La Bolsa de Comercio de Córdoba reunió ayer a empresarios, inversores y referentes del sector financiero en un almuerzo de trabajo que tuvo como protagonistas al vice ministro de Economía de la Nación, José Luis Daza, y al ex presidente del Banco Central, Guido Sandleris. Ambos ofrecieron un diagnóstico sobre la coyuntura y los desafíos de mediano plazo de la economía argentina, aunque con enfoques distintos: Daza defendió el rumbo de la gestión Milei y enfatizó en la necesidad de sostener la disciplina fiscal, mientras que Sandleris puso el acento en la volatilidad de las tasas de interés, el riesgo país y la dificultad de acumular reservas.
“Argentina debe dejar atrás la volatilidad crónica”. En su exposición, Daza buscó correrse del análisis de coyuntura inmediata para plantear los problemas estructurales que, a su juicio, explican el estancamiento del país. Mostró datos del Banco Mundial que ubican a la Argentina como el país que más tiempo pasó en recesión en los últimos 75 años: uno de cada tres años estuvo marcado por caídas en la actividad. A ello sumó otro dato alarmante: la Argentina es también la economía “más volátil del mundo”, lo que impacta en la posibilidad de planificar, en la estabilidad de contratos y en las primas de riesgo.
“Estamos estancados, no crecemos, somos muy volátiles y además somos una de las economías más cerradas del planeta”, resumió. Según explicó, el consumo doméstico solo representa un 2% de la demanda global, por lo que insistió en que el camino del desarrollo pasa por abrirse al comercio internacional y aumentar exportaciones, no por intentar sostener el crecimiento en base al mercado interno.
Otro de los ejes centrales de su exposición fue la baja tasa de inversión. Mientras países vecinos como Chile o Perú promedian niveles cercanos al 20-25% del PBI, en Argentina ronda el 16%. “Si queremos crecer al 5 o 6% anual necesitamos subir la tasa de inversión entre 8 y 10 puntos”, afirmó. Para lograrlo, reclamó reformas estructurales que favorezcan la creación de empresas y el ahorro doméstico, con el objetivo de financiar la mayor inversión sin generar desequilibrios externos.

Inflación bajo control y el ancla fiscal. Daza defendió con énfasis el programa económico implementado por el gobierno de Javier Milei, que definió como “mucho más complejo y sofisticado que un simple ajuste”. Según sus palabras, el plan logró quebrar la columna vertebral del proceso inflacionario argentino, atacando las dos fuentes principales de la suba de precios: el déficit fiscal y la emisión monetaria para financiar al Tesoro y a los pasivos remunerados del Banco Central.
Mostró gráficos donde se observa la desaceleración de la inflación núcleo, incluso después de la salida del cepo cambiario, un proceso que –destacó– no derivó en un salto inflacionario como se preveía. “Estamos confiados en que la inflación seguirá convergiendo hacia niveles similares a los del resto del continente. La clave es sostener la disciplina fiscal”, enfatizó.
En esa línea, ponderó el ajuste fiscal de 5% del PBI y la reducción de 30% en el gasto real como logros inéditos que, a pesar de su magnitud, no derivaron en una caída de la actividad. Por el contrario, dijo, la economía mostró un crecimiento de 6% interanual doce meses después del inicio del ajuste. “Hoy vemos un amesetamiento de la actividad que responde a la incertidumbre política más que a la política económica”, aclaró.
Pobreza y reformas pendientes. El vice ministro señaló como uno de los resultados más relevantes la caída de la pobreza, que según sus estimaciones habría beneficiado a unos 12 millones de personas. “Es tal vez lo más satisfactorio que hemos conseguido desde el sector público”, expresó. De todos modos, advirtió que el país todavía enfrenta desafíos de fondo, entre ellos la calidad del sistema educativo, cuyos resultados en las pruebas PISA muestran un retroceso notorio frente a países de la región.
Daza cerró con un mensaje político: “Si logramos avanzar con las reformas económicas que propone el presidente Milei, veremos un salto en la inversión y en el crecimiento. Esa es la hoja de ruta”.

Tasas altas, reservas débiles y riesgo país en alza. En tanto, Guido Sandleris ofreció una mirada más técnica y centrada en la coyuntura. El ex presidente del Banco Central analizó los movimientos recientes de la política monetaria, subrayando la volatilidad de las tasas de interés tras el desarme de las Leliq y el cambio de esquema de agregados monetarios. Según detalló, esta volatilidad se combina con un contexto político incierto que empuja las tasas hacia arriba y genera dificultades para el rollover de la deuda en pesos.
Sandleris advirtió además sobre el impacto de la política fiscal en la base monetaria: mientras en 2023 el Tesoro fue un factor de contracción gracias al ajuste, este año se transformó en un elemento expansivo al usar depósitos en el Banco Central para cubrir vencimientos. “Esto aumenta la cantidad de dinero en circulación y obliga al BCRA a reaccionar”, explicó.
El ex titular del Central también se refirió a la situación externa: las reservas netas siguen en terreno frágil –positivas en unos 7.000 millones si se cuenta el préstamo del FMI, negativas en un nivel similar si se excluye– y la dificultad de acceder a los mercados internacionales conspira contra la acumulación de divisas. “Es clave recuperar el acceso al financiamiento externo para poder acumular reservas y sostener la estabilidad cambiaria”, planteó. Por último, remarcó que el riesgo país viene en aumento por la incertidumbre política, lo que encarece la posibilidad de financiamiento y mantiene a los bonos argentinos rezagados frente a los de países comparables.





