La escalada del precio internacional del petróleo en medio de la tensión bélica en Medio Oriente genera un escenario contradictorio para la economía argentina. Si bien el país puede beneficiarse por mayores ingresos de divisas gracias a las exportaciones de crudo de Vaca Muerta, el impacto final resulta negativo por la fuerte dependencia de importaciones de combustibles refinados y fertilizantes, insumos clave para la producción y la logística.
Así lo advirtió el especialista en comercio exterior Gustavo Fadda, quien analizó cómo el nuevo contexto internacional afecta la competitividad de las exportaciones y la estructura de costos de la economía local.
Según el experto, la suba del petróleo funciona como un “impuesto invisible” para el sector productivo argentino, ya que encarece el transporte y los insumos básicos que utiliza la industria y el agro.
La paradoja energética argentina
Fadda explicó que el país enfrenta una paradoja energética: mientras exporta petróleo crudo, sigue dependiendo de la importación de combustibles derivados.
El aumento del precio internacional del crudo mejora los ingresos por exportaciones provenientes de Vaca Muerta. Sin embargo, ese beneficio se ve más que compensado por el encarecimiento de importaciones estratégicas como el gasoil premium y otros derivados necesarios para el transporte, la industria y la producción agropecuaria.
“El problema es que Argentina exporta materia prima pero importa productos procesados. Cuando sube el petróleo, el costo de esos derivados aumenta y termina afectando la competitividad del aparato productivo”, explicó el especialista en el programa «Punto y Aparte» por la radio 90.7.
Ese impacto se traslada rápidamente a la economía real, ya que el combustible es un componente central en el transporte de mercaderías. Como consecuencia, el incremento de los precios energéticos eleva los costos logísticos internos y reduce el margen de los exportadores argentinos frente a competidores internacionales.
El riesgo geopolítico del Estrecho de Ormuz
La tensión internacional agrega un factor de incertidumbre adicional. Uno de los puntos más sensibles del comercio energético mundial es el Estrecho de Ormuz, considerado un cuello de botella estratégico para el transporte global de petróleo.
Con apenas unos 30 kilómetros de ancho, por ese paso marítimo circula cerca del 20% del comercio mundial de crudo y combustibles. Cualquier interrupción o escalada militar en la zona tiene un efecto inmediato en los precios internacionales.
Para Argentina, ese impacto se traslada rápidamente a través del aumento de los fletes marítimos y del encarecimiento de insumos energéticos, lo que repercute en toda la cadena productiva.
El impacto directo en el campo
El sector agropecuario es uno de los más sensibles a esta dinámica, especialmente por el aumento de los fertilizantes, cuyo precio está fuertemente vinculado a la energía.
“El campo ya encendió alertas por el aumento de los fertilizantes, que son insumos clave para sostener los niveles de producción”, señaló Fadda.
La preocupación no es exclusiva de Argentina. En Brasil, la organización Aprosoja recomendó a los productores evitar compras anticipadas de fertilizantes salvo que sean estrictamente necesarias, con el objetivo de frenar la escalada de precios.
Esta actitud más cautelosa frente al mercado comienza a replicarse en otros países de la región, ante la volatilidad internacional.
Importaciones bajo presión
El nuevo contexto también podría modificar el comportamiento de los importadores argentinos.
De acuerdo con Fadda, el aumento de costos funcionará como un filtro natural que obligará a las empresas a planificar mejor sus compras externas y priorizar solo los bienes esenciales.
Actualmente, explicó, muchos depósitos fiscales se encuentran con mercadería acumulada debido a que numerosos importadores realizaron compras anticipadas y terminaron sobrestockeados.
“La suba de costos va a actuar como un tamiz. Las empresas van a tener que recalcular y traer únicamente lo que realmente necesitan”, afirmó.
El dilema fiscal del Gobierno
El aumento del precio del petróleo también abre un debate interno para el gobierno de Javier Milei, ya que el valor final de los combustibles en el país está fuertemente influido por los impuestos.
Según estimaciones del sector, alrededor del 45% del precio del litro de combustible corresponde a carga impositiva, que incluye el Impuesto a los Combustibles Líquidos, el impuesto al dióxido de carbono, el IVA, Ingresos Brutos y tasas viales municipales.
En este contexto, el Ejecutivo enfrenta un dilema: continuar con la actualización trimestral de los impuestos —que estuvieron congelados durante años— para mejorar la recaudación fiscal, o postergar los aumentos para evitar que se trasladen a los precios de la economía y presionen sobre la inflación.
Un escenario de alta vulnerabilidad
Para el especialista, la combinación de conflicto geopolítico, suba de energía y presión sobre los costos internos configura un escenario complejo para la economía argentina.
“Argentina está expuesta a la globalización del conflicto energético. Cuando sube el petróleo, no solo impacta en el comercio exterior, sino también en el costo de vida y en toda la cadena productiva”, concluyó Fadda.
En ese contexto, la volatilidad internacional vuelve a poner en evidencia la fragilidad estructural del sistema energético argentino y su impacto directo en la competitividad del país.








