“La primera tendencia es la consolidación de un piso duro de rechazo. La negativa de gestión se instala por encima de 60 puntos y la aprobación cae a 32%, mientras la actitud de aguante se reduce a 31%”, detalla el análisis. En paralelo, el 68% de los consultados se ubica entre quienes se sienten defraudados o quienes nunca tuvieron expectativas en el gobierno libertario. “Esto sugiere que el oficialismo conserva un núcleo firme, pero pierde capacidad de contención sobre votantes más instrumentales o pacientes”, agrega el documento.
Los datos dialogan con otras mediciones recientes. En abril, distintos relevamientos ubican la aprobación en torno al 36%, frente a una desaprobación superior al 60%. En esa línea, la encuesta Espop de la Universidad de San Andrés muestra que la imagen de Milei se mantiene por debajo de la que registraba el ex presidente Mauricio Macri en comparable tramo de gestión, aunque todavía por encima de la de su antecesor, Alberto Fernández.

El deterioro también se verifica en distritos clave. De acuerdo al Observatorio de Psicología Social y Aplicada de la Universidad de Buenos Aires (OPSA/UBA), en el conglomerado AMBA y la provincia de Buenos Aires la aprobación alcanza apenas el 32%, frente a una desaprobación del 68%, lo que arroja un saldo negativo de -36 puntos.
Incluso en Córdoba, uno de los principales bastiones electorales de Milei en 2023, los números muestran un retroceso. Según la consultora Zentrix, la aprobación se ubica en 39,3% contra una desaprobación del 53,4%. Si bien el oficialismo aún conserva niveles de apoyo relativamente competitivos, se trata de valores sensiblemente inferiores a los registrados meses atrás.
Para Berra, el principal riesgo es que el deterioro trascienda lo racional y se convierta en una reacción emocional más profunda. “Cuando la sociedad concluye que la gestión no funciona y, además, siente que quien gobierna la maltrata o la desprecia, el deterioro se vuelve más profundo y menos reversible”, advierte.

En síntesis, el informe de Delfos plantea que el Gobierno enfrenta una dinámica compleja: la aprobación retrocede hacia su núcleo duro —cercano al 30% que respaldó a Milei en las primarias y primera vuelta de 2023—, mientras pierde apoyo en sectores moderados. Con más de la mitad del electorado concentrado en AMBA, provincia de Buenos Aires y Córdoba, el debilitamiento en estos territorios configura un riesgo político relevante para la gestión.








