El 2025 quedará registrado como un punto de inflexión en la historia financiera reciente de la Argentina. Luego del fuerte ajuste y el “shock” económico de 2024, el último año marcó una etapa de estabilización, con una inflación anual que cerró en torno al 31%, un nivel que hasta hace poco parecía inalcanzable.
Sin embargo, esa mejora macro no se tradujo automáticamente en buenas decisiones de inversión para todos los ahorristas. Según el análisis de Matías Daghero, especialista en mercados financieros, quienes continuaron mirando el mercado “por el espejo retrovisor” se enfrentaron a un escenario muy distinto al de los años previos.
“Algo que me pasa casi siempre que doy una entrevista es la eterna pregunta: ‘¿Plazo fijo o dólar?’. Y este año, esa simplificación fue más peligrosa que nunca”, advierte Daghero. En ese sentido, sostiene que el verdadero rendimiento de 2025 se jugó fuera de esos activos tradicionales.
Un podio inesperado en un año atípico
El ranking de inversiones de 2025 mostró resultados poco habituales para el mercado argentino. El activo que lideró ampliamente la tabla fue el oro, con una suba del 114% en el año. “En un contexto de volatilidad global y dudas sobre las monedas fuertes, el refugio por excelencia volvió a demostrar la importancia de una cartera diversificada que no mire solo a la Argentina”, explica el analista.
En segundo lugar apareció el plazo fijo, con un rendimiento del 41%, superando a la inflación anual. “Sí, la tasa le ganó a los precios”, remarca Daghero, aunque introduce una advertencia clave: “Esto generó una ilusión de riqueza en el ahorrista conservador. Venimos de más de 20 años donde el plazo fijo perdió sistemáticamente contra la inflación. Que haya ganado un año no lo convierte en la mejor herramienta de largo plazo”.

Por detrás quedaron dos clásicos del ahorro argentino. El dólar billete avanzó un 29% y volvió a perder contra la inflación. “El dólar es seguridad, pero no es inversión”, resume Daghero. En tanto, el Merval cerró el año con una suba del 24%, quedando último en la comparación anual.
Sobre la renta variable local, el especialista aclara que el desempeño de 2025 no invalida su potencial: “Después de las subas explosivas del año anterior, fue un año de digestión y toma de ganancias, algo totalmente sano y natural en los mercados”.
Mirar más allá del corto plazo
Daghero también pone el foco en el análisis histórico. Al observar el desempeño de los principales activos en los últimos 31 años, el S&P 500 y los bonos argentinos fueron los instrumentos que más veces lograron ganarle a la inflación, con 21 años positivos sobre 31, seguidos de cerca por el Merval.
En el extremo opuesto se ubican los activos más utilizados por los argentinos: dólar, plazo fijo e inmuebles, que muestran una menor capacidad para preservar el poder adquisitivo en el largo plazo.
“Cuando uno invierte, lo que resigna es consumo hoy para poder consumir más en el futuro. Y eso solo se logra cuando las inversiones le ganan a la inflación”, señala.
Cómo pensar la estrategia para 2026
De cara a 2026, Daghero insiste en evitar apuestas únicas y propone trabajar con distintos escenarios. “La clave está en la diversificación, en considerar el perfil de riesgo y el horizonte de tiempo, y en ponderar distintos escenarios posibles”, sostiene.

En un escenario optimista tanto a nivel local como internacional —con consolidación del crecimiento argentino y una baja de tasas global—, los activos de riesgo volverían a destacarse. “El Merval y los bonos argentinos tienen todo para recuperar el terreno perdido en 2025”, afirma.
Si el contexto local acompaña pero el escenario internacional se deteriora, el oro seguiría siendo protagonista, junto con obligaciones negociables de empresas argentinas sólidas que ofrezcan renta en dólares.
En cambio, si el plan económico local se complica pero el mundo mantiene un buen desempeño, Daghero destaca el rol de los CEDEARs ligados al S&P 500. “Es una forma de estar atado al dólar y a las empresas líderes del mundo, despegándose del riesgo argentino”, explica.
Finalmente, ante un escenario pesimista tanto en el plano local como global, la recomendación es priorizar la liquidez y la preservación del capital, con el dólar billete y el oro como principales refugios.
“Lo importante es no posicionar toda la cartera para un solo escenario, sino asignar probabilidades y construir una cartera con potencial para distintos contextos”, concluye Daghero, quien remarca que el acompañamiento de un asesor financiero resulta clave en ese proceso.








