La inteligencia artificial se consolida como la gran apuesta de inversión empresarial para 2026, pero las organizaciones enfrentan un obstáculo menos tecnológico y más cultural: la desconexión entre la visión de los líderes y la experiencia de sus equipos.
Así lo advierte la nueva edición del estudio “Pulse of Change” de Accenture, que muestra una brecha marcada entre lo que creen los ejecutivos y lo que realmente perciben los empleados respecto a la adopción de la IA en el trabajo.
Según el relevamiento, mientras la mayoría de los directivos considera que está liderando con claridad la transformación digital, solo el 18% de los empleados está totalmente de acuerdo en que la conducción de su organización comunicó con claridad cómo enfrentará los cambios hacia 2026. Aún más preocupante: apenas el 20% afirma comprender de manera firme cómo la IA —incluyendo los llamados agentes de IA— impactará en los roles y habilidades laborales.

Mucho despliegue, poco rediseño
Las empresas avanzan con decisión en la incorporación de IA, pero los cambios estructurales en el trabajo no acompañan el mismo ritmo. El estudio muestra que 21% de las organizaciones está rediseñando procesos, aunque menos del 10% está rediseñando roles laborales.
Desde el lado de los trabajadores, la sensación de preparación tampoco es sólida: solo el 40% considera que la capacitación recibida lo preparó para los cambios que traerá la IA en sus funciones.
Juan Pablo Chemes, director ejecutivo de Accenture, remarca que la formación es un factor clave para cerrar esta brecha. “El 43% de los empleados afirma que una capacitación clara les daría mayor confianza para utilizar herramientas de IA”, explica. En ese sentido, creció también la proporción de ejecutivos que planea impulsar programas de upskilling y reskilling, alcanzando el 43%, diez puntos más que el año anterior.

Sin embargo, el rediseño de puestos de trabajo pierde prioridad: solo 7% de los ejecutivos lo menciona como foco estratégico, incluso por debajo del año pasado.
La IA, motor de crecimiento más que de ahorro
Pese a estas tensiones internas, el entusiasmo inversor no se detiene. El 86% de los líderes C-Level proyecta aumentar el gasto en inteligencia artificial en 2026. Además, la visión sobre su impacto está cambiando: 78% considera que la IA será más relevante para impulsar ingresos que para reducir costos, una suba significativa frente a mediciones anteriores.
No obstante, los ejecutivos reconocen que el despliegue efectivo depende de bases más sólidas. Un 35% señala que contar con una estrategia de datos robusta y capacidades digitales fundamentales es la condición más importante para acelerar y escalar la IA.
Desde la experiencia cotidiana de los empleados, todavía persisten fricciones: el 54% menciona resultados de IA de baja calidad o engañosos, lo que genera pérdida de tiempo y afecta la productividad.
El verdadero desafío de 2026
Para Chemes, el punto crítico no será cuánto inviertan las empresas, sino cómo integren tecnología, talento y confianza.
“El desafío para 2026 no estará únicamente en la magnitud de las inversiones en IA, sino en la capacidad de las organizaciones para cerrar las brechas que hoy limitan su impacto real: calidad de los datos, solidez de las capacidades digitales y, sobre todo, alineación con las personas”, concluye.
El mensaje es claro: la inteligencia artificial ya está en marcha, pero su verdadero potencial dependerá menos de los algoritmos y más de la capacidad de las empresas para llevar a su gente con ellas en la transformación.




