El gobierno de Javier Milei atraviesa un momento de desgaste en múltiples frentes. A la caída en la centralidad digital y en los niveles de aprobación se suma ahora un deterioro más profundo del humor social y de las expectativas económicas, según el último informe de QSocial Big Data.
El estudio —basado en el sistema QMonitor, que combina encuestas y etnografía digital— describe un escenario de creciente malestar: por tercera vez consecutiva cae la evaluación positiva de la situación del país y el clima de opinión pública alcanza uno de sus niveles más bajos desde que se mide la serie.
Uno de los cambios más significativos es el desplazamiento en las preocupaciones sociales. El desempleo se convierte en el principal problema para los argentinos, superando a la inflación, que vuelve a ocupar el segundo lugar tras varios meses. La modificación en este ranking refleja, según el informe, el impacto directo de la crisis en la vida cotidiana.
En paralelo, los indicadores económicos muestran señales críticas. La evaluación negativa de la economía sube doce puntos y alcanza el 48%, mientras que el pesimismo a futuro escala del 36% al 52%. A esto se suma un deterioro generalizado en la situación personal: crece el endeudamiento, se intensifica la percepción de aumentos de precios y se consolida la idea de que los ingresos no alcanzan.
El dato más elocuente es que siete de cada diez argentinos deben recurrir a algún mecanismo —ahorros, crédito o ayuda familiar— para cubrir gastos cotidianos. Además, más del 60% reporta despidos en su entorno cercano en los últimos tres meses, evidenciando la profundidad del impacto laboral.

Este contexto repercute directamente en el apoyo al gobierno. La aprobación cae por tercer mes consecutivo y se ubica en torno al 38%, mientras que la imagen positiva del Presidente desciende a 36% y su diferencial se consolida en terreno negativo. El retroceso se concentra, nuevamente, en votantes independientes y en sectores que acompañaron desde el PRO en el balotaje frente a Sergio Massa.
A la par, la percepción de corrupción alcanza un récord histórico: el 69% considera que la mayoría de los funcionarios son corruptos. Este indicador, advierte el informe, tiene un impacto mayor en contextos de ajuste, donde la tolerancia social disminuye.
Otro de los puntos más sensibles es el deterioro del vínculo afectivo con el Presidente. El índice que mide cercanía, empatía y confianza cae a uno de los niveles más bajos de la serie. En particular, se resienten la percepción de liderazgo empático y la credibilidad en la toma de decisiones.
En esa línea, también se erosiona la tolerancia al ajuste. El nivel de aceptación de las políticas económicas baja del 42% al 35%, con una señal de alerta adicional: el desgaste comienza a observarse incluso dentro del electorado mileísta, tradicionalmente más alineado con el rumbo del gobierno.
En el plano digital, uno de los activos clave de la construcción política de Milei, también se registra un retroceso marcado. Las interacciones en redes sociales vinculadas al Presidente cayeron un 87% desde diciembre de 2023, pasando de más de 3 millones a 400 mil en marzo de 2024. Si bien esto no implica automáticamente una caída proporcional en la imagen, sí refleja una pérdida de capacidad para dominar la conversación pública.
Pese a este escenario adverso, el oficialismo mantiene un núcleo de apoyo cercano al 40%. Parte de esta resistencia se explica por la debilidad de la oposición. Según el informe, no emerge aún un liderazgo capaz de capitalizar el malestar social, aunque Cristina Fernández de Kirchner se mantiene como la principal figura opositora.
El diagnóstico general es el de un gobierno que enfrenta una etapa de fuerte turbulencia, con indicadores sociales y económicos en deterioro, pero que aún conserva margen de maniobra en un sistema político fragmentado. La clave, concluye el análisis, estará en la capacidad de revertir las expectativas económicas, recomponer la confianza y recuperar la iniciativa en la agenda pública.








