En la Argentina, las micro, pequeñas y medianas empresas (MiPyMEs) constituyen la base del entramado productivo del país, pero esa presencia dominante no se refleja en igual proporción en el acceso al financiamiento. Y las dificultades que enfrentan las pymes a la hora de obtener líneas crediticias suelen profundizarse fuera del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), donde hay mayor concentración de entidades financieras.
A la hora de buscar fondos para inversión o para su operación diaria, muchas MiPyMEs enfrentan un panorama común, caracterizado por la dispersión de la oferta crediticia, complejidad en los procesos administrativos y falta de información sobre las oportunidades disponibles en cada momento. Estas restricciones se tornan más importantes cuando aumenta la distancia de las grandes ciudades, lo cual limita las posibilidades de crecimiento de las economías regionales y el desarrollo equilibrado a nivel país.
De acuerdo con el Índice de Competitividad y Acceso al Financiamiento 2025 (ICAF), elaborado por CAME, el 47,7% de las PyMEs encuestadas desconoce los instrumentos financieros no tradicionales disponibles en el mercado, mientras que un 50% afirma que los requisitos exigidos para acceder al crédito resultan demasiado difíciles de cumplir. Estos datos confirman que el problema no se reduce a la falta de oferta, sino también a la forma en que se presenta y gestiona la información.
“El acceso al crédito debe dejar de ser un privilegio asociado a la cercanía con los grandes centros urbanos y convertirse en un derecho empresarial básico, tan accesible como cualquier otro servicio digital que hoy usamos cotidianamente. Así como nadie piensa en recorrer hotel por hotel para organizar un viaje, las PyMEs no deberían tener que peregrinar de banco en banco para encontrar una línea de financiamiento que se ajuste a sus necesidades”, señala María Laura García Conejero, fundadora y CEO de LUC, una plataforma que conecta a MIPyMEs con las entidades que otorgan créditos y con SGR y fondos de garantía que los avalan.
En ese sentido, la tecnología ofrece hoy la posibilidad de llegar con información clave a todos los rincones productivos y derribar las barreras de acceso al financiamiento que enfrentan las MiPyMEs más alejadas de los centros urbanos, equilibrando así las condiciones para el crecimiento en un momento en que los sectores más dinámicos -como la energía y la minería- tienen su epicentro en el interior del país. “La digitalización ofrece la oportunidad de dar un salto. Unificar la información, simplificar la carga documental y centralizar la oferta de crédito en un solo lugar puede marcar un antes y un después para los empresarios más pequeños”, afirma García Conejero y agrega que “el asesoramiento adecuado es lo que convierte una herramienta digital en una verdadera solución integral”.
La Argentina sigue teniendo niveles muy bajos de penetración del crédito en el país y se encuentra entre los últimos puestos en la región cuando se mide el nivel de préstamos al sector privado en relación con el Producto Bruto Interno (PBI). A fines de 2024, ese número se ubicó en el 8,4%, según Adeba (la asociación de bancos argentinos), frente a un promedio regional del 55%.
“Revertir esta situación requiere un enfoque federal y moderno. Democratizar el acceso al crédito va más allá de un acto de justicia con los actores más pequeños de las economías regionales del interior, es una estrategia imprescindible para fortalecer la competitividad del país en su conjunto”, concluyó García Conejero.





