“Cuando el país esté más acomodado, empiezo a invertir”. La frase se repite desde hace años entre profesionales y ahorristas argentinos que, frente a cada crisis económica, prefieren esperar señales de estabilidad antes de mover sus dólares. Pero según el análisis del asesor financiero Matías Daghero, esa cautela tiene un costo mucho más alto de lo que muchos imaginan.
El argumento aparece una y otra vez en distintos contextos: la corrida cambiaria de 2018, la pandemia en 2020, la inflación récord de 2022 y 2023 o incluso las elecciones legislativas de 2025. Sin embargo, el planteo central de Daghero es que nunca existe un “momento perfecto” para comenzar a invertir y que, mientras se espera, el capital pierde la oportunidad de generar rendimiento.
El precio de tener dólares inmovilizados
Daghero pone como ejemplo a quienes conservan US$ 100.000 en efectivo, en una caja de seguridad o en cuentas con rendimientos mínimos. Con una rentabilidad promedio histórica del 9% anual en dólares —tomando como referencia el desempeño del índice S&P 500 durante el último siglo—, ese capital podría generar alrededor de US$ 9.000 anuales.
Traducido a la vida cotidiana, significa dejar de ganar aproximadamente US$ 23 por día o US$ 721 por mes simplemente por no invertir. En el caso de un patrimonio de US$ 200.000, la cifra asciende a US$ 18.000 anuales.

“El capital invertido trabaja aunque vos no lo hagas. Cuando no está invertido, ese trabajo no ocurre”, sostiene Daghero.
El impacto del tiempo en la acumulación de patrimonio
Uno de los puntos centrales del análisis es el efecto del interés compuesto a largo plazo. Daghero ejemplifica con el caso de un profesional de entre 40 y 50 años que cuenta con ahorros importantes, pero posterga su ingreso al mercado esperando mayor estabilidad económica.
Según sus cálculos, una persona de 45 años con US$ 200.000 invertidos al 9% anual podría alcanzar cerca de US$ 1,12 millones a los 65 años.
En cambio, si decide esperar cinco años y comenzar recién a los 50, el capital proyectado a los 65 años cae a unos US$ 728.000.
La diferencia ronda los US$ 392.000 menos de patrimonio acumulado y un ingreso mensual considerablemente inferior durante la jubilación. Para Daghero, no se trata de números abstractos, sino de decisiones que impactan directamente sobre la calidad de vida futura.
Empezar antes vale más que aportar más
Otro de los ejemplos planteados compara el efecto de invertir US$ 1.000 mensuales a distintas edades. El análisis muestra que comenzar a los 35 años genera un patrimonio hasta nueve veces superior al de alguien que inicia recién a los 55, aun realizando exactamente el mismo aporte mensual.
“El mismo instrumento, el mismo aporte mensual. Lo único que cambia es el tiempo”, resume el especialista.
El miedo a las caídas del mercado
Daghero también aborda uno de los principales temores de los inversores conservadores: ingresar al mercado justo antes de una caída.
Recuerda que el mercado estadounidense atravesó desplomes históricos como la crisis financiera de 2008, la caída abrupta durante la pandemia en 2020 o la corrección de 2022. Sin embargo, destaca que, en todos los casos, el mercado terminó recuperándose y alcanzando nuevos máximos históricos en el largo plazo.
Para el asesor, el verdadero problema no es la volatilidad, sino verse obligado a vender en el peor momento por falta de liquidez. Por eso recomienda construir previamente un fondo de emergencia equivalente a entre tres y seis meses de gastos mensuales en instrumentos líquidos y estables.
“La solución no es no invertir: es tener un colchón financiero que permita atravesar las caídas sin necesidad de vender”, concluye.







