El economista Jorge Ingaramo hizo una advertencia tajante: la crisis económica global en curso no es una simple sacudida financiera ni una corrección de mercado. Según su análisis, se trata de una crisis profunda, estructural, que tendrá dos consecuencias seguras: inflación y recesión a nivel mundial. El detonante, asegura, no está en los bancos ni en los virus, sino en las decisiones políticas del presidente estadounidense Donald Trump, que vuelve a escena con una batería de aranceles que podrían reconfigurar el comercio global.
“La diferencia con la crisis del ‘30 o con la pandemia del Covid es que esta está causada directamente por una política. No es una burbuja ni un microbio. Es Trump. Es un acto de provocación deliberada”, asegura Ingaramo en diálogo con Punto a Punto.
Una política de “Imperio Romano”
Para el economista, la política arancelaria de Trump se asemeja más a una estrategia imperial que a una decisión racional de política económica. “Es como si dijera: voy con los soldados, te pongo los tributos que quiero y te saco los minerales que quiero. Así actuaba el Imperio Romano. Y eso no tiene ningún sentido hoy”, sostiene.
Ingaramo cuestiona el sustento técnico de los aranceles impuestos, y pone en duda incluso los datos utilizados por la administración republicana para justificar la medida. “Se dijo que la Unión Europea aplica un 39% de arancel promedio a productos estadounidenses, pero eso es incomprobable. El promedio debe rondar el 10%. Se están usando argumentos falsos para decisiones que van a tener consecuencias gravísimas”.

El trasfondo de esta política, según su visión, no es comercial sino financiero. “Trump necesita que baje la tasa de interés en EE.UU. para refinanciar un billón de dólares que vence ahora. Para eso necesita debilitar el dólar. ¿Y cómo se logra eso? Generando inflación. ¿Cómo se genera inflación? Subiendo aranceles, para que aumenten los precios internos”, explica.
Estados Unidos en tensión… y el mundo también
La estrategia ya está generando tensión dentro del propio Estados Unidos. “Este fin de semana hubo protestas de consumidores en varios estados. La suba de precios es evidente y va a golpear fuerte al bolsillo”, indica Ingaramo, quien también menciona que la Reserva Federal, a través de Jerome Powell, ya anticipó que no bajará la tasa de interés por el impacto inflacionario que se avecina.

El efecto dominó global es inevitable. Para Ingaramo, esta vez no hay una receta multilateral que pueda calmar las aguas: “¿La OMC? Prácticamente está pintada. Esto no se resuelve por ahí. Estamos en un mundo donde el multilateralismo está quebrado”.
La respuesta de Europa y el giro del mercado
En este contexto de alta tensión comercial, la Unión Europea ofreció a Estados Unidos eliminar por completo los aranceles sobre productos industriales y avanzar hacia un acuerdo comercial más amplio. A su vez, China respondió con aranceles espejo del 84% a productos estadounidenses, intensificando el conflicto. Para algunos analistas, estas respuestas marcan el inicio de una reacción coordinada de los principales afectados por la política arancelaria de EE.UU., que podría abrir una nueva etapa de negociaciones globales.
¿Y Argentina? El escenario que se abre para la Argentina es de máxima complejidad. Argentina decidió abrirse comercialmente al mundo, pero justo ahora el mundo se está cerrando….
En este contexto, Ingaramo es escéptico respecto de cualquier intento del gobierno argentino de obtener beneficios o acuerdos preferenciales. “El presidente argentino es amigo de Trump, sí, pero eso no garantiza nada. Ni siquiera lo atendieron cuando viajó a Estado Unidos. ¿Alguien cree que vamos a conseguir un trato especial? No lo veo”.

Sobre las negociaciones bilaterales que propone Estados Unidos –basadas en el intercambio de productos por concesiones normativas en temas como patentes o semillas–, Ingaramo es contundente: “No vamos a poder cumplir con las exigencias. No tiene sentido discutir eso si ni siquiera tenemos capacidad de implementar lo que nos piden”.
Además, recuerda que desde organismos como el BID y el Departamento de Estado ya hubo presiones explícitas para que Argentina se distancie de China. “Nos piden que seamos independientes y que paguemos el swap chino de 18 mil millones. Todo eso tensiona aún más nuestra ya delicada situación externa”.
FMI, aranceles y tipo de cambio: combo explosivo
El vínculo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) tampoco da señales de calma. “Tenemos una deuda de 43 mil millones de dólares que ni siquiera empezamos a pagar, y ahora hablamos de facilidades extendidas. Es raro, aunque tiene lógica extender los plazos porque no podemos pagar”, reconoce.
En el plano cambiario, Ingaramo advierte que los impactos de la crisis global ya se sienten en la economía argentina. “Tenemos un problema de múltiples tipos de cambio. Los exportadores van a liquidar menos, los importadores se desesperan por conseguir el dólar oficial. La brecha cambiaria se amplía. Esto se va a complicar aún más”.
Empresas exportadoras como Aluar (aluminio) y Ternium (acero), que tienen una fuerte presencia en el mercado estadounidense, ya sienten el impacto: sus productos deberán pagar aranceles del 25% para ingresar a EE.UU.
Sobre los granos, si bien una eventual devaluación del dólar podría favorecer los precios internacionales, la situación local impide capitalizar ese beneficio. “Con la distorsión cambiaria que tenemos, los productores no saben a qué dólar vender. Y si China compra menos, aunque siga necesitando proteínas, va a mirar a Brasil más que a nosotros”, remarca.
“Una crisis inédita”
Consultado sobre el desenlace de este proceso, Ingaramo se sincera: “No tengo la menor idea de cómo va a terminar. No me la imagino, porque nunca hubo algo así. Es una crisis nueva, provocada por un jugador que cambió las reglas del juego”.
Lo que sí anticipa es que no habrá demasiado tiempo para especulaciones. “Esto no va a durar meses. En días vamos a necesitar alguna respuesta, porque las consecuencias son inmediatas”. Como cierre, lanza una crítica al discurso oficial que relativiza la gravedad de los aranceles: “Decir, como dice Adorni, que los aranceles no son proteccionistas… eso ya da risa. ¿Cómo no van a serlo? Si esa es su función principal. Es como negar que el agua moja”.





