En un mundo marcado por una transformación sin precedentes —geopolítica, económica y tecnológica—, Argentina se enfrenta a una doble transición: una reconversión macroeconómica interna y la necesidad de insertarse competitivamente en una industria automotriz global que ya cambió de reglas. Bajo esta premisa, los economistas Alfonso Prat-Gay y Dante Sica participaron del Foro Internacional Automotriz Córdoba, analizando los riesgos y oportunidades que enfrenta el sector, con una mirada sobre el contexto local e internacional.
Prat-Gay no dudó en calificar el contexto global como un “cambio de régimen”, sin precedentes desde la caída del Muro de Berlín. La gran disrupción —advirtió— proviene del propio centro hegemónico: Estados Unidos, hoy bajo la impronta de Donald Trump, quien dinamita las instituciones, introduce una alta volatilidad comercial e impone aranceles impredecibles, como el reciente caso del cobre. “Es muy difícil planificar así”, lamentó el economista.
Mientras tanto, China emerge como “pilar de estabilidad”, tanto por su previsibilidad como por su peso creciente: ya concentra el 60% del mercado de autos eléctricos. Para Dante Sica, esa capacidad de liderazgo se apalanca en su visión estratégica: “China quiere ser creíble y estable”, lo que contrasta con el repliegue occidental.

Argentina: en tránsito hacia un nuevo modelo
En lo local, Prat-Gay remarcó que Argentina “está en transición hacia algo mejor”, aunque advirtió que el punto de llegada aún es incierto. El país sigue enfrentando restricciones severas: inflación persistente, riesgo país elevado, falta de acceso a los mercados de deuda y relaciones regionales deterioradas.
El talón de Aquiles es la macroeconomía: la carga de vencimientos externos (más de 20.000 millones de dólares anuales), las reservas netas negativas y una economía aún cerrada ponen en jaque la estabilidad necesaria para atraer inversiones y competir globalmente.
Radiografía de un sector clave: entre el atraso y el potencial
Para Sica, la industria automotriz global atraviesa el mayor cambio en 100 años. La transición es total: de motores, acero y nafta a un ecosistema de software, inteligencia artificial y electrificación. En ese nuevo mapa, Argentina llega tarde y con desventajas estructurales. “Tenemos que correr tres carreras a la vez: adaptarnos internamente, al contexto global y a la tecnología”, subrayó.
Si bien la demanda doméstica se reactivó parcialmente en 2023, el estancamiento de la producción en 2024 refleja la falta de señales claras hacia un crecimiento sostenido. La matriz productiva, excesivamente dependiente del mercado externo, y la baja escala generan ineficiencias que impactan en toda la cadena.
No obstante, hay un nicho de especialización en el que Argentina ya es relevante: pickups y vehículos comerciales, donde es el cuarto productor mundial. Potenciar ese perfil puede ser clave para ganar escala y competitividad.

Competitividad, inversión y talento: claves para el futuro
Tanto Prat-Gay como Sica coincidieron en que las oportunidades existen, pero se necesita un marco más favorable para aprovecharlas. Las nuevas tendencias globales —como el friend-shoring, el cambio climático o la inteligencia artificial— revalorizan los recursos naturales y el conocimiento regional. “Argentina tiene los cuatro ecosistemas estratégicos: minero, alimentario, energético y servicios basados en el conocimiento”, destacó Sica.
Pero sin reformas estructurales, difícilmente el país pueda insertarse con éxito. La carga impositiva, los créditos fiscales no devueltos (por más de US$ 1.000 millones), y una formación de talento insuficiente son trabas para que la industria avance. A eso se suma un entramado institucional frágil, marcado por inestabilidad y falta de previsibilidad.
Mercosur y Brasil: una relación a revisar
El acuerdo automotriz con Brasil —que vence en 2027— será un punto álgido. Las políticas industriales incompatibles entre ambos países (Brasil con subsidios e incentivos, Argentina con restricciones) generan tensiones crecientes. Brasil ya avanzó en reformas laborales e impositivas, lo que le da una ventaja competitiva que Argentina aún no tiene.
Reforma, consenso y visión de largo plazo
Los disertantes hicieron hincapié en la necesidad de una agenda de reformas —impositivas, laborales y productivas— que se construya en consenso entre el sector privado, los sindicatos y los distintos niveles de gobierno. No se trata solo de aumentar la producción, sino de garantizar la sustentabilidad de toda la cadena de valor, desde autopartistas hasta concesionarios, que también deben reconvertirse.
Además, es clave mejorar la competitividad sistémica para que la industria automotriz argentina no solo sobreviva, sino que se inserte en las nuevas cadenas globales de valor. Y hacerlo con una estrategia exportadora, aprovechando las fortalezas regionales.





