Por Eduardo Bocco. Rodrigo de Loredo y Luis Juez atraviesan el peor momento de la sociedad política que armaron en 2021, cuando ganaron con la fusta bajo el brazo la elección legislativa. Hoy, la situación es absolutamente diferente ya que la tensión, las chicanas y los cuestionamientos velados salen a la luz y complican una convivencia que prácticamente no existe. En la actualidad no tienen casi nada en común y si se diera una ruptura, no sorprendería ni al más despistado.
Ninguno de los dos renuncia a su candidatura a gobernador. Si se presentan liderando boletas separadas habrá un solo ganador: Martín Llaryora, quien verá facilitado su camino a la reelección como gobernador.
Algunos referentes del radicalismo creen que en algún momento primará la cordura y habrá algún tipo de acuerdo político, aunque nada permite vislumbrar que los contendientes modifiquen su postura. Es cierto que para la elección de gobernador faltan poco más de dos años, ya que se especula con que Llaryora convoque a votar en marzo de 2027. Sin embargo, a veces sólo falta abrir y cerrar los ojos para ver cómo el tiempo avanza velozmente y se devora todo lo que se cruza en el camino.

La imagen de Juez y De Loredo sentados en la primera fila de la Asamblea Legislativa celebrada en Deán Funes fue casi patética. Ambos ubicados en los extremos con un contacto más que distante… La fórmula del fernet y la amistad que ambos se profesaban quedó virtualmente aniquilada.
Para peor, los legisladores que se encontraban en el medio de ambos, formando una especie de jamón del sándwich, se mofaban y tiraban chistes que estuvieron cerca de hacerles perder la calma a los referentes opositores. A la segunda o tercera broma de algunos legisladores nacionales, los destinatarios de las mismas decidieron no escuchar más y se enfrascaron en sus teléfonos celulares mientras aguardaban el mensaje del gobernador.
“Divide y reinarás”
¿Por qué decimos que el gran ganador de estas desavenencias es Llaryora? Sencillamente porque aquel viejo dicho aplicable a la política que dice “divide y reinarás”, en este caso cae como un traje a medida.
Con un radicalismo en el que se observa a De Loredo pugnando por ser gobernador y con un Juez respaldado por el Frente Cívico tratando de impedirlo y llevar agua a su molino, la oposición se debilita y el peronismo se ve fortalecido, si no se produce ningún acontecimiento que tumbe las pretensiones cordobesistas.
Por eso es que aparecen las conjeturas razonables o mal pensadas que indican que el principal fogonero para que continúe caliente la interna -que por ahora es sórdida- será el propio jefe del Centro Cívico. Él irá a la carrera con el motor de su auto en perfectas condiciones y sus contrincantes tendrán severos problemas para arrancar primero y para sostener la marcha después. Están perdiendo aceite.

Aquí hay un solo camino para llegar a una solución salomónica que por ahora no se ve en quienes quieren desplazar al justicialismo del poder: que alguno de los dos deponga actitudes, cosa que por el momento no se aprecia.
La única diferencia a favor de Juez en estos momentos es que tiene a todo el Frente Cívico abroquelado. Él y sus amigos son dueños absolutos de las decisiones que se adoptan en esa fuerza. En el radicalismo pasa todo lo contrario: la interna es feroz y Ramón Mestre, Carlos Becerra y Fernando Motoya, entre otros, tratan de impedir el avance del jefe de bloque de diputados nacionales de la UCR.
Una pelea para seguir de cerca porque podría traer aparejados sucesos impensados. Por el momento, Juez le tira una anchoa en el desierto a De Loredo, quien trata de ser candidato a diputado nacional. Los amigos del senador se limitan a decir que el radical “haga lo que quiera”, mientras que por lo bajo afirman que no moverán un dedo en la campaña.





