El avance de la inteligencia artificial está reconfigurando los cimientos del trabajo, la economía y la estrategia empresarial. Para Juan Santiago, CEO de Santex, el mundo atraviesa una “era liminal”, un período de transición en el que abundan las preguntas y escasean las respuestas. Esta incertidumbre genera, según advierte, una parálisis estratégica en las organizaciones.
“Estamos en una etapa que yo denomino liminal: no estamos ni de un lado ni del otro. Estamos llenos de preguntas y pocas respuestas”, señala Santiago.
Argentina enfrenta este desafío con un problema adicional: una profunda deuda tecnológica. Para el empresario, las compañías locales —especialmente las pymes— deben realizar un doble salto, tanto tecnológico como cultural, para no quedar relegadas.
“La inteligencia artificial vino para quedarse, no se va… y si vos no te acomodaste te lleva puesto”, advierte. Y agrega: “Lo que antes se resolvía con hojas de cálculo o personal, hoy requiere infraestructura y herramientas de IA. Es un tren bala que no espera a nadie”.

Las pymes, que constituyen el 90% del motor económico del país, se encuentran en el centro de esta transformación. Su supervivencia depende de adoptar rápidamente herramientas accesibles de IA, contratar talento especializado y repensar su cultura organizacional.
Consumir, no construir
Santiago subraya que los pequeños y medianos empresarios no necesitan convertirse en expertos en inteligencia artificial, pero sí rodearse de quienes puedan guiarlos: “Así como contratás un contador, tenés que tener un especialista en IA. No para construir, sino para consumir. El rol de las pymes no es desarrollar tecnología, sino aprovechar las soluciones que ya existen”.
Entre las opciones disponibles, menciona desde agentes automatizados de ventas hasta chatbots para gestionar canales de WhatsApp. “La IA se democratizó. Hoy hay herramientas de bajo costo y alto impacto que pueden eficientizar un negocio de inmediato”, explica.

El futuro del empleo
La inteligencia artificial también abre un nuevo capítulo en el mercado laboral. Santiago es categórico: muchos empleos desaparecerán. “Muchas personas no tienen más trabajo y no lo saben”, advierte. Sin embargo, no todo se pierde: surge la “era del co-”, donde el trabajo humano se redefine en colaboración con las máquinas.
En este nuevo escenario, las habilidades blandas son las que marcarán la diferencia: empatía, pensamiento crítico, cooperación y humildad para aprender. “El sistema educativo sigue enseñando para un mundo analógico. Necesitamos una reforma urgente, y debe ser colaborativa entre Estado, sector privado y educación”, plantea.
La economía del dato: un nuevo paradigma
La propuesta más disruptiva de Santiago va más allá de la adaptación tecnológica: plantea un cambio de modelo económico basado en la soberanía y monetización de los datos personales.
“El dato es la nueva moneda porque es lo que transaccionamos todos los días en nuestra interacción digital”, sostiene. Su visión es que los gobiernos deben legislar para devolver a los usuarios la propiedad de su información y permitirles cobrar cada vez que esta sea utilizada por empresas o plataformas.

Este modelo ya se está experimentando en Brasil con la iniciativa The Wallet, un sistema que busca compensar a las personas por el uso de sus datos. “Lo que está haciendo Brasil es histórico. Supera incluso a Europa, que tiene regulaciones avanzadas, pero no se animó a dar este paso. América Latina puede liderar modelos propios en lugar de copiar los de EE.UU. o Europa”, afirma.
Para Santiago, este paradigma no solo es una alternativa a los subsidios frente al desempleo tecnológico, sino también la clave para redefinir el capitalismo global: “La llave de la humanidad está en que los gobiernos nos devuelvan a nosotros, los usuarios, el derecho de nuestros datos”.








