Argentina transita desde diciembre de 2023 un “puente a la estabilidad” que, según el economista Esteban Domecq, combina avances significativos con desafíos pendientes que marcarán el rumbo de los próximos años. El diagnóstico, afirma, debe hacerse bajo una doble óptica: el corto plazo —con la vista puesta en las elecciones del 26 de octubre— y el largo plazo, donde se juega la posibilidad de dejar atrás décadas de inestabilidad.
En su análisis, Domecq recuerda que la economía argentina “no crece hace 15 años” y que los ciclos recesivos se han vuelto cada vez más frecuentes. El déficit fiscal crónico fue la regla histórica, con escasos episodios de superávit. Sin embargo, el ajuste de 2023 permitió volver al “verde” y se espera cerrar 2025 nuevamente con equilibrio.
En el frente inflacionario, la caída es notoria: de un 290% anual el año pasado a un 36% interanual en los últimos datos. “Después de picos de 12% mensual que llegaron a 25%, hoy hablar de inflación de uno y pico por mes es un éxito rotundo”, subraya.

El actual esquema de estabilización descansa sobre tres pilares:
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Fisco firme, con avances claros.
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Financiamiento, con mejoras pese a que Argentina “no tiene crédito”.
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Banco Central, todavía pendiente de saneamiento en reservas, balance y política cambiaria.
Pero los condicionantes son fuertes. La política, el contexto internacional adverso y la falta de crédito externo limitan el margen de maniobra. “Si no se arregla la economía, no se arregla la política. Pero si no se arregla la política, tampoco se arregla la economía”, sintetiza Domecq.
Actividad: recuperación corta y cuatro velocidades
La economía exhibe una recuperación tras la pandemia, pero con techo bajo. El PBI crecería alrededor del 5% este año, después de haber caído 3% en 2024 y 9% en 2023. Aun así, Domecq advierte que es “una ilusión óptica”, ya que no hay cambios estructurales.
El panorama sectorial se divide en cuatro velocidades:
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Arriba: petróleo, minería, gas, real estate.
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Rebote fuerte: autos, motos, sistema financiero, turismo emisivo.
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Velocidad media: turismo interno y servicios.
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Anémicos: textil, calzado, industria del conocimiento, turismo receptivo.
El empleo crece lentamente, con desempleo estable en torno al 8%, pero el ajuste pasa por los ingresos: “la crisis es de poder adquisitivo, no de empleo”, puntualiza.

Competitividad y largo plazo
Los índices internacionales ubican a la Argentina en posiciones muy bajas en materia de competitividad: 126 sobre 190 países según el Banco Mundial, y 66 de 67 en el ranking IMD.
Para Domecq, el camino es claro y consta de tres andariveles: Estabilización (ya avanzada); reformas estructurales pro-inversión y pro-productividad, que son “la carrera más importante” y apertura económica, que ya muestra un incremento del 40% en importaciones.
Sin embargo, advierte que abrir la economía sin reformas estructurales genera una “tensión insostenible”.
El día después de octubre
El escenario post-electoral abre una bifurcación: la continuidad del programa con financiamiento externo, que permitiría crecer 3 o 4% anual, o un estancamiento con tasas cercanas a cero o negativas si no se accede al crédito.
“Hay tres Argentinas muy diferentes según el resultado electoral”, advierte Domecq. El rol del mercado, la posibilidad de acceder a financiamiento y la capacidad de acelerar reformas estructurales serán determinantes.
El diagnóstico final es contundente: el norte de la estabilidad y las reformas “es innegociable”. La discusión no es el destino, sino el cómo. En palabras de Domecq, el puente actual ofrece una oportunidad histórica, pero el verdadero camino recién comienza después de las urnas.








