El mercado inmobiliario argentino atraviesa las semanas previas a las elecciones con una mezcla de cautela y expectativa. Si bien las decisiones de inversión se moderaron a la espera de un escenario más previsible, los referentes del sector aseguran que el potencial de recuperación sigue intacto y que, con estabilidad macroeconómica y acceso al crédito, el real estate podría retomar el crecimiento en el corto plazo.
“En los momentos electorales, el mercado suele entrar en una especie de pausa. Todos están esperando ver cómo queda el panorama político y económico antes de tomar decisiones importantes”, explicó Carlos Spina, presidente de la Asociación de Empresarios de la Vivienda (AEV). Según el empresario, “si tras los comicios se consolida un rumbo más claro y previsible —por ejemplo, si el gobierno logra un número por encima del 30%—, eso puede traducirse bastante rápido en más confianza, más demanda, crédito hipotecario funcionando con tasas a la baja y, en consecuencia, una mejora de precios”.
Desde el lado de la intermediación, Francisco Altgelt, presidente de Altgelt Negocios Inmobiliarios, coincidió en que “históricamente las elecciones suelen aumentar la espera en la toma de decisiones, tanto de compradores como de inversores”. Sin embargo, observó que “tomando como fuente la cantidad de escrituras, estamos en un mercado con movimiento, aunque con un freno en los créditos hipotecarios en los últimos 30 días”.

La palabra que se repite entre todos los protagonistas es previsibilidad. Para Ezequiel Wierzba, director de Click Aparts, “las elecciones siempre generan cierta cautela, especialmente en distritos clave como CABA y PBA”, aunque advirtió que “si el resultado electoral transmite estabilidad y continuidad en las reglas de juego, es muy probable que veamos una rápida reactivación de la demanda contenida. El ladrillo sigue siendo un refugio de confianza, incluso en períodos de incertidumbre”.
Desde la óptica del desarrollo, Sebastián Wierszba, director de WGW Desarrollos, sostuvo que “cada dos años pasamos por un período parecido, donde el foco se centra en las elecciones y con ellas se generan expectativas de toda clase que terminan impactando en la toma de decisiones”. Y agregó: “La sensación de posible cambio e incertidumbre sobre el futuro aplaza la decisión de los inversores y compradores hasta tener más claro el panorama, con el resultado puesto”.
Por su parte, Gonzalo Sánchez Zinny, gerente general de Ayres Desarrollos, remarcó que “las elecciones generan naturalmente un período de cautela, especialmente entre los compradores que dependen de señales de estabilidad económica o de acceso al crédito”. No obstante, destacó que “en momentos de inestabilidad, los inversores con liquidez aprovechan las oportunidades que surgen”.
Más allá del contexto coyuntural, Uriel Broitman, director de SYGSA, planteó una mirada estructural sobre el mercado: “Hay un tema de fondo que trasciende cualquier coyuntura política: el déficit habitacional. Esa necesidad real y sostenida de vivienda continúa impulsando la demanda, tanto de quienes buscan acceder a su primera propiedad, como de quienes eligen resguardar su capital en ladrillos”.
Entre la pausa y la expectativa
Aunque la prudencia domina el corto plazo, el consenso entre los referentes del sector es que la reactivación podría llegar rápidamente si el resultado electoral aporta previsibilidad. “Una vez pasado el proceso electoral, si el resultado transmite estabilidad, la reacción suele ser rápida”, aseguró Ezequiel Wierzba, quien anticipó que podrían reactivarse lanzamientos y nuevas oportunidades, “especialmente en proyectos bien ubicados y con financiamiento en etapas”.

En ese escenario, el comportamiento del dólar aparece como variable determinante. “Habrá que ver cómo sigue el comportamiento del dólar, que es el principal factor en la toma de decisiones”, advirtió Altgelt.
El segmento de los proyectos en pozo también concentra atención. Para Sebastián Wierszba, “si el gobierno hace una mala elección, podría darse un parate temporal hasta que los inversores comprendan la nueva realidad”. Aun así, señaló que “si baja el costo en dólares, cualquier desarrollador con caja saldrá a acopiar y acelerar tiempos de obra aprovechando la baja del costo”.
Broitman coincidió en que uno de los principales desafíos del sector pasa por “la dificultad para fijar precios en un contexto de costos altamente volátiles”. En su análisis, “cuando una empresa lanza una preventa, está asumiendo un valor de venta futuro que, en muchos casos, queda desfasado frente a la evolución real de los costos de construcción”.
Crédito, estabilidad y confianza: el triángulo del futuro
Todos los entrevistados coinciden en que el futuro del sector dependerá del regreso del crédito hipotecario y de un marco macroeconómico estable. “El mercado puede blindarse parcialmente si se consolidan condiciones básicas: inflación controlada, previsibilidad cambiaria, acceso sostenido a crédito hipotecario y estabilidad económica”, sostuvo Sánchez Zinny.
Spina complementó esa visión: “La inestabilidad termina afectando la planificación de largo plazo. Se necesita avanzar hacia un marco con moneda estable y reglas claras que se mantengan en el tiempo”.
Pese al clima de cautela, el consenso es optimista. La demanda latente continúa presente, esperando las señales adecuadas. “Cuando hay crédito hipotecario, el mercado funciona”, resumió Altgelt. Y en palabras de Spina: “Si se ordena el escenario macro y aparece más crédito, muchos proyectos que hoy están en la línea de largada podrían activarse rápidamente”.
El real estate argentino vuelve a enfrentar su dilema histórico: un sector con enorme potencial, pero dependiente de la confianza. Si tras las elecciones el país logra transmitir previsibilidad, la pausa podría transformarse rápidamente en impulso.








