La industria de la construcción atraviesa uno de los momentos más delicados de los últimos años. Aunque la caída parece haberse frenado, el sector permanece en niveles históricamente bajos, configurando un escenario de estancamiento que combina parálisis nacional, estrategias de contención provincial y fuertes limitaciones estructurales.
“El sector dejó de caer, pero no logra recuperarse”, resume Gustavo Weiss, presidente de la Cámara Argentina de la Construcción, al describir una actividad que, tras desplomarse cerca de un 25% entre mediados de 2023 y 2024, hoy muestra una evolución plana, sin señales claras de rebote. “Las variaciones son marginales, no indican un cambio de ciclo”, advierte.

Ese diagnóstico coincide con el análisis de Norberto Petrelli, vicepresidente de la Cámara de la Construcción Córdoba, quien observa una realidad dual: mientras la obra pública nacional está “virtualmente extinta”, algunas provincias intentan sostener el nivel de actividad mediante mecanismos de administración financiera.
A nivel federal, el panorama es crítico. No solo no se inician nuevos proyectos, sino que muchas obras quedaron paralizadas y con pagos adeudados. “El nivel de obra pública es muy bajo y eso impacta directamente en toda la cadena”, señala Weiss. Históricamente, este componente funcionó como motor del sector, especialmente en infraestructura, por lo que su ausencia limita cualquier posibilidad de recuperación rápida.

Frente a este escenario, Córdoba intentó desplegar una estrategia distinta. Sin capacidad para sostener el ritmo de inversión, el gobierno provincial optó por ralentizar obras en lugar de cancelarlas. “Se reprograman plazos para reducir el impacto financiero mensual, pero los proyectos siguen en marcha”, explica Petrelli. Este esquema permite sostener empleo y actividad, aunque a menor velocidad.
Entre las iniciativas emblemáticas aparece la Circunvalación de Río Cuarto, que refleja el esfuerzo por mantener la inversión en infraestructura aun en un contexto restrictivo. Sin embargo, estas políticas no alcanzan a compensar el freno nacional ni a revertir la tendencia general del sector.
Uno de los efectos más preocupantes de este freno es el deterioro de la infraestructura existente. La falta de mantenimiento en rutas nacionales, advierte Petrelli, responde a un “ahorro mal entendido” que puede derivar en costos mucho mayores a futuro. “El deterioro es exponencial: cuanto más se demora el mantenimiento, más caro resulta recuperar las rutas”, señala.

El impacto es múltiple: aumenta la siniestralidad vial, se encarece la logística —clave en un país que depende del transporte por carretera— y se produce una pérdida de capital físico que, en algunos casos, puede volverse irreversible. A esto se suma que gran parte de la red vial no puede sostenerse mediante peajes, debido al bajo volumen de tránsito.
El otro gran frente crítico es la vivienda. El déficit habitacional supera los 3,2 millones de unidades a nivel nacional y ronda las 230 mil en Córdoba, con una porción significativa que requiere construcción nueva. Sin embargo, el acceso a la vivienda sigue siendo limitado.
“El principal problema es la falta de crédito hipotecario accesible”, sostiene Weiss. Los bancos, explica, operan con depósitos de corto plazo, lo que dificulta ofrecer financiamiento a 20 o 30 años. Si bien reaparecieron líneas como los créditos UVA, su impacto es acotado. “Se otorgaron unos 40 mil créditos, una cifra que no mueve la aguja a nivel macro”, afirma.

A esta limitación se suma la pérdida de atractivo para los desarrollos privados. El modelo de construcción “en pozo”, históricamente utilizado como refugio de valor, dejó de ser rentable: los costos actuales superan los precios que el mercado está dispuesto a pagar, lo que desalienta nuevos proyectos.
En este contexto, el sector mantiene canales de diálogo abiertos con el Gobierno nacional, ahora bajo la órbita del Ministerio de Economía. Según Weiss, existe comprensión del problema, pero las restricciones del esquema macroeconómico limitan la capacidad de respuesta. “Hay diagnóstico, pero faltan herramientas para revertirlo en el corto plazo”, resume.
Las consecuencias ya se sienten en el empleo. La construcción, uno de los sectores más intensivos en mano de obra, registra una pérdida sostenida de puestos de trabajo, en línea con la retracción de la actividad.
De cara a lo que resta del año, las perspectivas no anticipan un cambio significativo. “El sector no va a empeorar sustancialmente, pero tampoco hay condiciones para crecer”, sostiene Weiss.
Así, la construcción —históricamente un termómetro de la economía— permanece en una meseta de baja actividad. Entre la ausencia de obra pública, el crédito restringido y la baja rentabilidad privada, el sector enfrenta un escenario donde la estabilidad no es sinónimo de recuperación, sino la consolidación de un freno que, por ahora, no encuentra salida.








