El fuerte crecimiento de las exportaciones argentinas durante 2026 permitió alcanzar uno de los mejores resultados comerciales de los últimos años. Sin embargo, desde el Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA) sostienen que el éxito de las cuentas externas no debe ocultar los problemas estructurales que siguen afectando a gran parte de la economía y advierten que el próximo paso debe ser la modernización de las instituciones económicas para mejorar la competitividad.
Según el análisis de la entidad, durante los primeros cinco meses del año la balanza comercial registró un saldo positivo de niveles históricos, impulsado por una combinación de factores que incluyó una fuerte expansión de las exportaciones y una reducción de las importaciones.
El informe destaca que a los tradicionales ingresos de divisas provenientes de la cosecha agrícola se sumó este año el creciente aporte de las exportaciones de hidrocarburos desde Vaca Muerta. El buen desempeño del sector agropecuario, favorecido por condiciones climáticas favorables, y el impulso que generó el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) en energía aparecen como dos de los principales motores detrás de este resultado.
A ello se agrega, según IDESA, el impacto positivo que tuvo el ajuste fiscal sobre las cuentas externas. La entidad sostiene que históricamente los desequilibrios fiscales alimentaban aumentos del consumo y de la demanda de divisas, generando crisis recurrentes de balanza de pagos que terminaban en devaluaciones y restricciones cambiarias. Con equilibrio fiscal y menor gasto público, argumenta el instituto, la presión sobre el mercado cambiario disminuye y las cuentas externas tienden a estabilizarse.
Exportaciones en alza, inversión productiva en baja
No obstante, el informe advierte que una mirada más detallada sobre la composición del comercio exterior revela señales de alerta.
Entre enero y mayo de 2026, la cantidad de productos primarios exportados creció un 32% respecto al mismo período del año anterior, mientras que las exportaciones de combustibles y energía aumentaron un 34%.
En contraste, las importaciones de bienes de capital registraron una caída del 14% y las compras externas de piezas y accesorios para esos equipos se redujeron un 31%.
Para IDESA, esta dinámica resulta preocupante porque ocurre en un contexto donde la economía necesita aumentar su productividad. La entidad señala que el ingreso de divisas generado por el boom exportador contribuye a abaratar el dólar, lo que deteriora la competitividad de otros sectores productivos y desalienta inversiones vinculadas a la incorporación de tecnología y equipamiento.
«Resulta paradójico que en una instancia donde apremia aumentar la productividad, las importaciones de bienes de capital registren una tendencia contractiva», sostiene el documento.

El desafío de la competitividad
El instituto considera que la expansión exportadora basada en recursos naturales no alcanza para resolver los problemas estructurales de competitividad que enfrentan sectores tradicionales como la industria manufacturera.
Según el análisis, el auge de actividades como los hidrocarburos y, próximamente, la minería, se explica en gran medida porque operan bajo el paraguas del RIGI, un régimen que funciona como una excepción frente a las debilidades institucionales que afectan al resto de la economía.
Entre esas limitaciones menciona la persistencia de restricciones cambiarias, la carga de impuestos considerados distorsivos, la inseguridad jurídica y la falta de previsibilidad.
Desde esa perspectiva, IDESA sostiene que la solución no pasa por una nueva devaluación ni por extender regímenes especiales a sectores particulares, sino por avanzar en reformas que permitan ofrecer condiciones similares a toda la economía.
Reformas pendientes
Entre las medidas que propone la entidad se encuentran la normalización definitiva del sistema cambiario mediante la eliminación total del cepo, la consolidación de un régimen bimonetario y el fortalecimiento de la independencia del Banco Central.
También plantea una profunda reforma tributaria, con un esquema en el que el IVA absorba tributos provinciales y municipales sobre las ventas, como Ingresos Brutos y las tasas locales.
A su vez, remarca la necesidad de mejorar la infraestructura de transporte y logística para reducir costos y facilitar el comercio interno y externo, especialmente para actividades urbanas que no cuentan con las ventajas naturales de sectores como el agro o la energía.
Del equilibrio fiscal a la competitividad
Para IDESA, el equilibrio fiscal representa un paso fundamental para evitar las crisis recurrentes de balanza de pagos que marcaron gran parte de la historia económica argentina. Sin embargo, advierte que la estabilidad macroeconómica por sí sola no será suficiente para garantizar un crecimiento sostenido.
«La producción nacional necesita un marco institucional más competitivo», concluye la entidad, al señalar que el desafío de la próxima etapa será extender al conjunto de la economía las condiciones que hoy permiten el desarrollo de sectores como la energía y la minería. De esa manera, sostiene, será posible generar más inversión, aumentar la productividad y potenciar la creación de empleo privado de calidad.







