Seis de cada diez hogares argentinos tienen deudas fuera del sistema bancario. El dato, relevado por Focus Market, expone no solo la persistencia del financiamiento informal, sino también un cambio en la forma en que las familias se endeudan en un contexto donde el crédito crece, pero también las dificultades para pagarlo.
El estudio, basado en un relevamiento de 2.670 hogares y datos del Banco Central de la República Argentina y la Encuesta Permanente de Hogares, muestra que las familias acumulan más de $39 billones en deuda. De ese total, $32,1 billones corresponden a deuda bancaria y $6,9 billones a compromisos no bancarios.
“El avance del crédito en Argentina está siendo el gran sostén del consumo para una parte importante de la población”, explicó Damián Di Pace, director de la consultora. Según detalló, la expansión del financiamiento permitió a muchos hogares acceder a bienes durables y sostener niveles de gasto en un contexto aún desafiante.
Del fiado al banco: un cambio de patrón
Más allá de los montos, el dato más relevante es el cambio en la forma de endeudarse. En 2023, la deuda no bancaria alcanzaba al 82,6% de los hogares, frente a un 41,3% con crédito bancario. Tres años después, la diferencia prácticamente desapareció: el 55,1% de los hogares tiene deuda bancaria y el 59% mantiene compromisos por fuera del sistema formal.
La brecha, que superaba los 40 puntos porcentuales, se redujo a menos de 4 puntos. Este corrimiento refleja una mayor inclusión financiera, impulsada por la expansión del crédito y mejores condiciones macroeconómicas.
“El menor peso del Estado en la absorción de recursos y la desaceleración inflacionaria mejoraron la capacidad prestable del sistema financiero”, señaló Di Pace. En ese contexto, muchas familias que antes recurrían a prestamistas informales comenzaron a migrar hacia el sistema bancario.
Más crédito, pero también más deuda
El crecimiento del financiamiento no solo se explica por una mayor cantidad de hogares endeudados, sino también por el aumento de los montos. Hoy, la deuda bancaria promedio asciende a $5,7 millones por hogar, equivalente a 3,46 salarios promedio. En 2023, representaba apenas 1,43 salarios.
En paralelo, el crédito al sector privado ya alcanza el 13,6% del PBI, más del doble que a fines de 2023, según datos del Banco Central.

La otra cara: sube la morosidad
El informe advierte que esta expansión tiene su contracara. La mora creció de manera sostenida durante 2025 y se aceleró en el inicio de 2026. La proporción de deuda irregular pasó del 2,7% al 10,6% en apenas un año.
Los préstamos personales lideran el deterioro, con una tasa de mora del 13,2%, seguidos por las tarjetas de crédito (11%). En contraste, los créditos hipotecarios se mantienen estables en torno al 1%.
El caso más crítico es el de los “otros préstamos”, donde la irregularidad trepó al 31,9%, evidenciando mayores dificultades en los segmentos más vulnerables.
El fenómeno sugiere que parte de los nuevos tomadores de crédito formal enfrenta problemas para sostener los pagos, en un escenario donde los ingresos reales aún no logran recomponerse completamente.
Deudas cotidianas: la presión sobre el gasto básico
La deuda no bancaria sigue siendo un componente clave del endeudamiento familiar y refleja situaciones más vinculadas a la vida cotidiana: cuotas educativas impagas, servicios atrasados, expensas o préstamos informales.

Actualmente, más de 6 millones de hogares tienen este tipo de compromisos, con un promedio de $1,1 millón por hogar.
Preocupa especialmente el aumento de deudas vinculadas a gastos básicos. El atraso en expensas, servicios y educación mostró un repunte en 2026, luego de haber mejorado en años previos. Esto enciende una señal de alerta sobre la capacidad de los hogares para cubrir sus necesidades corrientes.
Al mismo tiempo, los préstamos entre familiares y amigos —que en 2025 representaban más de un tercio de la deuda no bancaria— cayeron de forma significativa, lo que podría indicar un agotamiento de las redes informales de asistencia.
Un equilibrio delicado
Para Di Pace, la baja de tasas puede aliviar la carga financiera de los hogares, pero advierte que no alcanza por sí sola. “Para que este mecanismo sea sostenible, debe estar acompañado por estabilidad macroeconómica y previsibilidad en los ingresos”, sostuvo.
El informe deja en claro que el crédito se consolidó como una herramienta clave para sostener el consumo y dinamizar la economía. Sin embargo, el aumento de la morosidad y el regreso de deudas vinculadas a gastos esenciales plantean un escenario de equilibrio frágil, donde el acceso al financiamiento convive con crecientes dificultades para cumplir con los compromisos asumidos.








