El consumo masivo atraviesa una etapa de transformación silenciosa pero profunda. Ya no se trata solo de cuánto compra la gente, sino de cómo, cuándo y con qué paga. Para Santiago Tarquino, socio gerente de la cadena de hipermercados Tadicor, el cambio es estructural y redefine tanto la estrategia comercial como el rol social que puede asumir una empresa del sector.
“El comportamiento del consumidor se sinceró”, resumió Tarquino en su paso por el programa radial «Es Por Ahí». La frase condensa un escenario donde el poder adquisitivo limitado y una menor presión inflacionaria desarmaron una de las conductas más marcadas de los últimos años: el acopio.
Menos acopio, compras más racionales
Históricamente, las sucursales de Tadicor registran un fuerte movimiento los primeros días del mes, cuando se acreditan los salarios. Ese patrón se mantiene, pero ahora aparece con fuerza un segundo pico hacia fin de mes, impulsado por estrategias de financiamiento con tarjetas.
Lo que cambió es el volumen y la lógica de compra. “Hoy la gente compra más en función de lo que realmente necesita”, explica Tarquino. La menor expectativa de saltos bruscos de precios redujo la urgencia por llenar el changuito como forma de cobertura ante la inflación. A eso se suma un dato ineludible: “Es una realidad que hoy la gente tiene menos para consumir”.

El resultado es un consumo más medido, que impacta en toda la cadena comercial y productiva, desde las góndolas hasta las fábricas, con una demanda más previsible y menos especulativa.
El reinado de los pagos digitales
Si hay un cambio que grafica la nueva etapa es el derrumbe del uso de efectivo. Según datos de la cadena, hoy solo el 15% de las operaciones se paga en billetes. El 85% restante se realiza con medios electrónicos.
“Las tarjetas representan casi un 70% y las billeteras virtuales cerca de un 20%”, detalla Tarquino. Antes de la pandemia, la relación era prácticamente inversa: predominaba el efectivo y las tarjetas eran minoría.
La digitalización no solo modificó la forma de pagar, sino también la dinámica comercial. Muchos clientes concentran compras a fin de mes para aprovechar cierres de tarjeta o promociones financieras, que suelen ubicarse a mitad de semana por decisión de bancos y fintech.
Precios estables en lugar de ofertas agresivas
Frente a un consumidor más cuidadoso, Tadicor sostiene una estrategia basada en la constancia. “Buscamos que el cliente encuentre una buena opción cualquier día del mes”, señala el empresario.
En lugar de grandes promociones esporádicas, la cadena prioriza una política de precios estables. Las ofertas que aparecen responden a acuerdos puntuales con proveedores, mientras que las promociones calendarizadas quedan casi exclusivamente en manos de entidades financieras y billeteras virtuales.

Apuesta por la industria nacional
En un contexto de mayor apertura a las importaciones, la firma decidió no modificar de forma sustancial su matriz de abastecimiento. “Seguimos enfocados en proveedores nacionales”, afirma Tarquino.
Los productos importados que ingresan al mercado son percibidos como artículos de nicho, con precios elevados y orientados a consumos específicos. “No forman parte de la canasta masiva que prioriza nuestro cliente”, explica. La estrategia, entonces, apunta a sostener vínculos con la industria local y mantener una oferta alineada con el consumo cotidiano.
El lanzamiento de TAK
Con foco en el servicio yla innovación, Tarquino lanzó recientemente el Seguro Alimentario TAK, una cobertura pensada para garantizar comida en el hogar cuando un trabajador sufre un accidente que le impide generar ingresos.
“Cuando alguien tiene un accidente, lo primero que se pone en riesgo es la comida”, señala Tarquino sobre el origen de la idea.
El esquema funciona con una suscripción mensual de $3.999. Si el afiliado sufre un accidente y presenta certificado médico que indique imposibilidad de trabajar, se activa la cobertura: se envía al domicilio un módulo alimentario diseñado para una familia tipo de cuatro personas, con productos definidos junto a nutricionistas de empresas como Harcor, Molino Río de la Plata y Nestlé.
El paquete cubre buena parte de la canasta básica y se complementa con un seguro de vida y servicios adicionales, como médico virtual, urgencias odontológicas y descuentos en medicamentos.
Un proyecto con foco social
El seguro está dirigido tanto a trabajadores formales como informales, un universo amplio que muchas veces queda fuera de coberturas tradicionales. “Es una herramienta pensada para quienes están desprotegidos ante un accidente”, explica el empresario.
El lanzamiento es reciente —apenas dos o tres semanas— y ya suma unos 1.000 suscriptores. La proyección es ambiciosa: alcanzar 40.000 personas en el primer semestre. Para eso, la cadena apalanca su logística de distribución nacional (con excepción de Tierra del Fuego) y sistemas propios de gestión.
Tarquino define la iniciativa como una respuesta del sector privado a un problema estructural. Más que un nuevo negocio, la presenta como una intervención social desde el mercado: un intento de asegurar lo más básico cuando el ingreso se interrumpe de golpe.
En un escenario donde el consumo se achica y se vuelve más racional, Tadicor busca adaptarse no solo vendiendo productos, sino también ofreciendo una red de contención. Una señal de cómo, en tiempos de bolsillos ajustados, la innovación puede tomar caminos inesperados.





