Por Matías, Daghero*. En Argentina, la idea de tener la casa propia no es solo un deseo, sino casi una regla de vida. Desde chicos, muchos crecen escuchando consejos que parecen mandamientos: “Comprate un terrenito”, “invertí en ladrillos”, “la tierra no pierde valor”. Y aunque, sin dudas, tener un techo propio es un hito fundamental, en un país de volatilidad crónica, ese “refugio seguro” podría estar limitando las posibilidades de crecimiento real del capital, especialmente para la clase media.
La historia se repite una y otra vez: familias que destinan todos sus ahorros, y a veces comprometen buena parte de su futuro, para acceder a una propiedad. Si logran avanzar un poco más, aparece el “monoambiente para alquilar” o el lote en un barrio cerrado como meta aspiracional. En todos los casos, hay una lógica fuerte: lo tangible transmite seguridad.
Pero hay una contracara poco explorada. Mientras la clase media argenta pone sus fichas en propiedades, los sectores más ricos hacen otra apuesta: eligen las acciones.
El ladrillo como ancla
Comprar una propiedad en Argentina no es tan simple como parece. A los costos del inmueble se le suman comisiones, impuestos, gastos de escrituración, mantenimiento y más. Además, si hay que vender, el proceso puede demorar meses. La liquidez es casi nula.
Pero el mayor problema está en el costo de oportunidad. Cada dólar puesto en un inmueble es un dólar que no puede invertirse en otro lado. Para quienes tienen recursos limitados, concentrar su capital en una sola inversión puede ser riesgoso: si el mercado inmobiliario se estanca, si la inflación licúa los alquileres o si hay una urgencia económica, el activo “seguro” se vuelve una trampa.

De hecho, hay numerosos casos de personas con patrimonio millonario en propiedades, pero con poca o nula liquidez. El resultado: dificultades para aprovechar oportunidades, responder a imprevistos o tener libertad financiera.
¿Y qué hacen los ricos? Invierten en acciones
Aunque también invierten en inmuebles, la columna vertebral del patrimonio de los sectores de altos ingresos está en el mercado financiero. Según un informe de Goldman Sachs, el 61% del portafolio de la clase alta está compuesto por acciones, mientras que en la clase media y baja, el 55% está concentrado en propiedades.
Las razones son claras:
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Liquidez instantánea: Las acciones pueden comprarse o venderse en segundos. El dinero nunca está “atado”.
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Potencial de crecimiento: Las empresas pueden expandirse, innovar, generar dividendos y multiplicar su valor.
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Diversificación: Con una sola cuenta se puede invertir en múltiples sectores y geografías, bajando el riesgo total del portafolio.
Y lo mejor es que hoy, gracias a herramientas como los Cedears, los inversores argentinos pueden comprar acciones de empresas internacionales (Apple, Google, Coca-Cola, entre muchas otras) sin necesidad de sacar los fondos del país.

Invertir como los ricos: ¿es posible para la clase media?
La respuesta corta es sí, pero con planificación y cambio de mentalidad. Acá algunas claves para empezar:
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Empezar por un fondo de emergencia: Tener de 3 a 6 meses de gastos básicos líquidos.
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Automatizar inversiones: Como hacen los ricos, no esperar a “tener plata” para invertir, sino hacerlo con constancia.
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No sobreinvertir en ladrillos: Si ya se tiene una propiedad, quizás es momento de mirar hacia otros horizontes antes de sumar otra.
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Pensar en ingresos pasivos: No solo el valor de reventa, sino qué genera cada activo mes a mes. Las acciones que pagan dividendos son una excelente fuente de ingreso adicional.
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Buscar asesoramiento: Un buen plan financiero adaptado a cada perfil puede marcar la diferencia entre ahorrar y multiplicar el capital.
A diferencia del mercado inmobiliario, donde los precios se mueven lentamente y no hay una cotización diaria, en la Bolsa la volatilidad es visible minuto a minuto. Y es justamente eso lo que desalienta a muchos pequeños inversores. Pero quienes logran vencer esa ansiedad, mantenerse firmes ante las subas y bajas, y seguir un plan de largo plazo, suelen tener resultados muy superiores.
Invertir en acciones no es solo para millonarios. Es una herramienta poderosa y accesible, pero que demanda educación, visión y, sobre todo, constancia.
La clase media argentina podría estar encerrada en una lógica de inversión que le impide crecer. El ladrillo seguirá siendo parte de la cultura financiera local, pero si el objetivo es generar riqueza sostenible, es hora de mirar también hacia el mercado de capitales.
*Matías, Daghero, asesor financiero.





