Cobrar una indemnización suele generar una mezcla de alivio e incertidumbre. Después de años de trabajo, aparece de golpe un capital importante en la cuenta bancaria y, casi automáticamente, surge la pregunta: ¿qué conviene hacer con esa plata?
Para el asesor financiero Matías Daghero, la primera reacción de muchas personas suele ser equivocada. “¿Pongo todo en plazo fijo mientras decido qué hacer?”, le consultó recientemente un cliente. La respuesta fue contundente: “Eso es exactamente lo que no conviene hacer”.
Según explica Daghero, el principal problema es creer que “esperar” no tiene costo. En un contexto inflacionario como el argentino, dejar el dinero inmovilizado en un plazo fijo puede implicar una pérdida constante de poder adquisitivo.
“El plazo fijo rinde por debajo de la inflación. Cada mes que tu plata está ahí, podés comprar menos cosas con ella”, sostiene. Y agrega que la situación se agrava cuando la persona utiliza los intereses para cubrir gastos cotidianos: “Te descapitalizás dos veces: por inflación y porque vas retirando el capital en cuotas”.
A eso se suma un fenómeno habitual: la procrastinación financiera. Muchas personas renuevan el plazo fijo mes a mes mientras postergan decisiones de inversión más estratégicas. “Entrás en un círculo vicioso donde el capital se sigue desvalorizando”, advierte.
La indemnización como puente, no como premio
Uno de los conceptos centrales que plantea Daghero es que la indemnización no debe verse como una lotería, sino como un puente hacia la próxima etapa laboral.
“La función de ese dinero es sostenerte mientras cruzás hacia otro trabajo, un emprendimiento o una nueva forma de vida laboral”, explica. Por eso, remarca que no es el momento para elevar el nivel de consumo, cambiar el auto o realizar grandes gastos personales.
En cambio, sostiene que una administración inteligente puede transformar esa indemnización en una herramienta para ganar tiempo y libertad de decisión. En muchos casos, incluso permite explorar proyectos postergados durante años.
“Hay personas que siempre quisieron emprender, trabajar menos horas o dedicarse a algo que las apasiona, pero nunca pudieron porque dependían completamente del sueldo. Una cartera bien armada puede generar un ingreso mensual que haga posible esa transición”, señala.
¿Se puede vivir de rentas?
La idea de “vivir de los intereses” suele aparecer rápidamente cuando alguien recibe una suma importante de dinero. Sin embargo, Daghero insiste en poner los números sobre la mesa.

Si una persona necesita US$ 1.000 mensuales para vivir y busca obtenerlos únicamente de una cartera conservadora que rinda entre 5% y 7% anual en dólares, necesitaría entre US$ 170.000 y US$ 240.000 de capital.
“Muy pocas indemnizaciones llegan a esos niveles”, afirma. Por eso, plantea que la estrategia más razonable suele ser una combinación: una parte de la cartera destinada a generar flujo mensual y otra enfocada en el crecimiento del capital a mediano y largo plazo.
Cómo armar una estrategia financiera
El especialista sostiene que el contexto económico actual también obliga a prestar atención a la composición de la cartera. Con tasas en pesos más bajas y un escenario electoral que podría generar volatilidad cambiaria, considera importante diversificar.
“Si tenés todos tus ahorros en dólares pero tus gastos son en pesos, quedás totalmente expuesto al tipo de cambio del momento”, explica. Por eso recomienda mantener una porción en instrumentos en pesos con vencimientos escalonados para cubrir necesidades de corto plazo y otra parte en activos dolarizados con horizonte más largo.
Antes de invertir, además, considera fundamental construir un fondo de emergencia equivalente a entre tres y seis meses de gastos corrientes, con liquidez inmediata.
Ese fondo puede distribuirse entre money market, fondos comunes de inversión de corto plazo u obligaciones negociables de vencimiento cercano. “La plata no tiene que estar muerta para estar disponible”, resume.
Los cinco pasos clave
Para Daghero, no existe una receta universal, pero sí un orden lógico para administrar correctamente una indemnización:
- Definir cuánto tiempo debe durar el “puente” financiero hasta conseguir nuevos ingresos.
- Separar un fondo de emergencia líquido.
- Construir un tramo rentista que genere flujo mensual.
- Incorporar inversiones de mayor crecimiento si el horizonte supera los cinco años.
- Evitar invertir todo de golpe y avanzar de manera gradual.
“La indemnización puede ser una oportunidad disfrazada de problema”, concluye. “Bien gestionada, puede convertirse en el capital semilla de una etapa financiera mucho más ordenada. Mal gestionada, desaparece más rápido de lo que uno imagina”.







