La economía argentina atraviesa uno de los momentos más complejos y contradictorios de las últimas décadas. Mientras una parte del mercado celebra la estabilización macroeconómica y el ordenamiento fiscal impulsado por el Gobierno nacional, otra observa señales de agotamiento en la actividad, pérdida de empleo y deterioro del consumo.
Ese escenario de contrastes fue el eje del análisis de Osvaldo Giordano durante el Net Sectorial organizado por Punto a Punto en Vida Coworking, con el acompañamiento de Sawa Alimentos Saludables y MC Soluciones en Aislamiento Térmico. Allí, el economista trazó un diagnóstico de la coyuntura actual y delineó cuáles deberían ser los próximos pasos para consolidar una recuperación sostenible.
Para Giordano, el principal diferencial del actual ciclo económico es la magnitud del ajuste fiscal implementado desde diciembre de 2023. “La Argentina pasó de un déficit muy profundo a una situación de equilibrio financiero con una velocidad inédita”, sostuvo.

Según detalló, el gasto público nacional se redujo cerca de un 30% respecto de 2023, lo que implicó una transformación estructural del tamaño del Estado. A diferencia de otras experiencias, destacó que el Gobierno mantuvo la decisión de avanzar con el ajuste pese a las tensiones políticas y sociales.
“El activo más importante de este proceso es haber eliminado la necesidad de financiar al Estado con emisión monetaria o endeudamiento permanente”, explicó.
Sin embargo, el economista advirtió que ese ordenamiento macroeconómico todavía no logró traducirse en una mejora clara de la economía real.
Inflación más baja, pero sin recuperación sostenida
Uno de los puntos centrales del análisis fue la desaceleración inflacionaria. Giordano consideró que las primeras medidas del Gobierno lograron evitar una dinámica hiperinflacionaria y bajar los precios a un ritmo más rápido del esperado.
No obstante, aseguró que el proceso comenzó a mostrar límites. “La inflación dejó atrás la fase explosiva, pero la llamada ‘última milla’ está costando mucho más de lo previsto”, señaló.
En ese sentido, consideró que el Gobierno generó expectativas excesivas sobre la velocidad de la desinflación y recordó que las experiencias internacionales muestran que los procesos de estabilización profunda demandan varios años.
A la vez, describió una economía que, tras una recuperación inicial, ingresó en una etapa de estancamiento. “La producción recuperó rápidamente lo perdido tras el shock inicial, pero desde principios del año pasado está prácticamente planchada”, afirmó.
Para Giordano, el problema de fondo es que la Argentina lleva casi una década sin crecer. “Hoy tenemos niveles de producción similares a los de 2017, pero con más población. Eso implica una caída muy fuerte del ingreso per cápita y explica por qué a gran parte de la sociedad no le alcanza el salario”, analizó.

Ganadores y perdedores del nuevo escenario
El presidente del IERAL sostuvo que el promedio de la actividad económica oculta una fuerte fragmentación sectorial.
Por un lado, identificó sectores claramente beneficiados por el nuevo contexto macroeconómico, como la agroindustria, la energía, la minería y la intermediación financiera. Allí destacó especialmente el crecimiento de Vaca Muerta y el potencial exportador de los hidrocarburos.
En contrapartida, advirtió que sectores tradicionalmente intensivos en empleo urbano, como la industria manufacturera, la construcción y el comercio minorista, continúan atravesando una situación crítica.
Ese desequilibrio, explicó, tiene un impacto directo sobre el mercado laboral.
Según detalló, se perdieron más de 200.000 puestos de trabajo asalariado privado formal, mientras que el empleo informal crece como mecanismo de supervivencia. “Los sectores dinámicos generan muchas inversiones, pero poco empleo masivo. En cambio, las actividades que históricamente absorbían mano de obra son las que hoy están más golpeadas”, indicó.
También remarcó que, aunque los salarios mostraron cierta recuperación respecto de fines de 2023, todavía se encuentran cerca de un 20% por debajo de los niveles de 2017 en términos reales. En el caso de los jubilados, afirmó que la caída ronda el 30%.
El gran problema: una economía sin crédito
Para Giordano, uno de los principales obstáculos estructurales que enfrenta el país es la ausencia de crédito.
“El argentino sigue sacando sus ahorros del sistema. Hay un drenaje de más de 2.000 millones de dólares mensuales que se van al colchón o al exterior, y eso es profundamente recesivo”, sostuvo.
El economista explicó que esa desconfianza histórica impide que el ahorro se transforme en inversión productiva y limita tanto el crecimiento de las empresas como el acceso de las familias a bienes durables.
“Argentina tiene niveles de crédito extremadamente bajos comparados con países vecinos como Chile, Uruguay o Perú”, señaló.
En particular, hizo foco en la crisis del crédito hipotecario. “En cualquier país normal, una familia accede a una vivienda a través de un préstamo de largo plazo. En Argentina, en cambio, la gente tiene que ahorrar el valor total de una propiedad en dólares”, describió.

Hacia un modelo monetario “a la peruana”
Como parte de las propuestas para consolidar una reactivación económica sostenible, Giordano planteó avanzar hacia un régimen monetario inspirado en el modelo peruano.
Entre las medidas mencionó la eliminación definitiva del cepo cambiario, la posibilidad de realizar contratos legales en distintas monedas y una mayor independencia del Banco Central respecto del financiamiento del Tesoro.
“La deuda pública tiene que resolverse con superávit fiscal y acceso al mercado, no usando reservas del Banco Central”, afirmó.
Además, cuestionó la idea de que primero debe profundizarse el ajuste del gasto antes de avanzar en una reducción de impuestos distorsivos.
Según explicó, tributos como Ingresos Brutos, el impuesto al cheque o las retenciones representan cerca de siete puntos del PBI y no pueden eliminarse rápidamente únicamente mediante recortes adicionales del gasto.
En cambio, propuso avanzar hacia una sustitución tributaria: reemplazar impuestos considerados “malos” por otros más eficientes y menos distorsivos. Entre los ejemplos mencionó una mayor utilización del IVA para absorber impuestos provinciales y municipales, y una reforma que permita eliminar retenciones fortaleciendo la recaudación de Ganancias y Bienes Personales.
Finalmente, destacó la importancia de avanzar en reformas estructurales de largo plazo. Valoró positivamente los acuerdos políticos alcanzados en materia laboral y consideró que la reforma previsional continúa siendo uno de los grandes desafíos pendientes para garantizar la sostenibilidad fiscal futura.







