Por Norman Berra. El ajuste económico también se hizo sentir en las vacaciones de verano. Distintos relevamientos coinciden en que creció la proporción de argentinos que este año no pudo viajar y se consolidó un patrón cada vez más segmentado: vacacionar se volvió una posibilidad concentrada en los sectores de mayores ingresos.
A fines de diciembre, la consultora Delfos midió en todo el país la intención de viajar durante la temporada estival. La suma de quienes respondieron “seguramente sí” y “probablemente sí” cayó tres puntos porcentuales interanuales: pasó de 33% a 30%. El dato anticipaba un verano atravesado por la continuidad del ajuste en el segundo año de gobierno de Javier Milei.
El descenso fue más marcado en determinados segmentos. Entre los jóvenes y adultos de 18 a 49 años, la intención de viajar retrocedió cinco puntos (de 35% a 30%). También cayó cinco puntos entre quienes tienen menor nivel de estudios (de 31% a 26%), variable que suele utilizarse como “proxy” del nivel socioeconómico. El deterioro fue, así, más profundo en los sectores medios y bajos, en línea con la pérdida de poder adquisitivo en un contexto de ajuste.
Los datos efectivos de enero confirmaron esa tendencia. Según la última encuesta nacional de Pulso Research, el porcentaje de personas que no se tomó vacaciones trepó de 77,2% en enero de 2025 a 83,1% en enero de 2026: casi seis puntos más en un año. En paralelo, quienes sí vacacionaron bajaron de 16,1% a 11,5%, una caída de 4,6 puntos porcentuales.

La segmentación por nivel socioeconómico es contundente. Solo en el NSE alto se observa una incidencia significativa de viajes por vacaciones: casi 28%, más del doble que en el nivel medio y más de cuatro veces que en el nivel bajo. El verano 2026, según estos datos, profundizó la brecha entre quienes pueden viajar y quienes quedaron al margen.
Un relevamiento de Trends, también realizado en enero, mostró un panorama algo menos negativo, aunque igualmente restrictivo. Allí, 37% afirmó que salió de vacaciones (11%) o que planea hacerlo más adelante (26%), frente a un 63% que no lo hará. Ese 37% se ubica en un orden de magnitud similar al 40,7% obtenido por La Libertad Avanza en las elecciones de octubre pasado, una comparación que el propio informe señala como estadísticamente no significativa si se considera el margen de error.

El malestar con los costos también aparece como un factor central. El 53% considera que vacacionar en Argentina es caro y no lo vale; si se suman quienes opinan que es caro pero lo vale, el acumulado alcanza 69%. Solo un 31% cree que el precio es barato para lo que se ofrece o que “vale lo que cuesta”.
En esa misma línea, el 59% sostiene que vacacionar en el país resulta más caro que viajar al exterior. El dato dialoga con el debate sobre el atraso cambiario y con el crecimiento del turismo emisivo en los últimos meses, en contraste con un turismo interno más débil. Incluso, la discusión se amplificó tras la decisión oficial de discontinuar algunas mediciones sectoriales, como las Encuestas de Turismo Internacional (ETI) y de Ocupación Hotelera (EOH).
El promedio de las mediciones realizadas en enero arroja un resultado elocuente: 73% de los argentinos no tuvo chances de tomarse vacaciones este verano. Es decir, casi tres de cada cuatro. En contraste, apenas un 24,2% estaría en condiciones de viajar, aproximadamente un cuarto de la población.
Los informes sectoriales preliminares describen una temporada fragmentada: estadías más cortas, decisiones tomadas a último momento, gastos restringidos y selectivos. Si bien los niveles de ocupación serían similares a los de 2025, se ubican por debajo de los registrados en 2023, antes del cambio de signo político en el gobierno nacional.
En paralelo, las agencias dedicadas al turismo emisivo registraron un aumento de la demanda, en línea con la percepción de que el exterior resulta relativamente más accesible. El verano 2026 dejó, así, una postal marcada por el ajuste: menos viajes, mayor desigualdad en el acceso al descanso y una economía doméstica todavía en tensión.





