El último análisis de la Fundación Colsecor enciende una señal de alerta sobre el rumbo de la inflación en Argentina. Según explicó el asesor económico de la entidad, Gerardo Sánchez, el fuerte aumento proyectado en los combustibles durante abril podría convertirse en el principal factor de presión sobre los alimentos en los próximos meses.
“El salto es muy significativo. Estamos hablando de un incremento cercano al 25% en combustibles en un solo mes, cuando inicialmente se esperaba algo de esa magnitud pero distribuido a lo largo del año”, sostuvo Sánchez, en base a los datos relevados por la red de cooperativas que integran Colsecor.
El informe señala que durante marzo los aumentos captados fueron parciales —4% en naftas en localidades del interior, 9% en CABA y 6% en gasoil— debido a que los ajustes se trasladaron de manera escalonada a los surtidores. Sin embargo, esa dinámica terminó concentrando la mayor parte del impacto en abril, generando un “salto” abrupto en los precios.
Este fenómeno, advierte el economista, no se limita al sector energético. Por el contrario, funciona como un disparador de efectos de segunda ronda. “El combustible es un insumo transversal. Impacta en el transporte, en la producción industrial y en el agro. Por eso, el primer rebote importante se va a ver en alimentos”, explicó.
La advertencia no es menor si se tiene en cuenta que el rubro alimenticio ya arrastraba una inercia inflacionaria previa. De acuerdo con el relevamiento de Colsecor, entre noviembre y marzo los precios de los alimentos aumentaron a un ritmo cercano al 4% mensual, impulsados en gran medida por el encarecimiento de la carne. El nuevo shock de costos, entonces, se monta sobre una dinámica que ya venía tensionada.
El impacto también se sentirá con fuerza en la estructura productiva. Sectores como el agro y la industria enfrentan un escenario más complejo por la suba del gasoil y el gas, insumos clave tanto para la cosecha como para el funcionamiento de maquinaria y fábricas. “Esto no solo afecta precios finales, también condiciona la actividad”, remarcó Sánchez.
El origen del problema, según el análisis, combina factores internos y externos. A nivel global, la suba del precio del crudo —referenciado en el barril Brent— y el contexto geopolítico internacional presionan al alza los costos energéticos. Pero, al mismo tiempo, esa misma dinámica abre una oportunidad para el país.
“Hay una paradoja clara: por un lado importamos inflación a través de la energía; por otro, como productores, también generamos más divisas”, indicó el asesor. En ese sentido, el informe plantea que el desafío para la política económica será administrar ese excedente de dólares para fortalecer las reservas, en un contexto donde los planes de desinflación quedaron alterados.
La Fundación Colsecor, que releva precios en distintas regiones para captar las diferencias entre grandes centros urbanos y el interior, advierte que el escenario actual configura una etapa de transición. “Estamos frente a un reajuste forzado de la economía”, sintetizó Sánchez.
En ese marco, el comportamiento de los combustibles aparece como una variable clave a seguir. Su evolución no solo definirá el ritmo de la inflación en el corto plazo, sino también el margen de maniobra del Gobierno para estabilizar la economía en un contexto internacional adverso.







