La sustentabilidad dejó de ser un complemento corporativo para transformarse en una condición central de competitividad. En ese camino, Porta construyó un modelo donde la innovación industrial, la economía circular y la eficiencia operativa forman parte de la misma estrategia. Para la compañía, el desafío no es solamente producir más, sino hacerlo con impacto positivo en lo social, ambiental y económico.
“En Porta la sustentabilidad está en nuestro ADN”, resume Yamila Bianco, jefa de Medio Ambiente de la empresa. La definición no es simbólica: como Empresa B certificada, cada iniciativa debe atravesar un filtro de triple impacto antes de avanzar. “Si un proyecto no genera equilibrio entre lo económico, lo social y lo ambiental, directamente no se implementa”, explica.
Ese enfoque atraviesa todas las áreas de la organización. Desde ingeniería y producción hasta compras y mantenimiento, los proyectos son diseñados bajo criterios de economía circular, eficiencia energética y reducción de emisiones. El objetivo final es ambicioso: minimizar la huella de carbono y alcanzar cero residuos.
Uno de los ejemplos más representativos de esa lógica es el aprovechamiento integral del maíz, principal materia prima de la empresa. A partir de un solo grano, Porta obtiene más de 70 productos y subproductos, evitando descartes y generando nuevas cadenas de valor.
En ese proceso, la compañía logró desarrollar un sistema de captura de CO₂ biogénico proveniente de la fermentación natural del maíz. El gas, que originalmente sería liberado a la atmósfera, es capturado, purificado y reutilizado en industrias alimenticias y de bebidas gaseosas.
“Trabajamos constantemente para encontrar oportunidades donde un residuo deje de ser un descarte y se transforme en recurso para otra industria”, señala Bianco. Esa visión permitió que Porta alcanzara en 2025 el objetivo de cero enterramiento de residuos, a partir de alianzas estratégicas con otras organizaciones y esquemas de valorización de materiales.
La sustentabilidad también se mide. Desde hace más de seis años, la empresa desarrolla junto al INTI y al INTA la medición de su huella de carbono corporativa, lo que le permite establecer planes concretos de reducción de emisiones y eficiencia.
Entre los hitos más relevantes aparece la certificación de la Declaración Ambiental de Producto (EPD) para su concentrado de proteína de soja, una acreditación inédita a nivel mundial dentro de esa categoría.
“Las certificaciones internacionales nos permiten validar procesos, medir resultados y sostener una mejora continua”, sostiene Bianco. En esa línea, Porta avanza ahora en la implementación de un sistema de gestión energética con vistas a certificar la norma ISO 50001.

La eficiencia hídrica es otro de los ejes centrales. La empresa reutiliza corrientes de agua de proceso en circuitos cerrados para reducir el consumo y minimizar la generación de efluentes, incluso bajo estándares internos más exigentes que los requeridos por la legislación vigente.
Más allá de la operación industrial, Porta también impulsa una estrategia de vinculación con universidades, organizaciones y empresas para potenciar la innovación colaborativa. A través de programas de puertas abiertas, la compañía recibe de manera permanente a estudiantes, instituciones educativas y actores del ecosistema productivo para compartir experiencias y prácticas ambientales.
“Entendemos que la sustentabilidad se construye de manera colectiva y con alianzas”, afirma Bianco. En ese sentido, la ejecutiva destaca que en Córdoba existe una creciente articulación entre empresas e instituciones interesadas en acelerar procesos de transformación sustentable.
De cara a 2026, la agenda de Porta profundizará tres frentes principales: reducción de emisiones, economía circular y trabajo sobre la cadena de valor. Entre los proyectos en análisis aparece el desarrollo de oportunidades vinculadas al mercado de bonos de carbono a partir del CO₂ biogénico capturado durante la fermentación.
Además, la empresa busca avanzar en nuevas alternativas de valorización energética de residuos y fortalecer el trabajo con productores agrícolas para reducir la huella de carbono de las materias primas desde el origen.
Para Bianco, el cambio cultural ya comenzó dentro del sector productivo. “Cada vez más empresas entienden que la sustentabilidad no es un gasto sino una inversión necesaria para sostenerse en el tiempo”, concluye.

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