Un análisis elaborado por el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), revela una fuerte disparidad en el poder adquisitivo de los jubilados desde la llegada de Javier Milei al Gobierno. Mientras quienes no cobran bono lograron recuperar ingresos frente a la inflación, los beneficiarios de la jubilación mínima acumulan pérdidas equivalentes a casi dos haberes completos.
El estudio realizado por el economista Nadin Argañaraz, pone el foco en uno de los temas más sensibles de la economía argentina: el deterioro del sistema previsional en un contexto de ajuste fiscal, desaceleración inflacionaria y reconversión productiva.
Según el informe, los jubilados que perciben haberes sin bono compensatorio tuvieron una recuperación real del 7,8% respecto de noviembre de 2023. En cambio, quienes cobran la mínima junto al bono de $70.000 registraron una caída del 10,3% en su poder adquisitivo.
“La diferencia central está en el congelamiento del bono”, explicó Argañaraz. Aunque la fórmula de movilidad ajustó los haberes por inflación con rezago de dos meses, el complemento extraordinario quedó fijo y perdió capacidad de compra frente al avance de los precios.
Actualmente, un jubilado de la mínima percibe alrededor de $450.000 mensuales, cuando debería cobrar cerca de $500.000 para mantener el mismo nivel adquisitivo que tenía a fines de 2023. De acuerdo al cálculo del IARAF, el bono debería subir de $70.000 a $120.000 para compensar esa pérdida.
Dos realidades previsionales
El informe muestra que el sistema jubilatorio argentino quedó dividido en dos grandes grupos.
Por un lado, quienes cobran haberes medios o altos —equivalentes, por ejemplo, a tres jubilaciones mínimas— lograron mejorar su situación relativa durante la segunda mitad de 2024 y consolidaron esa recuperación durante 2025 y comienzos de 2026.
En abril de este año, un jubilado de ese segmento necesitaba ingresos por $1.058.762 para igualar el poder adquisitivo de noviembre de 2023, pero efectivamente cobró $1.140.859, es decir, por encima de aquel nivel.
Por el contrario, los jubilados que cobran la mínima más bono necesitarían hoy ingresos por $502.207 para empatar el valor real de noviembre de 2023, aunque efectivamente recibieron apenas $450.286.
La brecha también se profundiza cuando se analiza el acumulado de los últimos 29 meses. Según Argañaraz, un jubilado sin bono obtuvo una mejora equivalente a 1,1 haberes completos de noviembre de 2023, mientras que uno que percibe la mínima perdió el equivalente a 1,8 ingresos mensuales.
La herencia de ocho años de deterioro
El trabajo del IARAF también amplía la mirada y analiza la evolución de los haberes desde 2017. Allí el deterioro aparece como estructural y no exclusivo de la actual gestión.
Entre 2017 y 2026, un jubilado que no cobra bono perdió el equivalente a 26,1 haberes de 2017. Traducido a valores actuales, la pérdida acumulada asciende a unos $51,6 millones para alguien que percibe tres jubilaciones mínimas.
En el caso de quienes cobran la mínima y el bono, la pérdida acumulada en ocho años y cuatro meses equivale a 17,3 ingresos mensuales de 2017, unos $11,4 millones a valores de abril de 2026.
Inflación: el tramo más difícil
En paralelo al frente previsional, Argañaraz advirtió que la economía atraviesa una etapa compleja en materia inflacionaria. Aunque abril podría marcar el inicio de una desaceleración más consistente, sostuvo que el desafío ahora es mucho más difícil que durante la primera etapa del ajuste.
“El problema ya no es bajar desde niveles extremos, sino perforar pisos del 20% o 30% anual y acercarse al 5%”, señaló.
A esto se suma la corrección de precios relativos, especialmente en tarifas y servicios públicos, impulsada por la reducción de subsidios estatales.
Pese a ese escenario, el economista proyecta un crecimiento cercano al 3% del PBI durante 2026, motorizado casi exclusivamente por sectores extractivos como petróleo, gas y minería.
Reconversión económica y empleo más precario
Otro de los ejes centrales del análisis es la transformación del mercado laboral argentino. Para Argañaraz, el actual esquema económico impulsa una “reconversión productiva” donde las empresas más competitivas y de mayor escala desplazan a pequeños comercios e industrias tradicionales.
Ese proceso también impacta en el empleo. El informe sostiene que por cada 10 puestos de trabajo formales perdidos desde noviembre de 2023, se generaron apenas seis nuevos monotributistas.
La conclusión es que la economía crea ocupación, pero con menores niveles de estabilidad y formalidad laboral.
El rol estratégico de Vaca Muerta y el RIGI
En este contexto, el economista considera clave el avance de las inversiones energéticas impulsadas por el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI).
Entre los proyectos más relevantes aparece la iniciativa de YPF en Vaca Muerta, que contempla inversiones por US$25.000 millones destinadas a ampliar la capacidad exportadora de petróleo.
Según las estimaciones, el proyecto podría generar unos 14.000 puestos de trabajo y un importante ingreso de divisas para fortalecer la estabilidad macroeconómica.
El esquema del RIGI obliga además a ejecutar el 40% de la inversión comprometida durante los primeros dos años, lo que tendría impacto inmediato sobre sectores como la construcción y los servicios asociados.
Para Argañaraz, allí se juega buena parte de la apuesta oficial: lograr que el crecimiento de los sectores estratégicos compense la caída de actividades tradicionales y permita sostener el proceso de estabilización económica sin profundizar el deterioro social.







