El comercio minorista cordobés volvió a mostrar señales de enfriamiento. Según datos de Federación Comercial de Córdoba (Fedecom), las ventas registraron en febrero una caída interanual del 6,7%, en un escenario que los empresarios describen como un “cambio de paradigma” en la forma de hacer negocios.
El relevamiento sectorial confirma una retracción generalizada del consumo. De los siete rubros relevados, solo uno logró crecer: neumáticos y repuestos, con una suba del 4,5%. En el resto, los números fueron negativos: inmuebles y decoración (-3,2%), artículos deportivos (-4,1%), alimentos y bebidas (-7,2%), electrodomésticos (-7,6%), calzado (-8,5%) y construcción (-8,7%), este último el de mayor caída.
Consumo retraído y única excepción
La contracción responde, según el análisis de Fedecom, a la pérdida de poder adquisitivo y a una priorización cada vez más estricta de los gastos esenciales por parte de los consumidores. En ese contexto, el repunte en neumáticos se explica por la apertura de importaciones —principalmente de origen chino— que presionó los precios a la baja, sumado a la demanda estacional vinculada al recambio previo a la temporada vacacional.
Para el resto del comercio, el panorama es de ajuste permanente.
“Esta vaca no tiene más leche”
Maximiliano Dauria, vice presidente de Fedecom, describió el momento con una frase contundente: “Esta vaca no tiene más leche. Antes vos pagabas, pagabas, pagabas; ahora no te dan los números por ningún lado” dijo en el aire de Radio 90.7.
En diálogo con este medio, explicó que el modelo de rentabilidad basado en la inflación quedó atrás. “Hace varios años que el empresario ganaba actualizando por inflación. A veces ganaba más plata no vendiendo que vendiendo mercadería”, afirmó.
Ese esquema —basado en el acopio de stock como forma de capitalización— fue reemplazado por una lógica de eficiencia y volumen. “Hoy lo que tenemos que buscar es volumen y trabajar puerta para adentro para hacerlo más eficiente y llegar a un costo competitivo”, señaló.
La transformación se refleja con claridad en la gestión de inventarios. “Hoy tengo de stock de descartable 15 días de ventas cuando llegué a tener un año y medio, porque mi negocio pasaba por ese lado en ese momento. Ahora ya no; muchas cosas en las que perdí plata fue porque tenía mucho stock y bajaron de precio”, detalló.
En paralelo, los márgenes se achicaron drásticamente. Mientras que antes la inflación permitía recomponer rentabilidad, hoy los comerciantes trabajan con márgenes de entre 5% y 10% antes de impuestos para sostener la competitividad.
Gastronomía: volumen o vacío
El sector gastronómico es un ejemplo extremo de esta nueva lógica. Según Dauria, la estrategia pasa exclusivamente por sostener el flujo de clientes, aun con rentabilidad mínima. Se ofrecen menús completos —plato, bebida y postre— a $10.000 o platos principales de alta gama a $22.000, bajo la premisa de que precios más elevados implicarían locales vacíos.
La ecuación es clara: menor margen, mayor rotación.
Cambios en los hábitos de consumo
El nuevo contexto también modificó el comportamiento de los consumidores cordobeses. La estabilidad relativa de precios y la expectativa de menor inflación desactivaron la compra especulativa.
En el rubro escolar, por ejemplo, se pasó de adquirir repuestos de 480 hojas para todo el año a comprar uno de 48 hojas, lo mínimo indispensable. La compra mayorista anual dejó paso a adquisiciones fragmentadas y cautelosas.
A esto se suma una transformación en los medios de pago. Las generaciones más jóvenes abandonaron el efectivo en favor de billeteras digitales y pagos con código QR, consolidando una transición que los comerciantes consideran irreversible.
Competencia digital y presión de costos
El comercio físico también enfrenta la competencia creciente de Mercado Libre, que permite comprar desde el hogar y a cualquier hora. El desafío, reconocen en el sector, es adaptarse a un cliente que ya no necesariamente cruza la puerta del local.
En paralelo, los costos fijos presionan cada vez más. Los incrementos en servicios —con alta carga impositiva— y la estructura tributaria configuran lo que el empresariado describe como un límite crítico para la sostenibilidad.
Dauria advirtió que, aunque los salarios medidos en dólares puedan parecer más altos que en otros años, el costo de vida y los precios de bienes y servicios impiden que ese ingreso alcance. Esa combinación impacta directamente en el consumo, cerrando un círculo que mantiene al comercio en una zona de fragilidad.
Con ventas en retroceso, márgenes estrechos y un consumidor más cauteloso, el comercio minorista cordobés transita una etapa de reconversión forzada. La inflación dejó de ser un aliado circunstancial y la supervivencia depende ahora de eficiencia, volumen y adaptación a un mercado cada vez más exigente








