Arranca el año y el mundo del trabajo vuelve a barajar y dar de nuevo. En 2026, las reglas del juego laboral cambian con fuerza: ya no se trata solo de dónde se trabaja, sino de cómo, con quién y con qué habilidades se construye el futuro profesional. En un contexto atravesado por la tecnología, pero también por una mirada cada vez más humana, las organizaciones deberán repensar su forma de operar si quieren sostener su competitividad.
En este escenario conviven tendencias que vienen madurando desde hace tiempo con otras que ganarán protagonismo en los próximos meses. Para WeWork, compañía global de espacios de trabajo flexibles, este año marcará un punto de inflexión en la manera de trabajar y de gestionar el talento dentro de las empresas.
IA agéntica: de asistente a protagonista
Si en 2025 empezó a hablarse con más fuerza de la inteligencia artificial agéntica, en 2026 su adopción se volverá mucho más concreta. A diferencia de las herramientas tradicionales, esta nueva generación de IA no solo responde consultas o automatiza tareas simples, sino que puede razonar, ejecutar acciones y tomar decisiones de forma autónoma.
Esto redefine el vínculo entre personas y tecnología: los equipos ya no solo usan herramientas digitales, sino que colaboran activamente con agentes inteligentes para mejorar la productividad y la eficiencia.
Según el informe “IA y presencialidad: el nuevo panorama laboral”, elaborado por WeWork junto a la consultora Michael Page, el 45% de los argentinos encuestados considera que entre un 11% y un 30% de su carga laboral podría automatizarse. Además, 5 de cada 10 creen que serían más productivos si contaran con herramientas de IA más avanzadas en su lugar de trabajo.

La oficina, con un nuevo sentido
Lejos de desaparecer, la presencialidad se resignifica. En 2026, ir a la oficina deja de ser una rutina automática para convertirse en una decisión estratégica orientada a generar valor. Los espacios físicos evolucionan hacia entornos más flexibles y dinámicos, pensados para potenciar el encuentro, la creatividad, la colaboración y la toma de decisiones.
La interacción cara a cara se combina con tecnología integrada de manera casi invisible, dando lugar a experiencias de trabajo más ágiles y significativas. En este modelo, el foco vuelve a estar puesto en las personas, mientras la tecnología actúa como soporte.
La economía gig gana terreno
Otro fenómeno que se consolidará es el crecimiento de la economía gig. Cada vez más trabajadores —sobre todo jóvenes— complementan su ingreso principal con proyectos independientes o empleos de medio tiempo. Esta modalidad, que prioriza la flexibilidad y la diversidad de experiencias, seguirá expandiéndose y presionará a las empresas a revisar sus estructuras tradicionales.
La consecuencia será una mayor diversidad en la conformación de equipos y la necesidad de desarrollar nuevas formas de liderazgo y coordinación, capaces de integrar talento interno y externo de manera ágil.
Las habilidades que marcarán la diferencia
Con este telón de fondo, las competencias más valoradas por las empresas también evolucionan. La alfabetización en inteligencia artificial y el análisis de datos se vuelven claves: de acuerdo con el estudio, 6 de cada 10 trabajadores dicen tener conocimientos básicos en IA, mientras que el 84% quiere capacitarse más en el tema. Los perfiles capaces de comprender estas herramientas y aplicarlas a la mejora de procesos y la toma de decisiones tendrán ventaja.
A esto se suman habilidades blandas cada vez más determinantes. La adaptabilidad y la flexibilidad son esenciales en un mercado laboral cambiante, donde aprender rápido y ajustarse a nuevos roles o tecnologías es parte del día a día.
El pensamiento crítico y la resolución de problemas también se destacan como rasgos diferenciales. Analizar situaciones complejas, evaluar alternativas y tomar decisiones fundamentadas es una capacidad cada vez más buscada. En la misma línea, la creatividad y la habilidad para pensar “fuera de la caja” se consolidan como atributos clave para impulsar propuestas innovadoras en entornos dinámicos.
“En 2026, el mundo del trabajo seguirá transformándose a gran velocidad. En WeWork creemos que el verdadero diferencial de las organizaciones no está solo en la tecnología, sino en las personas que saben adaptarse, colaborar y aprovechar las herramientas digitales y la inteligencia artificial para generar impacto. Por eso, acompañamos a nuestros miembros a construir equipos más ágiles, creativos y preparados para los desafíos de un mercado laboral en constante evolución, brindándoles entornos diseñados para potenciar la colaboración y el intercambio de ideas”, señaló Claudio Hidalgo, presidente de WeWork Latinoamérica.
Así, entre algoritmos cada vez más autónomos, oficinas con propósito y trayectorias laborales más flexibles, 2026 se perfila como un año bisagra para redefinir qué significa trabajar y qué tipo de talento necesitarán las organizaciones para crecer.





