La desaceleración de la inflación todavía no logra revertir el deterioro del consumo en los hogares cordobeses. Así lo indica el informe “Radar de Consumo Masivo y Alimentos 2026”, un estudio impulsado por la agencia de medios Smith y elaborado por la consultora Perspectivas Sociales, que analiza cómo están cambiando las decisiones de compra en el actual contexto económico.
El relevamiento, realizado durante mayo en Córdoba, muestra que la mejora de algunos indicadores macroeconómicos no alcanza aún para generar una sensación consolidada de estabilidad en las familias. Por el contrario, el estudio detecta que persisten la incertidumbre, el ajuste en el gasto cotidiano y una creciente carga mental asociada al consumo.
Uno de los principales datos del informe señala que seis de cada diez hogares aseguran estar económicamente más ajustados que hace un año. En paralelo, solo tres de cada diez afirman llegar a fin de mes con relativa tranquilidad y sin sobresaltos financieros.
La investigación sostiene que, si bien la inflación dejó de ocupar el mismo nivel de preocupación que en períodos anteriores, las familias continúan reorganizando prioridades y administrando sus gastos con cautela. Esa situación impacta especialmente en el consumo masivo y en los rubros considerados no esenciales.
En ese escenario, los primeros recortes aparecen en categorías vinculadas al consumo emocional o discrecional. Entre ellas se destacan las salidas, el delivery, la compra de indumentaria, el ocio y distintas actividades recreativas. Según el estudio, son los gastos que los hogares perciben como más postergables y donde encuentran margen para continuar ajustando.

El informe también pone el foco en un fenómeno que empieza a ganar relevancia en los hábitos cotidianos: el desgaste que implica comprar. La investigación sostiene que las decisiones de consumo ya no dependen únicamente de la disponibilidad económica, sino también del tiempo, la atención y la energía mental que requiere evaluar precios, promociones y alternativas.
En ese sentido, el relevamiento muestra que:
-El 79% de las personas compara más antes de comprar, mientras que el 74% considera que debe elegir mejor en qué gastar.
-Además, el 77% reconoce sentir desgaste mental durante el proceso de compra y un 59% asegura experimentar “fatiga de consumo”.
El concepto aparece como uno de los hallazgos centrales del estudio. Según los investigadores, los consumidores no solo administran la escasez de dinero, sino también el cansancio emocional y la necesidad de justificar cada gasto. El informe plantea que hoy conviven tres tipos de restricciones simultáneas: la económica, la mental y la vinculada al permiso para disfrutar.
“La caída del consumo ya no puede interpretarse únicamente como una retracción económica”, sostiene el documento. Y agrega que las familias atraviesan una reorganización de prioridades donde se busca proteger lo esencial, recalcular riesgos y renegociar permanentemente los consumos asociados al placer o al bienestar personal.
Otro de los aspectos que destaca el trabajo es el cambio en la relación entre consumidores, marcas y canales de compra. Frente a un contexto de mayor cautela, las decisiones ya no se toman de manera automática y crece la búsqueda de referencias, confianza y previsibilidad.
Según el informe, las empresas que logren reducir la incertidumbre y facilitar las decisiones tendrán mayores posibilidades de sostenerse en un mercado más competitivo y sensible al precio. En esa línea, el estudio plantea que atributos como cercanía, claridad, disponibilidad y familiaridad comienzan a ser tan importantes como el valor económico de los productos.

El relevamiento fue impulsado por Smith en el marco de su 60° aniversario en el mercado publicitario. Desde la agencia señalaron que el objetivo fue generar información local que permita comprender mejor qué factores están condicionando hoy las decisiones de compra en Córdoba y cuáles son los desafíos para las empresas que buscan mantener o ampliar su participación de mercado.
En un contexto donde el consumo continúa debilitado pese a la desaceleración inflacionaria, el estudio refleja que las decisiones cotidianas de compra se volvieron más complejas y racionales. La búsqueda permanente de precios, promociones y opciones más convenientes aparece como parte de una nueva dinámica que atraviesa a los hogares y redefine el vínculo entre consumidores y marcas.
El informe concluye que, más allá de la evolución de las variables económicas generales, todavía persiste una sensación de fragilidad en buena parte de la población. Y esa percepción sigue condicionando tanto el consumo como las expectativas hacia adelante.







