La inflación de diciembre de 2025 fue del 2,26% y el año cerró con una suba acumulada del 31,4%, el nivel más bajo de los últimos años. Sin embargo, la desaceleración de los precios no se tradujo en una mejora sustancial de las condiciones de vida: más de la mitad de los hogares cordobeses no logró cubrir la Canasta Básica Alimentaria y el endeudamiento para comprar alimentos se volvió una práctica extendida.
Así lo señala el Informe Económico y Social de diciembre 2025, elaborado por el Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (IETSE), que advierte que el ajuste inflacionario convivió con una fuerte caída del consumo y del poder adquisitivo.
“La inflación mensual promedio de 2025 fue de 2,3%, mientras que la inflación anual alcanzó el 31,4%”, indica el documento, que remarca que se trata de “una desaceleración significativa respecto de años anteriores”, cuando el índice interanual había sido del 211,4% en 2023 y del 117,8% en 2024.
Alimentos, el principal factor de presión
Durante diciembre, el rubro con mayor impacto inflacionario volvió a ser Alimentos y Bebidas sin Alcohol, con un incremento del 2,8%, impulsado principalmente por el fuerte aumento del precio de la carne vacuna, que trepó un 9% en el mes.
También incidieron en el resultado mensual los ajustes en tarifas y transporte, junto con subas en restaurantes, hoteles, indumentaria y calzado, según detalla el informe.
En este contexto, el valor de la Canasta Básica Total (CBT) —que marca la línea de pobreza— se ubicó en $1.674.780 para un hogar tipo de cuatro integrantes, mientras que la Canasta Básica Alimentaria (CBA) —línea de indigencia— alcanzó los $904.039.

Más de la mitad de los hogares no cubrió la canasta alimentaria
Las Encuestas de Hogares del IETSE, realizadas sobre 2.500 casos efectivos en toda la provincia de Córdoba, muestran un escenario social todavía crítico.
“El 55,7% de los hogares no logró cubrir la Canasta Básica Alimentaria”, señala el informe. Entre quienes sí lo hicieron, el 70,5% necesitó asistencia estatal, como AUH, Tarjeta Alimentar u otros programas.
Si bien en diciembre se observó una leve mejora respecto de noviembre, explicada en gran parte por el cobro del aguinaldo, los indicadores de seguridad alimentaria continúan en niveles preocupantes:
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El 51,1% de los hogares eliminó alguna comida diaria, principalmente la cena.
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El 30,6% reportó haber sentido hambre y no haber podido comer.
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El 20,3% tuvo que pedir comida o dinero para alimentarse.
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El 10,8% registró casos de ayuno forzado o consumo de una sola comida diaria.

La alimentación, sostenida con deuda
Uno de los datos más alarmantes del relevamiento es el nivel de financiamiento al que recurren las familias para acceder a los alimentos básicos.
“El 87,7% de los hogares financió la compra de alimentos con tarjeta de crédito, fiado o dinero prestado, y solo el 11,3% pudo hacerlo sin financiamiento”, advierte el IETSE.
Para el instituto, este fenómeno refleja “una profundización de la vulnerabilidad estructural”, ya que la alimentación cotidiana se sostiene cada vez más sobre endeudamiento y asistencia pública.
Consumo en caída y salarios rezagados
En paralelo, el informe da cuenta de un deterioro sostenido del consumo. En diciembre de 2025, las ventas minoristas cayeron un 8,4% interanual en volumen, aunque con una leve mejora respecto de noviembre. En el acumulado anual, la contracción fue del 21,3% frente a 2024.
“La inflación por encima de los aumentos salariales afectó de manera severa el poder adquisitivo y restringió fuertemente la capacidad de consumo”, señala el documento





