La economía argentina atraviesa 2026 con un escenario de mayor estabilidad macroeconómica respecto de los años anteriores, pero esa mejora todavía no logra reflejarse con claridad en el empleo y los ingresos de los hogares. Así lo señala un informe de la Fundación Mediterránea, que advierte sobre una recuperación “heterogénea” y con fuerte sesgo hacia sectores que generan poca cantidad de puestos de trabajo.
El trabajo sostiene que actualmente conviven dos realidades productivas muy distintas. Por un lado, sectores vinculados al frente externo —como energía, minería, agroindustria y algunos segmentos exportadores— muestran mejores perspectivas de crecimiento e inversión. Por otro, gran parte de las actividades orientadas al mercado interno continúan afectadas por salarios debilitados, menor capacidad de consumo y una recuperación económica todavía intermitente.

Según el informe, uno de los principales desafíos estructurales es que los sectores más dinámicos en exportaciones e inversiones tienen un peso reducido en la generación de empleo. Actividades como minería, petróleo, servicios financieros y agro representan apenas el 3% del empleo total y el 7% del empleo asalariado privado registrado.
En ese contexto, la entidad advierte que una mejora del frente externo no garantiza automáticamente una recuperación amplia del empleo ni una mejora generalizada de los ingresos.
Caída del empleo formal y avance de modalidades más frágiles
El estudio remarca que el “vaso medio vacío” del escenario económico sigue estando en el mercado laboral. Durante el último año, cerca de 100 mil trabajadores asalariados privados registrados perdieron su empleo, mientras crecieron formas de inserción más precarias, como el monotributo —con más de 90 mil nuevos registros— y el empleo no registrado.
Para la Fundación Mediterránea, el deterioro del empleo formal implica un problema central porque se trata del segmento con mayores niveles de productividad, estabilidad e ingresos, además de ser clave para el financiamiento previsional.
“El empleo puede crecer, pero si lo hace en segmentos de baja productividad, la recuperación económica y social pierde solidez”, sostiene el informe.
Los salarios también perdieron impulso
En materia salarial, el documento muestra trayectorias diferentes entre el sector privado y el público. Los salarios privados registrados lograron cierta recuperación luego del fuerte ajuste inicial de 2024, cuando llegaron a registrar caídas interanuales reales del 14%.
Hacia mediados de 2025, el sector privado había recuperado parte del poder adquisitivo con mejoras superiores al 12% interanual. Sin embargo, esa recomposición perdió fuerza y volvió a terreno negativo a comienzos de 2026, con una caída real del 2,3%.
La situación del empleo público aparece aún más rezagada. El salario real estatal llegó a registrar una baja cercana al 27% interanual, prácticamente el doble de la caída observada en el sector privado formal. Aunque luego mostró cierta recuperación, entre marzo de 2023 y marzo de 2026 acumuló una pérdida real cercana al 23%, frente al 7% del sector privado registrado.

El informe explica que la desaceleración inflacionaria ya no alcanza por sí sola para sostener mejoras reales en los ingresos en un contexto de actividad económica desigual, menor margen fiscal y negociaciones salariales más moderadas.
Un mercado laboral con profundas diferencias provinciales
El análisis también pone el foco en las fuertes asimetrías regionales del mercado laboral argentino. Según la Fundación Mediterránea, no existe un único mercado laboral nacional, sino estructuras productivas provinciales muy diferentes entre sí.
El promedio nacional de empleo privado registrado se ubica en torno a 144 trabajadores formales cada 1.000 habitantes. Entre las jurisdicciones con mejores indicadores aparecen Neuquén, con 219 asalariados privados cada 1.000 habitantes, y Tierra del Fuego, con 198, impulsadas por la energía y el régimen de promoción industrial.
En contraste, provincias como Formosa, Santiago del Estero y Chaco muestran niveles considerablemente menores de empleo privado formal, reflejando estructuras productivas más limitadas y una mayor dependencia del empleo público.
El informe también subraya las diferencias en el peso del empleo estatal. Mientras el promedio nacional ronda los 50 empleados públicos provinciales cada 1.000 habitantes, jurisdicciones como Córdoba, Buenos Aires, Santa Fe y Mendoza se ubican por debajo de ese nivel.
En el extremo opuesto aparecen nuevamente Tierra del Fuego, La Rioja, Neuquén y Santa Cruz, donde el empleo estatal mantiene un peso central dentro de la estructura ocupacional.
El desafío de la próxima etapa
Para la Fundación Mediterránea, la nueva etapa económica argentina favorece relativamente más a los sectores transables y vinculados al frente externo, pero esos rubros no tienen capacidad suficiente para absorber empleo masivo.
Por eso, el verdadero desafío ya no será únicamente estabilizar la macroeconomía, sino lograr que esa estabilidad se traduzca en más empleo privado formal, mejores salarios y mayor dinamismo productivo.
El informe concluye que las provincias con estructuras productivas más diversificadas, mayor densidad de empleo formal y entramados empresariales más desarrollados tendrán mejores condiciones para captar inversiones y adaptarse a una economía más abierta y competitiva.
“La estabilidad macroeconómica es una condición necesaria, pero no suficiente. El verdadero éxito del programa requerirá traducirse en empleo formal, mejores ingresos y un dinamismo productivo real”, concluye el documento.







