En un país donde la inflación forma parte de la conversación cotidiana y el dólar funciona como termómetro emocional, el asesor financiero Matías Daghero propone dar vuelta la pregunta que más se repite en sobremesas y reuniones sociales: no qué conviene comprar, sino quién es uno a la hora de decidir qué hacer con el dinero.
La escena que dispara su reflexión es conocida. En medio de un asado, alguien se acerca y consulta casi en secreto: “Tengo unos pesos que me están quemando y unos dólares quietos. ¿Qué compro? ¿Cripto, acciones, qué está subiendo?”. Para Daghero, esa es “la madre de todos los errores financieros”: buscar recetas universales sin entender la propia psicología.
“No existe la mejor inversión. Existe la mejor inversión para vos”, resume. Y agrega una idea que atraviesa todo su planteo: “El dinero es 10% matemática y 90% comportamiento”.
El mito del inversor racional
Durante décadas, la economía clásica sostuvo que las personas toman decisiones racionales para maximizar beneficios. Sin embargo, la economía conductual demostró que las emociones, los sesgos y las experiencias personales pesan más que cualquier planilla.
En la Argentina —con economía bimonetaria, inflación crónica y antecedentes como el corralito— esos condicionamientos se potencian. “Vivimos con traumas financieros colectivos que moldean cómo ahorramos, invertimos o gastamos”, plantea Daghero.
A partir de años de experiencia y cientos de reuniones con clientes, identificó cinco grandes perfiles de personalidad financiera. Detectar en cuál encaja cada persona, sostiene, puede ser la diferencia entre dormir tranquilo o vivir en estrés permanente.
Los cinco perfiles financieros

1. El que vive como si no hubiera mañana
Es el gastador serial. Parte de una lógica que, en el contexto local, parece difícil de discutir: “La plata se derrite, mejor gastarla hoy”. Tarjetas en cuotas, consumo inmediato y poca previsión.
El problema, advierte Daghero, es que “cualquier imprevisto se convierte en una tragedia financiera”. Sin fondo de emergencia ni planificación, el disfrute presente puede hipotecar la libertad futura.
2. El Guardián del Tesoro
Es el ahorrista extremo, muchas veces marcado por crisis pasadas. Acumula dólares físicos y encuentra tranquilidad en tenerlos “a la vista”.
Pero esa sensación de seguridad puede ser engañosa: incluso el dólar pierde poder adquisitivo con el tiempo. “Es el ahorrador que pierde dinero lentamente”, describe el asesor. El miedo a perder impide hacer crecer el capital.
3. El Lobo de la City (versión local)
Persigue el golpe rápido. Compra lo que está de moda —cripto, acciones tecnológicas, lo que sube— y vende ante la primera caída. Confunde inversión con apuesta.
“Como en el casino, la casa siempre gana”, grafica Daghero. La falta de estrategia y diversificación convierte la volatilidad en un riesgo constante.
4. El Ingeniero del Excel
Planificador obsesivo, controla cada gasto y proyecta cada ingreso. Sin embargo, puede caer en la “parálisis por análisis”: tanto cálculo retrasa decisiones y hace perder oportunidades.
Busca el plan perfecto en un mercado imperfecto, y esa búsqueda puede jugarle en contra.
5. El “No me hables de plata”
Es el perfil evitativo. No revisa resúmenes bancarios ni sabe cuánto gasta al mes. Delega por omisión y suele aceptar productos financieros poco convenientes por desconocimiento.
“La ignorancia no te exime de las consecuencias”, advierte el asesor. Este perfil suele llegar a la jubilación sin planificación ni respaldo.
Un test para detectar el ADN financiero
Con esa tipología como base, Daghero desarrolló junto a Closing Bell Advisors un Test de Personalidad Financiera de 15 preguntas.
La herramienta, inspirada en metodologías internacionales como las de Dave Ramsey pero adaptada a la realidad argentina, no indaga en ingresos ni datos bancarios. Se centra en reacciones y emociones frente a situaciones cotidianas: qué se hace si se rompe la heladera, qué se siente al tener pesos en la mano o cómo se reacciona ante una caída del mercado.
“El mejor plan financiero es el que podés cumplir. De nada sirve uno matemáticamente perfecto si psicológicamente no lo bancás”, sostiene Daghero.
El test busca ser un primer paso hacia un asesoramiento más personalizado. La premisa es clara: antes de intentar adivinar qué hará el dólar mañana, conviene entender cómo reaccionamos nosotros frente al riesgo, la incertidumbre y la tentación.
En un contexto donde abundan recomendaciones generales y fórmulas mágicas, la propuesta pone el foco en algo menos visible pero determinante: el propio comportamiento. Porque, como resume el asesor, “si no corregís el comportamiento con poco dinero, el dinero extra solo va a magnificar tus errores”.





