En un contexto internacional atravesado por tensiones geopolíticas, inflación global y tasas de interés elevadas, el analista financiero Salvador Di Stéfano sostiene que la economía argentina podría atravesar el nuevo ciclo global con relativa resiliencia. Según su análisis, el país enfrenta un escenario de mayor inflación mundial y condiciones financieras más restrictivas, pero también cuenta con factores internos que podrían permitirle sostener el crecimiento y ofrecer oportunidades de inversión.
El especialista plantea que el mercado financiero local atraviesa una etapa de recalibración. Tras alcanzar máximos luego de las elecciones legislativas de 2025, las acciones registraron una corrección cercana al 30%, acompañada por una caída en el volumen de operaciones y una creciente desilusión entre inversores.
Uno de los sectores más golpeados fue el bancario. De acuerdo con Di Stéfano, los bancos no sólo retrocedieron en precio sino que además muestran balances en rojo. La combinación de tasas elevadas en pesos —que incrementaron la morosidad de las carteras— y un mayor financiamiento en dólares con menor margen financiero afectó la rentabilidad del sistema.
El desempeño del mercado de bonos tampoco mostró grandes ganancias en los últimos meses. Sin embargo, el analista señala que el actual nivel de tasas abre oportunidades. Los bonos soberanos en dólares volvieron a rendir más del 9% anual, mientras que el bono del Tesoro estadounidense a 10 años se ubica en torno al 4,2%. “A estas tasas es atractivo invertir”, sostiene, pese al aumento reciente del riesgo país.
Energía y commodities, los sectores con mejor desempeño
Dentro del mercado accionario, el sector energético fue uno de los más resistentes a la corrección general. Las compañías vinculadas al petróleo y al gas mantuvieron valores cercanos a los máximos de noviembre de 2025.
Entre ellas se destaca Vista Energy, que según el analista se consolidó como la acción insignia del sector gracias al aumento de su rentabilidad, la adquisición de nuevos activos y mejoras en productividad y eficiencia.
Este desempeño se vincula también con el nuevo escenario internacional. El conflicto en Medio Oriente —que involucra a Irán, Israel y Estados Unidos— está impulsando los precios del petróleo y el gas, lo que presiona al alza la inflación global.
Al mismo tiempo, el encarecimiento de la energía podría beneficiar indirectamente a la Argentina al impulsar los precios de los biocombustibles y de los productos agrícolas utilizados para su producción, como la soja, el maíz y el azúcar, aunque también elevaría los costos de siembra debido al uso de derivados del petróleo.
Un dólar más calmo y mayor inflación en el corto plazo
Las proyecciones del mercado para los próximos 12 meses anticipan un escenario particular: inflación más alta pero con una devaluación relativamente moderada.
Según el Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central de la República Argentina, la inflación proyectada a un año es del 22,3%, mientras que el tipo de cambio oficial aumentaría alrededor de 24,1%, lo que ubicaría al dólar en torno a los $1.750.
En ese contexto, Di Stéfano sostiene que el dólar “seguiría sin ser objeto de deseo” frente a alternativas en pesos que ofrecen rendimientos superiores, como las letras del Tesoro que pagan alrededor del 32% anual o los instrumentos ajustados por inflación que agregan un rendimiento adicional cercano al 6%.
La deuda y el financiamiento externo
Uno de los puntos centrales del análisis es la sostenibilidad financiera del país. Argentina enfrenta vencimientos de capital e intereses por unos 31.000 millones de dólares hasta diciembre de 2027.
Para el analista, el Gobierno cuenta con diversas herramientas para afrontar esos compromisos: el resultado fiscal, la capacidad de endeudamiento en el mercado local, la venta de activos estatales y las compras de divisas del Banco Central. Además, menciona la posibilidad de activar acuerdos de swap con otros países.
En este escenario, considera poco probable que el país vuelva a emitir deuda en el mercado internacional en el corto plazo. Para hacerlo, afirma, debería conseguir financiamiento a tasas inferiores al 8% anual, algo que hoy no parece disponible.
En los últimos días también surgieron versiones sobre la posibilidad de explorar financiamiento bilateral con países como Estados Unidos, Israel e Italia.
Crecimiento moderado y oportunidades de inversión
A pesar del contexto global desafiante, Di Stéfano mantiene una visión relativamente optimista sobre la economía argentina. El economista proyecta que las exportaciones continuarán superando a las importaciones y que el país podría crecer alrededor del 3% anual en los próximos dos años.
De confirmarse ese escenario, Argentina encadenaría tres años consecutivos de expansión del PBI —2025, 2026 y 2027—, algo que no ocurre desde hace tiempo.
Para los inversores, el analista identifica oportunidades claras en los bonos soberanos en dólares que rinden más del 9% anual, especialmente en una perspectiva de largo plazo. En el mercado accionario, en cambio, prevé un período de mayor selectividad.
Según explica, existe actualmente una tensión entre accionistas que buscan dividendos y grupos controlantes que prefieren reinvertir utilidades para competir en la carrera tecnológica impulsada por la inteligencia artificial. Esta disputa, sumada al contexto internacional, presiona a la baja a los mercados.
Aun así, Di Stéfano cree que, una vez que se reduzca la incertidumbre geopolítica y cedan las presiones inflacionarias globales, las acciones podrían retomar un recorrido alcista. Mientras tanto, concluye, Argentina tiene margen para “surfear” la nueva ola de turbulencias internacionales.








