El reciente ataque de Estados Unidos contra Irán representa, para el analista internacional Iván Ambroggio, un quiebre histórico en el sistema internacional. “Estamos ante el colapso definitivo del orden global establecido después de 1945”, afirma el especialista en Defensa en Estados Unidos y docente de Ciencia Política.
En su análisis, sostiene que no se trata de un episodio aislado, sino de un punto de inflexión que acelera una transformación estructural del equilibrio de poder mundial, con implicancias directas en la legalidad internacional, la economía global y la seguridad de países como Argentina.
El fin del orden nacido en 1945
Para Ambroggio, el bombardeo estadounidense no solo constituye un hecho militar, sino un golpe directo al sistema multilateral surgido tras la Segunda Guerra Mundial. A su entender, la acción vulnera el Artículo 51 de la Carta de la Organización de las Naciones Unidas, que establece que la legítima defensa solo es válida ante un ataque inminente y debe ser proporcional.
“No existe evidencia empírica de un ataque previo por parte de Irán que justifique esta respuesta”, remarca. Además, advierte que el Ejecutivo estadounidense habría actuado sin la aprobación del Congreso, lo que implicaría una transgresión a la cláusula de guerra prevista en la Constitución de ese país.
El impacto no es únicamente jurídico. También se reportan denuncias por bombardeos sobre infraestructura civil, lo que abre interrogantes en materia de derecho internacional humanitario. “Se está desmantelando en tiempo real el andamiaje normativo que sostuvo la estabilidad global durante casi ocho décadas”, sostiene.
El impacto en la economía mundial
El conflicto también golpea el corazón del sistema energético global. El bloqueo del Estrecho de Ormuz —por donde circula aproximadamente una cuarta parte del petróleo mundial— generó una inmediata reacción en los mercados.
El precio del crudo y del gas se disparó, especialmente en Europa, mientras las bolsas registraron caídas y los inversores buscaron refugio en activos como el dólar y el oro. “Cuando se interrumpe un punto neurálgico como Ormuz, el impacto es sistémico. No hay economía que quede al margen”, advierte Ambroggio.
Para el especialista, este escenario consolida una dinámica de “guerra mundial fraccionada”, en la que conflictos regionales generan efectos en cadena sobre el comercio, la energía y la estabilidad financiera internacional.
Argentina ante un nuevo tablero
En este contexto, Ambroggio considera que la política exterior argentina atraviesa un giro significativo. Históricamente, el país mantuvo una posición de equilibrio diplomático, reconociendo al Estado de Israel en 1949 y posteriormente al Estado palestino. El alineamiento explícito actual con el eje Estados Unidos–Israel implica, a su juicio, una ruptura con esa tradición.
“Argentina vuelve a posicionarse en un escenario de alta exposición. El alineamiento puede traducirse en riesgos de seguridad, especialmente ante eventuales acciones de actores no estatales”, señala.

En el plano económico, el impacto es dual. Por un lado, la crisis energética global podría abrir oportunidades para el desarrollo de Vaca Muerta. Por otro, el aumento del precio del petróleo presionará sobre los costos logísticos y los precios internos, afectando al consumo y a la industria. “La volatilidad global siempre termina filtrándose en la economía doméstica”, apunta.
Una “tercera Guerra Mundial fraccionada”
Ambroggio también observa incentivos internos detrás de la escalada. En Estados Unidos, el expresidente Donald Trump buscaría fortalecer su capital político de cara a las elecciones de medio término, al tiempo que figuras como Marco Rubio consolidan posiciones de línea dura. En Israel, el primer ministro Benjamín Netanyahu habría capitalizado el contexto de guerra para reforzar su liderazgo.
“El conflicto externo suele funcionar como mecanismo de cohesión interna en momentos de fragilidad política”, analiza.
De cara al futuro, el especialista anticipa un escenario prolongado de inestabilidad, con enfrentamientos indirectos, atentados y disputas regionales en lugar de guerras convencionales entre grandes potencias. El respaldo de actores como China y Rusia a Irán complejiza aún más el panorama.
“No veremos necesariamente ejércitos tradicionales enfrentados en grandes campos de batalla. Veremos atentados, ataques a embajadas, conflictos regionales de nuevo tipo”, anticipa.
“El mundo que conocimos después de 1945 está dejando de existir. Entramos en una etapa de mayor fragmentación y violencia, con consecuencias imprevisibles”, concluye Ambroggio.








