstos, con tasas del 5% y 8,8% anual, respectivamente. A esto se suman emisiones corporativas y provinciales por unos US$ 1.700 millones durante abril.
Estos datos muestran un mercado que, si bien encuentra oportunidades en pesos, comienza a reequilibrar sus carteras ante la expectativa de un dólar más firme y tasas reales en descenso.
Un cambio de paradigma en desarrollo
El análisis concluye que Argentina atraviesa un cambio estructural en su dinámica financiera. La posibilidad de obtener rendimientos positivos en dólares a través de instrumentos en pesos marca un quiebre respecto del pasado reciente. Sin embargo, la sostenibilidad de este esquema dependerá de la evolución de variables clave como la inflación, la tasa de interés y el tipo de cambio.
En ese delicado equilibrio, el mercado parece moverse entre dos fuerzas: la inercia de un carry trade aún atractivo y la creciente tentación de dolarizarse ante un nuevo ciclo de tasas más bajas.







