El analista económico Salvador Di Stéfano trazó un panorama sobre la política cambiaria que viene aplicando el Banco Central y sus proyecciones sobre el futuro del dólar en Argentina. En su visión, la estrategia oficial de vender dólares y absorber pesos no solo fortalece la credibilidad del plan, sino que además abre la puerta a un escenario de mayor estabilidad, siempre que se logre sostener la disciplina actual y se concrete el apoyo financiero desde Estados Unidos.
Según detalló Di Stéfano, el gobierno aplica la regla de vender dólares y comprar pesos, aun cuando muchos economistas desconfían de la sostenibilidad del esquema. “Es lo mejor que se puede hacer ahora”, sostuvo, remarcando que el Central ya vendió US$ 1.100 millones y absorbió $1,6 billones, cifra que equivale a alrededor del 7% de la circulación monetaria.
Las reservas internacionales se ubican en US$ 39.259 millones, aunque el equipo económico afirma contar con un “poder de fuego” de US$ 20.000 millones para eventuales intervenciones. El impacto inmediato de esta operatoria se vio reflejado en el mercado de bonos: el AL35, con vencimiento a 10 años, retrocedió 13,5% en la última semana y pasó a rendir cerca del 20% en dólares.

Menos pesos, menos inflación
El economista advierte que la absorción de pesos traerá consecuencias concretas: contracción de la actividad, suba de tasas de interés y desaceleración inflacionaria. En términos de liquidez, explica que la cantidad de dinero en la economía ya es muy baja en comparación con los niveles históricos:
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M1 (circulante y cuentas corrientes): equivale al 5,4% del PBI.
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M2 (M1 más cajas de ahorro): 8,0% del PBI.
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M3 (M2 más plazos fijos): 16% del PBI.
Si el BCRA decidiera vender otros US$ 10.000 millones esta semana, M1 caería al 3,8% del PBI, un nivel de liquidez tan reducido que forzaría a empresas y particulares a vender dólares para obtener pesos, provocando que la cotización baje del techo de la banda cambiaria.
El respaldo externo en negociación
En paralelo, el gobierno busca respaldo internacional. Di Stéfano señaló que se negocia una línea de financiamiento con Estados Unidos a través del Fondo de Estabilización Cambiaria (FSE) para cubrir vencimientos de deuda en 2026, que ascienden a US$ 16.900 millones, de los cuales US$ 12.800 millones corresponden a pagos de capital.
De concretarse esa asistencia, el mercado podría interpretar que el programa de estabilización está garantizado en el mediano plazo, lo que sumaría confianza y contribuiría a que el dólar se aleje del techo de la banda.

Los riesgos de abandonar las bandas
Di Stéfano advirtió que dejar flotar el dólar o romper el esquema de bandas tendría un efecto devastador: pérdida de credibilidad, inflación en ascenso, tasas de interés en tres dígitos y un derrumbe de la actividad, con especial impacto en los sectores de menores ingresos.
“Quienes promueven una devaluación no dimensionan el efecto social: las devaluaciones incrementan la pobreza, mientras que un plan de estabilidad protege a los que menos tienen”, enfatizó.
El analista resumió su visión en cuatro puntos centrales:
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Sostener el plan vigente de intervención y bandas es la mejor opción.
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El dólar podría bajar del techo cuando el mercado asuma la escasez de pesos, llegue financiamiento externo o se consolide la gobernabilidad tras las elecciones.
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No hay que temer a la venta de dólares del BCRA, ya que fortalece la reputación del gobierno y ordena el mercado.
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La política actual protege a los sectores más vulnerables, desarmando expectativas de devaluación que solo beneficiarían a especuladores.
En síntesis, para Di Stéfano el futuro del dólar dependerá de mantener firme la estrategia de absorción monetaria, asegurar respaldo financiero internacional y dar señales claras de continuidad política.








