Cada año, especialmente en fechas clave como el Día del Niño o las fiestas de fin de año, vuelve a instalarse la misma pregunta en los hogares argentinos: ¿por qué los juguetes son tan caros? Un informe reciente del Centro de Investigación en Exportación y Negocios Internacionales (CIEN) aporta datos concretos para entender esta realidad y ubica a la Argentina dentro de un reducido grupo de países que aplican altos impuestos a la importación de juguetes, una política que tiene impacto directo en los precios al consumidor final.
El estudio compara la situación argentina con la de otros 135 países y muestra un escenario elocuente. Mientras que la mayoría de las economías desarrolladas y buena parte de América Latina aplican aranceles bajos o directamente nulos a este tipo de productos, Argentina grava la importación de juguetes con un arancel del 23%, muy por encima del promedio mundial. De hecho, solo 48 países en el mundo aplican aranceles superiores al 20%, mientras que 88 naciones cobran menos del 15% y cerca de uno de cada cuatro países no aplica ningún impuesto de este tipo.
El contraste regional es particularmente llamativo. Chile y Perú, por ejemplo, no aplican aranceles a la importación de juguetes, mientras que Paraguay utiliza la flexibilidad del Mercosur para fijar un impuesto del 6%. Brasil y Uruguay, en tanto, se ubican en el 20%, un nivel que también es elevado pero inferior al que históricamente tuvo la Argentina. Según el informe, el país llegó a aplicar un arancel del 35%, el más alto de la región, tras solicitar una excepción para alcanzar el máximo permitido por la Organización Mundial del Comercio (OMC). Si bien hubo una reducción posterior, Argentina sigue por encima del promedio global.

El informe enumera a los países con mayores aranceles a la importación de juguetes. Allí, Argentina aparece junto a economías como India, Ecuador, Venezuela y varios países africanos. En el otro extremo, se listan los países europeos, que aplican aranceles cercanos al 2%, y naciones como Japón, Israel o Australia, donde la carga impositiva es nula o marginal. Esta brecha explica, en buena medida, por qué un mismo producto puede tener precios muy distintos según el mercado de destino.
La estructura del comercio exterior argentino en este rubro suma otro elemento relevante. El 77,1% de los juguetes importados proviene de China, el principal exportador mundial del sector. Muy por detrás aparecen Pakistán (4%), Vietnam (3,9%) y Estados Unidos (2,5%), seguidos por Brasil, México y algunos países europeos. Dado que China concentra la mayor parte de la oferta, cualquier arancel aplicado a esos productos tiene un efecto inmediato y generalizado sobre los precios internos.
El informe también analiza la evolución de las importaciones de juguetes en los últimos años. En 2024, Argentina importó juguetes por un total de 203 millones de dólares, por debajo de los 250 millones registrados en 2022 y lejos del récord histórico de 401 millones alcanzado en 2017. Sin embargo, los datos parciales de 2025 muestran un repunte significativo: en el primer semestre se observa un crecimiento cercano al 150% en comparación con el mismo período del año anterior, aunque partiendo de una base muy baja.
Desde el CIEN advierten que, pese al aumento reciente, el volumen actual de importaciones sigue siendo inferior al de hace una década. Esto sugiere que la presión impositiva y las restricciones comerciales no solo encarecen los juguetes, sino que también limitan la oferta disponible en el mercado interno, reduciendo la variedad y afectando la competencia.
Las conclusiones del informe son contundentes. Argentina se mantiene dentro del grupo de países que aplican altos aranceles a los juguetes, una política que contribuye a que estos productos sean más caros que en la mayoría de los mercados. Mientras el 65% de los países del mundo cobra menos del 15% y uno de cada cuatro no aplica ningún arancel, el país sigue sosteniendo una estructura impositiva que encarece un bien de consumo masivo, especialmente sensible para los hogares con niños. En un contexto de pérdida de poder adquisitivo, el debate sobre el costo de los juguetes vuelve así a poner en discusión el impacto de los impuestos en los precios cotidianos.





