La desaceleración inflacionaria dejó de ser un capital político sólido para el gobierno de Javier Milei. Aunque el índice de precios mostró en abril una suba mensual de 2,6%, el dato no logró recomponer las expectativas sociales ni recuperar la confianza en la narrativa económica oficial. Por el contrario, distintas encuestas nacionales reflejan un deterioro creciente en la percepción pública sobre la capacidad del oficialismo para controlar la inflación y mejorar la situación económica.
Según el último análisis de la consultora Delfos, elaborado por Norman Berra, dos de cada tres argentinos no creen que el Gobierno pueda seguir reduciendo la inflación, mientras apenas un 29% mantiene expectativas positivas. El estudio sostiene que el optimismo alcanzó un piso histórico, equivalente al núcleo duro electoral de La Libertad Avanza.
El dato adquiere relevancia en un contexto en el que la inflación acumulada en el primer cuatrimestre de 2026 ya llegó al 12,3%, superando la previsión oficial contemplada en el presupuesto nacional, que proyectaba 10,1% para todo el año. En términos interanuales, el Índice de Precios al Consumidor difundido por INDEC marcó un incremento del 32,4%.
Desde Delfos advierten que el problema no se limita al deterioro económico, sino a una pérdida de credibilidad más profunda. “Cuando más de siete de cada diez dicen no creer en la inflación del Indec y dos tercios no creen que el Gobierno pueda reducirla aún más, se rompe una pieza clave del dispositivo político libertario: la idea de que, aunque cueste, ‘lo peor ya pasó’”, señala el informe.
La crisis de confianza tras la salida de Marco Lavagna
El punto de inflexión se habría producido en febrero de 2026, cuando el Gobierno decidió frenar la actualización metodológica prevista para el cálculo inflacionario. La decisión derivó en la salida de Marco Lavagna al frente del organismo estadístico.
Desde entonces, la desconfianza hacia los datos oficiales se profundizó. Según Delfos, entre febrero y abril el porcentaje de argentinos que no cree en las cifras del Indec pasó del 59% al 72%, mientras que la confianza cayó nueve puntos porcentuales en el mismo período.
La percepción negativa también aparece reflejada en otras consultoras. Una medición reciente de QMonitor reveló que casi dos tercios de los encuestados consideran que el Gobierno no está logrando controlar la inflación, mientras apenas un 29% cree lo contrario.
En paralelo, el 73% de los consultados afirmó que los precios aumentaron “mucho” o “bastante” durante el último mes. El nivel de optimismo sobre la evolución de los precios no logra perforar el umbral del 30% desde comienzos de año.
La inflación vuelve al centro de las preocupaciones sociales
Tras varios meses en los que la agenda pública estuvo dominada por otros temas, la inflación volvió a posicionarse entre las principales preocupaciones ciudadanas.
La última Encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública de Universidad de San Andrés mostró que el aumento de precios representa el 22% de las preocupaciones sociales, mientras que estudios de la consultora Reale-Dalla Torre ubican a la inflación dentro del top cinco de problemas más mencionados, con alrededor del 35% de referencias.
En la misma línea, un relevamiento de Atlas Intel y Bloomberg detectó un rebote de las menciones vinculadas a inflación y altos precios desde febrero, consolidando nuevamente el tema entre las principales inquietudes de la población.
Desinflación por recesión
Otro de los ejes centrales del análisis es el cuestionamiento sobre la calidad de la desaceleración inflacionaria. Para distintas consultoras, la baja relativa de la inflación no estaría asociada a una recuperación económica, sino a la caída del consumo y del poder adquisitivo.
El más reciente informe del Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas había anticipado días antes una inflación de 2,63% para abril, prácticamente en línea con el dato oficial.
“El proceso actual no responde a una recuperación económica, sino a una contracción del consumo”, sostuvo el documento, que además advirtió sobre el impacto de la persistencia inflacionaria y la caída del salario real sobre los hogares de ingresos medios y bajos.
En ese marco, la idea de una “desinflación virtuosa” comienza a perder sustento social. Delfos concluye que el Gobierno no sólo enfrenta un desgaste en el presente, sino también una erosión de su capacidad para construir expectativas positivas hacia adelante.
“El 68% no cree que Milei vaya a mejorar la situación del país durante su mandato; el 66% cree que Argentina estará peor que el año pasado; el 66% no cree que pueda bajar más la inflación; y el 72% no cree en los datos del Indec”, resume el informe.
Para la consultora, esos indicadores reflejan un fenómeno más profundo: la pérdida de autoridad política para explicar el presente y sostener una promesa de futuro.







