A un año de gestión, el Gobierno de Javier Milei muestra avances en la lucha contra la inflación, pero enfrenta nuevos desafíos que impactan en la percepción de su desempeño. La preocupación por la suba de precios, que en enero de 2024 encabezaba el ranking de problemáticas con el 26% de las menciones, ha cedido terreno en la agenda pública. Luego de que la inflación mensual perforara el piso del 4% en septiembre y se ubicara en torno al 2% en octubre, la inquietud por este tema cayó al quinto lugar, con apenas el 6 o 7% de las menciones.
Sin embargo, de acuerdo con la última encuesta de la consultora Delfos, el alivio inflacionario no ha sido suficiente para mejorar la imagen del Gobierno. La falta de trabajo ha emergido como una de las principales preocupaciones de los argentinos. En febrero de 2024 apenas el 2% de los encuestados mencionaba este problema, mientras que en julio del mismo año y en enero de 2025 ascendió al 13%, ubicándose en el podio de las inquietudes sociales. En un contexto de caída del consumo y reducción del empleo registrado, la incertidumbre laboral golpea con mayor fuerza a los trabajadores informales y de la economía popular, quienes carecen de estabilidad salarial y son más vulnerables a los vaivenes económicos.

Otro factor que ha mantenido su peso en la percepción ciudadana es la pobreza. Desde junio, los niveles de preocupación han oscilado entre el 8 y el 9%, con un pico del 13% en octubre, coincidiendo con la publicación de los índices de pobreza del primer semestre, que alcanzaron el 52,9%, superando en más de 11 puntos porcentuales la medición del segundo semestre de 2023.
El manejo económico del Gobierno ha sido una de las variables más estables en la percepción ciudadana, con un rango de preocupación que oscila entre el 7 y el 12%. Si bien el control de la inflación ha sido un logro reconocido, no ha logrado eclipsar otros desafíos económicos, tanto en la vida cotidiana de los argentinos como en las cuentas del Estado.
Por otro lado, la corrupción ha ganado terreno como eje de preocupación. Milei llegó a la Casa Rosada con un fuerte discurso contra la «casta política» y la corrupción, y la estabilización de la inflación ha permitido que este tema cobre mayor protagonismo entre la ciudadanía. Sin embargo, a pesar de este realineamiento de prioridades, el Gobierno no ha logrado romper la fuerte polarización en términos de imagen y aprobación. Sus picos de popularidad se mantienen en niveles similares a los obtenidos en el balotaje, sin lograr una expansión significativa de su base de apoyo.

En este escenario, la administración libertaria enfrenta el desafío de ampliar su respaldo más allá de su núcleo duro. Las estrategias discursivas agresivas hacia la oposición y la falta de respuestas concretas a problemáticas como la caída del empleo registrado, el uso de capacidad instalada en la industria y el cierre de unas 25.000 empresas en su primer año de gestión podrían convertirse en obstáculos para su consolidación en el poder.
Más allá de las posturas ideológicas, estos indicadores económicos tienen un impacto transversal en la sociedad. En consecuencia, insistir en un enfoque estrictamente orientado a la desinflación sin atender los costos socioeconómicos que implica podría representar una estrategia riesgosa para el Gobierno. Ignorar las demandas emergentes de la agenda pública y la complejidad de la realidad nacional podría debilitar aún más su capacidad de gestión y su aceptación social en el mediano plazo.





