El economista Jorge Paz trazó un diagnóstico crítico sobre la situación económica argentina, con foco en el deterioro del mercado laboral y el crecimiento del desempleo, fenómenos que —según advirtió— están siendo parcialmente “disimulados” por el avance de formas de trabajo precarias.
Uno de los datos más contundentes del análisis es el impacto concreto de la suba del desempleo. Paz explicó que “un punto porcentual adicional en la tasa implica alrededor de 130.000 personas más sin trabajo”, lo que permite dimensionar el efecto social de variaciones aparentemente pequeñas en las estadísticas. A esto se suma el incremento de la informalidad, que amplía el universo de personas con problemas de inserción laboral.
En ese sentido, el economista remarcó la importancia de comprender cómo se construyen estos indicadores a partir de la Encuesta Permanente de Hogares. “El desempleo mide únicamente a quienes buscan activamente trabajo. Pero hay un conjunto creciente de personas que, ante la falta de oportunidades, se vuelcan a actividades informales o de subsistencia”, sostuvo.
La “uberización” como síntoma de crisis
Paz identificó como uno de los fenómenos más visibles la llamada “uberización” del empleo: una estrategia extendida en la que los trabajadores utilizan sus propios recursos —vehículos, bicicletas o tiempo— para generar ingresos mínimos a través de plataformas o servicios informales.
Lejos de representar dinamismo económico, consideró que este proceso refleja una degradación del mercado laboral. “No es empleo genuino, sino una forma de ‘pucherear’. Es una economía que se vuelca a servicios de bajo valor agregado y reventa, en lugar de producir”, explicó.
Además, advirtió que este tipo de ocupaciones contribuye a distorsionar las estadísticas oficiales. Muchas personas que deberían figurar como desocupadas aparecen como ocupadas, lo que “suaviza artificialmente” la tasa de desempleo.
Crecimiento sin empleo
Otro de los ejes del análisis es la desconexión entre los sectores que lideran el crecimiento y su capacidad de generar trabajo. Actividades como la minería, las finanzas y el agro muestran dinamismo, pero con bajo impacto en la creación de empleo masivo.
“Son sectores que, en el mejor de los casos, pueden absorber un porcentaje muy reducido de la fuerza laboral”, indicó Paz. A su vez, describió una estructura dual: por un lado, empleos altamente calificados y bien remunerados; por otro, una periferia de trabajos precarios, temporarios y de bajos ingresos vinculados indirectamente a esas actividades.
Mientras tanto, gran parte del entramado productivo presenta señales negativas, lo que evidencia una caída en la capacidad de generar empleo de calidad a nivel general.
Inflación persistente y familias endeudadas
El deterioro laboral se combina con un contexto macroeconómico adverso. Paz calificó la inflación actual como “moderada-alta”, con niveles cercanos al 3% mensual, lo que erosiona de forma constante el poder adquisitivo.
“Estamos hablando de tasas que otros países registran de manera anual”, comparó, y cuestionó además la representatividad de las mediciones oficiales, al considerar que no reflejan completamente el impacto en rubros clave como alimentos y combustibles.
En paralelo, advirtió sobre el aumento del endeudamiento de los hogares. Datos del Banco Central muestran un crecimiento significativo en la morosidad de tarjetas de crédito, lo que evidencia que muchas familias recurren al financiamiento para cubrir gastos básicos. “Se está llegando a un punto crítico de insolvencia”, alertó.
Sin señales de recuperación
En sus conclusiones, el economista fue categórico al señalar la ausencia de signos de reactivación. “Un plan de estabilización debería, en pocos meses, mostrar algún rebote en la actividad. Eso no está ocurriendo”, afirmó.
También puso en duda la efectividad de medidas como la reforma laboral en un contexto de caída de la producción. Según su visión, la generación de empleo genuino requiere condiciones que hoy no están presentes: crecimiento del consumo, aumento de la inversión y recuperación del ahorro.
“El problema no es solo laboral, es estructural. Sin una economía que produzca y crezca, no hay forma de sostener empleo de calidad”, concluyó.








