La cadena de electrodomésticos Pardo bajó las persianas de su sucursal en Río Cuarto, en una decisión que tomó por sorpresa a sus trabajadores -según informó la Asociación Gremial de Empleados de Comercio (AGEC)-. Los empleados se enteraron de la situación al presentarse a trabajar y encontrar el local cerrado.
El local había sido inaugurado en 2021 y, de acuerdo al gremio, ya venía atravesando un proceso de achicamiento en los últimos meses. Además, se registró el cierre de otra sucursal en General Deheza, en línea con una estrategia de reducción de estructura que la firma también aplicó en otras provincias.
En cuanto a la situación laboral, José Luis Oberto, secretario gremial del sindicato, señaló a Puntual que la empresa inicialmente planteó indemnizaciones por debajo de lo establecido, aunque finalmente se acordó el pago total. “Logramos que abonen el 100% como corresponde y que envíen los telegramas para que los trabajadores accedan al fondo de desempleo y la obra social”, indicó.
Un escenario que excede a una empresa
Desde el gremio insisten en que el caso de Pardo no es aislado, sino que refleja un problema extendido en el comercio. “Las cadenas plantean que bajaron mucho las ventas y que no les cierran los números. No es la única empresa en esta situación”, advirtió Oberto.
El dirigente vinculó directamente los cierres con la pérdida de poder adquisitivo y el cambio en las prioridades de consumo. En este marco, sostuvo que «hoy la gente compra comida con tarjeta de crédito, ya no compra electrodomésticos». Y agregó: «El sector que puede acceder es muy chico”.
En esa línea, remarcó que el impacto se observa en distintos rubros. “Cuando uno recorre el centro ve los negocios vacíos -indicó-. Son muy pocos los sectores que no están peor. Incluso supermercados y casas de comida venden menos”.
Consumo en caída y crédito restringido
El contexto del sector muestra un deterioro sostenido. En el último trimestre de 2025, las ventas de electrodomésticos registraron una caída interanual del 18,6%, con retrocesos en todas las categorías.
El principal límite pasó a ser el ingreso disponible de los hogares. A esto se suma el deterioro del financiamiento, un pilar histórico del negocio. La morosidad en el sector creció desde niveles cercanos al 15% hasta superar el 40%, lo que restringe el acceso al crédito y encarece las condiciones de financiación.
Este escenario impacta de lleno en la operatoria de las cadenas, que ven reducidos sus ingresos y enfrentan mayores costos en un contexto de ventas en retroceso.
Un modelo en tensión
El cierre de sucursales, la reducción de estructuras y los procesos de reorganización se repiten en distintas empresas del rubro. Casos como los de Frávega y Garbarino ya habían anticipado las dificultades de un sector que históricamente se apoyó en el consumo financiado y en la expansión de locales físicos.
En tanto, el ajuste en puntos de venta aparece como una de las principales respuestas para reducir costos operativos. Sin embargo, desde el sector advierten que la evolución del consumo y del crédito será determinante para definir si la actividad logra estabilizarse o continúa profundizando su caída.
“El salario se cae y eso impacta directamente en el consumo y en la continuidad de los comercios”, concluyó Oberto.








